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Joven con problema mental reconoce que su esperanza es Jesús

Siete años estuvo internado en un manicomio, y aún así reconoce que su esperanza es Jesús.

5 de agosto de 2014
Claudio del lado izquierdo junto a Fernando, el colportor.

Claudio del lado izquierdo junto a Fernando, el colportor.

Libertador San Martín, Argentina… [ASN] El 26 de julio, la Iglesia Adventista en Sudamérica recordó al Ministerio del Colportaje como una labor abnegada con resultados eternos. Catalogado por muchos como la escuela de la vida, el colportor que al golpear una puerta o tocar el timbre de una casa, no sólo busca cubrir sus gastos personales, sino llevar esperanza por medio de material impreso, genera una serie de testimonios impactantes y uno de los testimonios es el de Fernando Díaz.

“Conocí a Claudio el invierno del año pasado. Junto a Eliana Kogut visitábamos a las familias de un barrio de Coronel Suarez y Carhué, provincia de Buenos Aires; por segundo invierno consecutivo. En una de las casas nos atendió un señor que nos trató mal. Le dijimos que queríamos hablar de salud y nos contestó que no le interesaba, pero que fuéramos a ver a su hijo que estaba loco y necesitaba ayuda. Cuando terminó de decirnos eso, salió su hijo de una casita al fondo del terreno. Se notaba en mal estado, borracho y drogado. Comenzamos a charlar con él y en seguida le contamos que queríamos hablarle de esperanza, a lo que él respondió: “Yo ya tengo esperanza en alguien. Mi esperanza es Jesús”.

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Fernando continúa expresando: “Obviamente que nosotros nos sorprendimos. Le preguntamos si asistía a alguna iglesia, a lo que respondió que antes había sido Adventista del Séptimo Día. Para que le creyésemos, nos dio la dirección exacta del templo de su localidad”.

En seguida los colportores lo abrazaron. Habían encontrado a un hermano con otros rumbos, “oramos, y llegaron a rodar algunas lágrimas de alegría. Le mostramos el libro: Vida de Jesús. Le recordamos lo que Dios había hecho en favor de él y lo invitamos a asistir a la iglesia, al día siguiente. Allí estuvo, Claudio, de traje, temprano, para alabar a Dios”, cuenta el colportor.

Los estudiantes perdieron el contacto con Claudio; ya que las vacaciones terminaron y debían regresar a la Universidad Adventista del Plata, donde cursan estudios superiores.

Sin embargo, unas semanas más tarde, Fernando volvió a Coronel Suárez y encontró a Claudio en la iglesia nuevamente.

Claudio, luego de dejar la Iglesia Adventista, estuvo internado siete años en un manicomio. Le dieron de alta, pero continúa con medicación. “Dios nunca abandona a sus hijos, los busca y los llama desde el lugar donde se encuentran sin importar cuál sea su situación. Y la historia de Claudio lo confirma”, cuenta Fernando.

Resultados del colportaje

Los colportores de Pigüé tienen a su cargo tres personas para estudiar la Biblia, y los de Coronel Suárez cuatro interesados más.

Dato
En la ciudad de Carhué no hay templo adventista, pero se conformó un Grupo Pequeño en la casa que los colportores alquilan. Es más, la propietaria de la casa se interesó en los temas que los jóvenes trataban y, hace dos semanas, aceptó la verdad de la Biblia. [Equipo ASN, Oscar González]

 

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