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Más allá de la sonrisa: cómo encontrar la verdadera felicidad

¿Cómo ser feliz incluso en las dificultades? Descubre cómo la gratitud, la fe y la confianza en Dios influyen en la verdadera felicidad.


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La verdadera felicidad se encuentra en la conexión, la fe y en la gratitud por los pequeños momentos. (Foto: Karol Lazo)

En un mundo donde la felicidad suele asociarse con momentos agradables o circunstancias favorables, algunas personas han descubierto que la verdadera alegría va más allá de una sonrisa o de lo que muestran las redes sociales. Y no se trata de una receta mágica o una fórmula casi imposible, sino de una elección de vida. ¿Conoces a alguien que parece no tener problemas porque siempre está feliz o sonriendo? ¿Te has preguntado cuál es su secreto?

Carlos Pereira es una de esas personas. Él trabaja en el área de mantenimiento general y como parte de sus funciones recorre varias áreas de la institución durante el día. Es por eso que la mayoría de los funcionarios lo conocen, pero sobre todo lo recuerdan porque siempre pasa con una sonrisa y un saludo cargado de energía.

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Carolina Berríos, conocida como Carito, llegó hace menos de un año a la misma institución y ya es conocida por sonreír incluso en momentos que parecen complicados y saludar con mucho cariño a quienes se cruzan por su camino. Ella comenta que siempre fue una persona alegre, pero que esa actitud aumentó después de enfrentar momentos difíciles.

Cuando la felicidad no depende de las circunstancias

Carlos y Carito también han enfrentado momentos difíciles y situaciones dolorosas. Sin embargo, encontraron la fuente de la verdadera felicidad. ¿Cómo consiguen mantener esa actitud alegre y encontrar felicidad?

Carlos cuenta que fue inevitable pasar por un periodo de tristeza cuando perdió a sus padres, pero que recordar que cada nuevo día es una oportunidad que Dios le da y que Él camina a su lado, poco a poco le devolvió la sonrisa. “Y cuando sonrío, sonrío como para Jesús. Tal vez eso también contagie a los demás. Por eso, cuando me preguntan: ¿cómo estás?, respondo: ¡estoy mejor de lo que merezco!", afirma con convicción.

Carito, por su parte, sufrió la pérdida de un bebé, lo que la sumergió en una profunda tristeza. Ella cuenta que sonreía solo para que su familia estuviera tranquila, pero lloraba todas las noches. Hasta que una noche su esposo la descubrió y solo la abrazó y oró por ella. Al día siguiente, despertó sintiendo gozo sincero de nuevo. “Sentí el valor, el valor de lo que es ser feliz, pero de adentro, no sólo de afuera”, enfatiza.

La felicidad que nace de la fe

Más adelante, tuvo que enfrentarse a un cáncer de mama, pero ya sabía cómo hacer para no perder su alegría. “Porque la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, esa paz es la que va a guardar nuestros pensamientos en Cristo Jesús. Y una de mis oraciones diarias es pedirle al Señor que me ayude a poder reflejar a Jesús, a través de mi sonrisa y alegría”, señala.

Historias como las de Carlos y Carito reflejan que la sonrisa no siempre es una máscara, sino que puede ser el resultado de una fe profunda, de resiliencia y de una decisión diaria de confiar en Dios. Pero ¿qué es realmente la felicidad? ¿Cómo se puede cultivar en medio de los desafíos?

Para responder a estas preguntas, la Agencia Adventista Sudamericana de Noticias (ASN) conversó con la docente de la Universidad Adventista de Bolivia, Grelte Del Pozo, magíster en Psicología Educativa con énfasis en Desarrollo Humano y en Ciencias de la Familia con énfasis en Terapia Familiar, quien explica cómo la gratitud, la fe y la confianza en Dios influyen en una felicidad más profunda y duradera.

La diferencia entre placer momentáneo y felicidad duradera

En un mundo donde muchas personas asocian la felicidad con el éxito o las circunstancias externas, ¿cómo entender realmente qué es la verdadera felicidad?

Una de las grandes confusiones de nuestro tiempo es llamar felicidad a lo que en realidad es placer, comodidad o éxito momentáneo. Todo eso es bueno, pero también es inestable porque depende de circunstancias. La verdadera felicidad no depende solo de lo que me pasa, sino de cómo vivo, qué sentido tiene mi vida y en quién está afirmado mi corazón.

Desde la psicología, sabemos que el bienestar profundo se relaciona con vínculos sanos –con la familia, los vecinos- con propósitos, con la esperanza y la coherencia interior.

Desde la fe cristiana, diría que la verdadera felicidad no está en tener más, sino en vivir en Cristo. Cuando la identidad se basa en el amor de Dios, la alegría deja de depender de las circunstancias y se vuelve más firme. La Biblia lo expresa como “gozo” o “bienaventuranza” para referirse a un estilo de vida donde a pesar de las circunstancias podemos descansar en un gozo que es producido por la paz que Dios nos da.

El poder de la gratitud para el bienestar emocional

Desde la psicología, ¿qué papel juega la gratitud en el bienestar emocional y en la sensación de felicidad?

La gratitud cumple un papel muy importante porque educa la mirada. No elimina el dolor, pero evita que toda la atención quede atrapada en la carencia, la comparación o la frustración. Una persona agradecida aprende a reconocer bienes reales, personas valiosas, oportunidades y señales de cuidado aun en etapas complejas. Eso fortalece el bienestar emocional, mejora los vínculos y reduce la sensación de vacío.

La evidencia muestra que las intervenciones basadas en gratitud se asocian con mejor salud mental, más emociones positivas y menos síntomas de ansiedad y depresión. Filomena, la mujer más longeva del Perú (Huancavelica), cuando se le preguntó en dónde radicaba el secreto de la vida larga, contestó sin titubear: comida saludable y gozar de todas las cosas buenas que me rodean. Las malas las tiro para atrás.

Enfoque positivo sin ignorar la realidad

¿Cómo aprender a enfocarse más en lo positivo sin ignorar o negar los problemas que también forman parte de la vida?

Lo primero es entender que enfocarse en lo positivo no significa fingir que todo está bien. Una mirada madura reconoce el dolor, le pone nombre y lo procesa, pero decide no quedarse únicamente allí. En términos sencillos, no se trata de negar la herida, sino de no convertirla en el centro absoluto de la vida.

El salmista David lo declaró con toda claridad en el Salmo 23:4: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo…” Allí radica el por qué un hijo de Dios no sucumbe y entra en desesperación ante las adversidades. Él saber que su pastor va a su lado crea la diferencia.

Herramientas emocionales para la felicidad

Para quienes atraviesan momentos de dolor, pérdida o enfermedad, ¿cómo recuperar la esperanza y la alegría?

Primero, permitirse sentir. El dolor que no se reconoce suele volverse más pesado. Llorar, hablar, pedir ayuda y aceptar compañía son pasos sanos, no señales de debilidad.

Segundo, cuidar lo básico: descanso, alimentación, rutina, contacto humano y momentos de silencio. Prestarle atención al silencio es muy importante porque, así como en la partitura el silencio precede a una música majestuosa.

Tercero, apoyarse en vínculos confiables, porque nadie sana bien en aislamiento, no es vergonzoso la búsqueda de un profesional o un buen amigo.

Cuarto, sostener pequeñas prácticas de esperanza: una oración honesta, un diario de gratitud, leer la Biblia, agradecer un gesto concreto de amor. Buscar apoyo profesional cuando es necesario. La alegría, en estos procesos, no reaparece de golpe. A veces vuelve como paz, luego como alivio y después como una nueva capacidad de disfrutar la vida.

Fe y confianza en Dios: la base de una felicidad estable

¿De qué manera la fe y la confianza en Dios pueden contribuir a desarrollar una felicidad más profunda y estable?

La fe aporta algo que ninguna circunstancia externa puede garantizar: sentido, pertenencia, consuelo y esperanza. Quien confía en Dios no queda libre del sufrimiento -Dios no nos ha prometido solo días soleados, pero sí la seguridad de que Él camina a nuestro lado en los días oscuros. Eso hace la diferencia. En la perspectiva cristiana, la verdadera felicidad no es ausencia de problemas, sino presencia de Dios en medio de ellos.

Según el doctor Mario Pereyra, pionero en Psicología Positiva y de la esperanza, esta no es una ilusión vacía, sino una confianza con fundamento. Sus estudios, como el desarrollo del TED y TED-R, incluyen la “esperanza trascendente”, vinculada a la confianza en las promesas de Dios y al bienestar. Así, la esperanza nos ayuda a gozar de las bendiciones del futuro aun cuando estas no hayan sucedido todavía.

Prácticas diarias para cultivar la felicidad

¿Qué prácticas sencillas recomienda para cultivar diariamente una actitud de alegría y gratitud?

Recomendaría prácticas pequeñas, pero constantes. Empezar el día con una oración breve. Leer un pasaje bíblico y preguntarse qué revela sobre el carácter de Dios.

Anotar tres motivos concretos de gratitud, no ideas abstractas, como, por ejemplo, a mí me gusta mucho despertar y contemplar a mi esposo que duerme a mi lado, entonces agradezco por él. Me gusta agradecer también porque en las mañanas no me despiertan alarmas que me hacen sobre saltar, sino el canto de los pajaritos.

Otra forma práctica que podemos cultivar a diario es el de expresar afecto y reconocimiento a los miembros de nuestra familia. Reducir la comparación con otros, que suele robar paz. Hacer algún acto sencillo de servicio. Estar en contacto con la naturaleza. Cosas que llenan nuestro corazón de gratitud y producen paz y gozo. 

Una felicidad que se vive cada día

Al final del día, repasar dónde se vio la bondad de Dios. La alegría duradera casi nunca nace de grandes eventos, sino de una vida cotidiana vivida con sentido, fe y gratitud.

Finalmente creo que la verdadera felicidad no consiste en que todo salga como yo espero, sino en vivir sostenida por la certeza de que Cristo está presente, guía mi vida y da sentido aun a los días difíciles. Desde allí, la gratitud, la esperanza y la alegría dejan de ser emociones pasajeras y se convierten en una manera de vivir.


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