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Fe más allá del diagnóstico

Lo que sucede cuando todo escapa de nuestros planes, pero no del control de Dios.


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La fe en Dios de Clara fue probada antes de su matrimonio
Entre una habitación de hospital y un vestido de novia hubo lágrimas, fe, silencio y muchas oraciones. (Foto: Natalia Padovani y Guilherme Soares)

Después de un año y medio sirviendo como misionera en Tailandia, sentí que había llegado el momento de regresar a Brasil. Pero volver no significaba poner en pausa la misión. Dios me estaba llamando a vivir un nuevo capítulo: realizar mi ceremonia de matrimonio y, entonces, regresar al campo misionero con mi familia.

La fecha ya estaba definida y todo marchaba bien para la celebración. Los proveedores estaban confirmados, los familiares viajaban al lugar y los amigos estaban listos para celebrar. Pero fue justamente esa semana cuando, de manera repentina, enfermé.

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El “no” antes del milagro

Sin un diagnóstico, los médicos me internaron y me realizaban exámenes constantes en busca de respuestas. Los síntomas apuntaban a escenarios complejos, pero ningún profesional sabía exactamente qué tenía, ni podían darme el alta sin estar seguros de lo que estaba ocurriendo. Las noches se volvieron largas y estuvieron rodeadas de dudas. Dos días antes de la ceremonia, la fiesta tuvo que ser cancelada, porque yo no me encontraba bien.

Durante los días que estuve internada en el hospital, sé que fue la mano de Dios la que me sostuvo. (Foto: Archivo personal)

En aquel momento, mientras permanecía apática ante las circunstancias, recordé que nada estaba bajo mi control, pero sabía que Dios tenía en sus manos todo lo que yo necesitaba. El tiempo de misión en Tailandia me había enseñado eso. Ante todo lo que Él había hecho en otros momentos de mi vida, guardé silencio y confié.

Respuesta inesperada

A la mañana siguiente, contrariando todas las expectativas, recibí el alta médica. Corrí a casa, todavía sin comprender aquel milagro. Retomamos el contacto con todos los proveedores porque, sí, la boda iba a realizarse. Celebré junto a las personas que tanto amo y di inicio al proyecto que Dios había diseñado para mí: una familia.

Todos los invitados se emocionaron y pudieron ser testigos de un verdadero culto de alabanza y gratitud a Dios. Salimos de allí confiando en que, aunque necesitábamos respuestas, Dios ya nos había dado un regalo incomparable.

A pesar de las pruebas durante la semana de la boda, mi fe fue puesta a prueba y, una vez más, reaprendí a confiar y depender de Dios. (Foto: Natalia Padovani y Guilherme Soares)

Los siguientes días estuvieron marcados por nuevas internaciones, consultas, exámenes y muchas preguntas, pero siempre me mantuve confiada en que Dios estaba haciendo lo mejor. Algún tiempo después, descubrimos que se trataba de una enfermedad autoinmune que atacaba mis plaquetas y glóbulos rojos.

Nueva etapa

Hoy todavía me encuentro en la fase final del tratamiento, pero sin ningún síntoma. Dios demostró una vez más que las tormentas pueden llegar en los momentos menos esperados, pero que Él seguirá allí para obrar grandes milagros.

Cada uno de estos acontecimientos me hizo estar más convencida de mi deseo de servir a Cristo diariamente. Aún no hemos salido de Brasil, pero estamos sirviendo, como familia, en el lugar donde nos encontramos. Esa es la mejor manera de honrar Su obra en nosotros.


Clara Silveira es periodista graduada por el Centro Universitario Adventista de São Paulo (UNASP) y magíster en Divulgación Científica y Cultural por la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp). Actualmente trabaja en Hope Channel International, continuando su carrera misionera mediante el trabajo de comunicación para la Iglesia Adventista del Séptimo Día, además de desempeñarse como profesora universitaria para la nueva generación de comunicadores. Actualmente vive en Salvador, Bahía.