“El que tiene la última palabra es Dios, y en eso confiamos”: La fe de una familia pastoral venciendo a los desafíos
Quince años de servicio, un diagnóstico difícil y una fe que no se apaga. Un relato real sobre cómo la fe sostiene, sana y renueva a quienes no se rinden.

En una casa humilde de Lima, el pequeño Gerson Gerardo Vera Rivas solía reunir a sus hermanos para jugar a ser pastor. No sabía que aquel juego infantil, inspirado por su abuelo, un anciano de iglesia con espíritu misionero; era en realidad, un adelanto del propósito que Dios tenía para su vida. A los nueve años, una maestra lo invitó a predicar en el programa “La voz del menor”; aquel día, sintió el llamado; sin embargo, la adolescencia lo alejó del camino espiritual. Su amada madre, parte del ministerio de oración de la iglesia, no dejó de interceder por él ningún día, y años después, en un campamento juvenil al que asistió poco motivado, fue en donde escuchó el mensaje que tocó su corazón y lo hizo volver al Señor.

Con el tiempo, Gerson se formó como licenciado en Teología y se convirtió en pastor. Inició su ministerio en el distrito misionero Jesús María "A" (IASD Av.Brasil), y desde entonces, en 15 años de servicio, ha recorrido más de 10 distritos misioneros, donde ha guiado iglesias y compartido mensajes de esperanza. A menudo repite una frase que resume su vida: “Dios nunca nos deja; Él muestra su amor y misericordia en todo momento”. Pero el amor de Dios lo vería aún más de cerca, cuando su fe sería probada de una forma que jamás imaginó.
Amor a prueba de fuego
En la Iglesia Adventista del Séptimo Día "Av. Brasil" conoció a Marlene, una joven de espíritu firme, nacida en la región San Martín. Ella había llegado a Lima para estudiar ingeniería de sistemas y trabajó en distintos rubros, entre ellos, la Embajada de Estados Unidos en Perú; pero al mismo tiempo, servía activamente en la iglesia en diversos departamentos: Ministerio de la Mujer, Comunicaciones, Dorcas, etc. Hasta que su camino se cruzó con el de su amado Gerson, y se casaron en el año 2013, decididos a evangelizar juntos. Su vida transcurría entre sermones, visitas pastorales y proyectos misioneros, pero los primeros síntomas aparecieron: desmayos, mareos, fatiga; luego de varios exámenes, se reveló un diagnóstico devastador: un tumor cerebral amenazaba la vida de Marlene.


El pronóstico médico no era nada alentador y la cirugía representaba un riesgo altísimo. Entre lágrimas, pero con mucha fe en la voluntad de Dios, Marlene firmó los documentos quirúrgicos mientras su esposo le tomaba la mano y le decía con confianza absoluta: “Los médicos ya dijeron lo que está en sus manos, pero la última palabra la tiene Dios”. Después de tres operaciones, se observó la victoria; y contra toda probabilidad, Marlene volvió a moverse, hablar y sonreír. Aunque hoy vive con algunas secuelas, como la pérdida de audición, parálisis facial y dificultades emocionales; ella sigue acompañando a su esposo en el ministerio, segura de que su vida fue preservada para un propósito mayor.
Mirada en el cielo
Hoy, el pastor Gerson y la hermana Marlene continúan su labor pastoral, actualmente en el Distrito Misionero "El Agustino B" (Asociación Peruana Central - APC), testificando de manera presencial y virtual en donde sean llamados, predicando la palabra de Dios y apoyando a las iglesias. En su hogar, junto a su inseparable mascota “Copito”, agradecen cada nuevo día. Han aprendido que la fe no es ausencia de dolor, sino confianza en medio de él; y su historia inspira a otros matrimonios y líderes a no rendirse, a creer que en medio de las pruebas Dios sigue obrando.

Los versículos de la Biblia los inspira, uno de ellos es Isaías 41:10, resume su testimonio: “No temas, porque yo estoy contigo”, y con esa convicción siguen adelante, es el ancla que sostiene su fe. Hoy sueñan con llegar al cielo y animan a los demás: “Aférrense a Dios, porque incluso en el dolor Él tiene la última palabra. Peleen la buena batalla de la fe, y nunca pierdan el foco: servir a Dios siempre valdrá la pena.”