Joven misionero reafirma su fe en la promesa bíblica: “Dios cuidará de mí”
Con una vida marcada por desafíos y, aun en medio del luto, el joven misionero decidió seguir adelante con su propósito.

A los 15 años, en medio de la rutina escolar y la curiosidad propia de la adolescencia, Daken Pereira Carpio escuchó por primera vez algo que marcaría su destino, jóvenes hablando con pasión sobre compartir el evangelio.
Fue en un programa GTeen del Ministerio del Adolescente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) Central Puerto A, al que asistió invitado por sus amigos del colegio, donde la semilla silenciosa que lo convertiría en un joven misionero comenzó a germinar en su corazón.
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Con el paso del tiempo, aquella experiencia no fue olvidada. A los 17 años, entregó su vida a Dios mediante el bautismo. Sin embargo, su camino no estuvo libre de desafíos: sus padres tomaron rumbos distintos —su madre en Perú y su padre en Brasil— y, aunque no compartían su fe, respetaron su decisión de seguir a Dios. Desde pequeño aprendió a vivir entre ausencias, pero también a sostenerse en la fe.

Resiliencia y fe
Al cumplir los 18 años, la vida le exigió madurar más rápido de lo esperado. Su madre le pidió independizarse y así comenzó una etapa marcada por la responsabilidad y la perseverancia.
Estudió la carrera técnica de Diseño Gráfico, trabajó como colportor en la Misión Sur Oriental del Perú —sede administrativa de la Iglesia Adventista en Cusco y Puerto Maldonado— y encontró en la iglesia una familia que lo acompañó y fortaleció su fe.
Lejos de apartarse, cada dificultad avivó aún más su compromiso con la misión. Hoy, sueña con estudiar Teología y servir como pastor, entregando su vida completamente a Dios.

Una decisión admirable
Actualmente, Daken decidió dar un paso más e inscribirse en el proyecto Un Año en Misión (OYIM, por sus siglas en inglés). Junto a otros 52 voluntarios, fue capacitado en comunión y misión por la Unión Peruana del Sur (sede administrativa de la Iglesia Adventista para el sur peruano).
Sin embargo, en medio de ese proceso, recibió una noticia devastadora: su padre había fallecido en Brasil. El dolor fue inevitable. Aun así, su fe fue más fuerte que la pérdida.
Daken decidió no detenerse y reafirmó su compromiso: llevar esperanza a otros, formar jóvenes líderes y ser para muchos lo que otros fueron para él.

Hoy, su vida avanza sostenida por la promesa escrita en Salmos 3:3: “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza”.
Su historia recuerda que cuando todo parece faltar, la fe permanece; cuando el dolor golpea, Dios sigue siendo refugio. “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Dios me cuidará” (Salmos 27:10).
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