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¿Esperas el regreso de Cristo con la misma pasión que muchos esperan el Mundial?

Mientras millones se entusiasman por el Mundial, la Biblia señala un final lleno de esperanza que trasciende cualquier trofeo.


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Mundial y el regreso de Cristo
Mientras el mundo espera la final del Mundial, millones de cristianos esperan el reencuentro con Cristo. (Imagen generada con IA)

Cada cuatro años, el mundo parece detenerse por un momento. Este 2026, el Mundial vuelve a captar la atención de millones de personas. Este año, la competencia será la más grande de la historia, con 48 selecciones y 104 partidos disputados en Estados Unidos, México y Canadá.

Las conversaciones giran en torno a los resultados, los favoritos, las sorpresas y las figuras del torneo. En las oficinas, los colegios, el transporte público y las redes sociales, el Mundial se ha convertido en el tema del momento. Incluso para quienes su selección no llegó al torneo o no son aficionados al fútbol, la fiebre del mundial los alcanza de alguna manera.  

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El fútbol despierta emoción, entusiasmo y devoción, pero ¿esa pasión es mala? No sentir esa misma pasión para estar más cerca de Dios lo es. Y porque hay lecciones que aprender de todo en la vida, ¿qué enseñanzas se pueden obtener del Mundial?

Detrás de cada partido hay años de preparación. Ningún jugador llega a un Mundial por casualidad. Piensa en los jugadores más mencionados de los últimos mundiales, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, ¿cuándo comenzaron? Empezaron a entrenar desde la infancia, dedicando miles de horas para mejorar sus habilidades. Y por supuesto que el talento es importante, pero no suficiente. La disciplina, el compromiso y la pasión, entre otras cualidades, también son necesarias.

La Biblia utiliza una comparación similar al hablar de la vida espiritual. El apóstol Pablo escribió: “¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan” (1 Corintios 9:24).

Pablo no estaba promoviendo una competencia entre creyentes. Sino que, destacaba la importancia de vivir con propósito y compromiso. Así como un deportista se prepara para alcanzar una meta, el cristiano es llamado a cultivar diariamente su relación con Dios.

Ahora piensa por un momento. Muchas personas se levantan de madrugada para ver jugar a su selección. Otras reorganizan su agenda para no perderse un partido importante aunque no sea de su selección. La pasión por lo que aman los lleva naturalmente a invertir tiempo, esfuerzo y atención.

¿Te imaginas que ocurriría si esa misma determinación y pasión se aplicara a la vida espiritual? Jesús mismo enseñó: “Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:33). Por eso, entrena la disciplina para buscar a Dios todos los días, el compromiso para estudiar la Biblia a profundidad y la pasión para compartir el mensaje de salvación con otros.

Porque el cristiano no solo se prepara para el encuentro con Cristo; también comparte esperanza con quienes lo rodean. Antes de ascender al cielo, Jesús dejó una misión clara: “Por tanto, vayan y hagan discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19). Con ese objetivo en mente, comienza a invertir tiempo en desarrollar tus talentos para ponerlos al servicio de la misión.

Así como millones de aficionados esperan con entusiasmo el inicio de cada Mundial, los cristianos esperan el acontecimiento más importante de la historia: el regreso de Jesús. “Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá cuando menos lo esperen” (Mateo 24:44).

Y esa preparación no comienza cuando Jesús regrese; comienza hoy. La Biblia afirma: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). Conocer a Dios, caminar con Él y permitir que transforme nuestro carácter forma parte de la preparación para el encuentro final.

La diferencia entre un Mundial y la vida cristiana es que el primero dura apenas unas semanas. Incluso el equipo campeón algún día dejará de ser campeón. Habrá un nuevo torneo, nuevos jugadores y un nuevo ganador.

En cambio, la promesa de Dios trasciende el tiempo. “Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Y esa es la gran meta del cristiano: la vida eterna junto a Cristo.

Entonces, ¿cuánto deberías esforzarte en tu preparación para ese encuentro final que tiene consecuencias eternas? Ningún trofeo se compara con la promesa que Dios ha preparado para quienes permanecen fieles hasta el final.


Karol Lazo es periodista y trabaja en la Asesoría de Comunicación de la sede Sudamericana Adventista.

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