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El Bus Misionero: un viaje que llevó a los niños a Jesús

La maestra Marisol comenzó a reunir a un pequeño grupo de niños para cantar, estudiar y orar. A pie los llevaba hasta la iglesia más cercana, hasta que Dios proveyó un milagro: un bus ofrecido por un hermano que se convirtió en el “Bus Misionero”


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Grupo Pequeño "Los Peques", de la Iglesia Mercedario de la ciudad de El Alto, Bolivia, aprendiendo de la Palabra de Dios en el "Bus Misionero". (Foto: Comunicación UB).

En medio de la pandemia, cuando las iglesias cerraron sus puertas y los niños quedaron sin un espacio para adorar a Dios, nació una historia de fe y esperanza.

Un pequeño grupo de niños, bajo la guía de la maestra Marisol Terán, se reunía de manera virtual para cantar, estudiar la Biblia y orar. Sin embargo, cuando algunas iglesias comenzaron a reabrir, la iglesia Jardín del Edén cerró definitivamente, dejando a los pequeños sin un lugar de adoración.

Fue entonces cuando Marisol, con amor y dedicación, comenzó a recogerlos desde la zona Juan Pablo II y, a pie, los llevaba hasta la iglesia Mercedario. Casa por casa, sumaba a siete niños en el camino. A veces los más pequeños iban cargados en mantas, porque no podían caminar. El trayecto era largo y cansador, pero la alegría de verlos llegar a la iglesia lo hacía todo valioso.

Pr. Eber Nunes, Líder de Escuela Sabática de la DSA, entrevistando a Marisol Terán, líder del Grupo Pequeño "Los Peques". (Foto: Live - Adventistas Sudamérica)
Providencia de Dios

Dios, en su providencia, abrió una puerta inesperada. El hermano Ramiro Tapia, conductor de un micro, ofreció su vehículo como ministerio para transportar a los niños cada sábado. Así nació lo que hoy se conoce como el "Bus Misionero".

Ese bus se convirtió en mucho más que un medio de transporte: fue un aula, un templo en movimiento, un espacio de sueños y oraciones. Allí los niños cantaban, estudiaban, jugaban y, poco a poco, iban conociendo el amor de Jesús.

Mientras la iglesia se construía, el Bus Misionero sirvió incluso como salón de clases. Allí se realizaban concursos bíblicos, estudios de la Fe de Jesús y programas de Escuela Sabática.

Pero lo más hermoso es que esta historia no terminó allí. La maestra y los niños decidieron organizar un Grupo Pequeño, al que llamaron con cariño “Los PEQUES”. Hoy, cada domingo, este grupo sigue reuniéndose para orar, estudiar la Biblia y fortalecer su amistad con Jesús.

El fruto no tardó en llegar. Varios de esos niños decidieron entregar sus vidas a Cristo en el bautismo. En total, más de 25 adolescentes llegaron a las aguas bautismales, y con el tiempo se formó un club de Conquistadores con más de 30 jóvenes.

Bautismos, fruto del Bus Misionero

Entre tantas vidas transformadas, un nombre resuena con fuerza: Juan Pablo Gutiérrez, uno de los jóvenes que decidió bautizarse gracias a la influencia de este ministerio. Su decisión es una evidencia clara de que la semilla sembrada nunca fue en vano. Juan Pablo se bautizó en el Concilio Quinquenal de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Sudamérica, el 07 de noviembre de esta gestión.

Bautismo de Juan Pablo en el Concilio Quinquenal de la Iglesia Adventista en Sudamérica. (Foto: Live - Adventistas Sudamérica)

El Bus Misionero no es solo un vehículo. Es el símbolo de una fe viva, de un amor que no se rinde y de una iglesia que decidió invertir en la niñez. Cada kilómetro recorrido, cada canto entonado y cada niño transportado son parte de una historia escrita en el cielo.

Hoy, el eco de esa misión sigue vivo porque mientras los PEQUES se reúnan cada semana, el mensaje de esperanza seguirá creciendo y extendiéndose hasta la eternidad.

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