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La pregunta más frecuente

Cómo ayudar a otras personas a conocer profundamente la Biblia

Por Paulo Rabello 10 de octubre de 2021

El estudio de la Biblia, y cómo hacerlo, debe ser resultado de intensa oración (Foto: Shutterstock)

La historia se repite cada periodo de vacaciones. No importa la ciudad, el estado o la región: la pregunta es básicamente la misma. Lo que me llamó la atención esta vez fue que la pregunta ahora vino del otro lado del mundo. Un amigo, también pastor, que vive en un país de Oceanía, me pidió encontrarnos ‘on-line’ para conversar.

El desafío que estaba ante él era qué tema bíblico estudiar con un amigo de origen árabe. Eso incluye no solo cuestiones culturales, sino principalmente religiosas. El amigo árabe se acercó al pastor y le pidió ayuda, demostrando interés en asuntos espirituales. Quería conocer más sobre la Biblia y del Dios que allí se presenta. Sin titubear, el pastor se puso a disposición y decidieron, entonces, que se encontrarían la siguiente semana, para iniciar la conversación.

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Fue en este punto que entré en la historia. Poco después de su encuentro con el árabe, el pastor, muy entusiasmado, virtualmente me contó cómo su amigo se había acercado a las Escrituras y cómo ahora estaba interesado. Sin embargo, el pastor no estaba muy seguro por dónde comenzar.

“Paulo”, me dijo, “ya has estado en Medio Oriente hace más de seis años. ¿Qué debo hacer, qué libros, materiales, estudios bíblicos me recomiendas? No me siento seguro en qué dirección avanzar y no quiero perder esta oportunidad”.

Incorporada a su honesta duda está implícita la pregunta que más recibimos al volver cuando salimos para nuestras vacaciones: “¿Cómo es hacer misión con los musulmanes? ¿Qué dicen, cómo funciona? Cuéntennos, por favor”.

Esta es la mayor curiosidad y pregunta recurrente por las iglesias por donde pasamos. Con la curiosidad, percibo implícito en esa pregunta un fuerte deseo misionero de aprendizaje, como si sus interlocutores buscaran un perfeccionamiento en su forma de cumplir la gran comisión donde se encuentran.

Vidas diferentes, historias diferentes

Sin embargo, para ser muy honesto, mi respuesta no siempre es lo que se desea oír. Eso se debe a que cuando el tema es la misión, las cosas no son tan exactas como la matemática. Eso me recuerda la confusión de Nicodemo cuando Jesús dijo: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va […]” (Juan 3:8).

Las cosas espirituales deben discernirse espiritualmente. Y desde el punto de vista humano, muchas veces, aparentemente no tienen sentido. O por lo menos no obedecen el limitado padrón metodológico desarrollado por los mortales. Dios va más allá, mucho más allá de nuestra capacidad que puede hacer que sus caminos sean rígidos para poder llevar a las personas a la restauración y salvación de sus hijos.

Lo que quiero decir es que en ese periodo de vivencias en el campo misionero y en viajes a otros países de minoría cristiana he sido testigo de las más diversas historias de conversión. Verdaderos milagros. Y prácticamente ninguna historia se asemeja a otra como metodología misionera.

Conocí personas que soñaron con Jesús o tuvieron visiones siendo convertidas, mientras que otras fueron alcanzadas a través de la lectura y el estudio del propio Corán. Una parte fue convertida a través de debates apologéticos y preguntas. Otras, a través de estudios bíblicos convencionales. En fin, de todo un poco. Lo que me llevó a entender, de hecho, que los caminos de Dios son más altos que los nuestros (Isaías 55:8-10). En su omnipotencia y omnisciencia, él está dispuesto a ir hasta el extremo para buscar a las monedas, a las ovejas y a los hijos perdidos.

Confianza en la dirección divina

Lo que le dije a mi amigo pastor fue exactamente eso: no existe una fórmula mágica cuando se trata de la misión y el evangelismo, solo algunos principios esenciales. Voy a ello: la metodología elegida es siempre secundaria y depende mucho de la persona que está interesada. Si yo estuviera en el lugar de él, en primer lugar, trataría de enfocarme en mi amigo. Orar mucho por él y entonces construir una relación sólida para, entonces, a través de una conversación franca y honesta, descubrir dónde se encuentra en su caminar espiritual y lo que desea saber.

Identificar sus expectativas, dudas y miedos es fundamental antes de comenzar cualquier misión con otra persona o familia. A partir de ese punto, y con mucha dependencia del Espíritu Santo para darle sabiduría y sensibilidad, usted puede comenzar a conducirlo para conocer más de las Escrituras y, consecuentemente, el plan de Dios para su vida.

De manera lenta y gradual, partiendo de lo conocido hacia lo desconocido, atento y sensible a la comunicación, siempre tomando la precaución de usar un lenguaje que la persona entienda, ayudarla a desarrollar una visión bíblica del mundo y del gran conflicto. Así, paso a paso, estará apta para elegir de qué lado desea estar cuando resuene la trompeta y Jesús aparezca en las nubes del cielo.


Paulo Rabello es pastor y hoy actúa en el Medio Oriente.

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