El accidente que cambió mi vida
Mientras luchaba por sobrevivir, las oraciones de mi madre, de mi familia y de toda una iglesia estaban escribiendo un nuevo comienzo para mí.

Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que antes del accidente estaba muy lejos del propósito que Dios tenía para mi vida. Vivía buscando diversión. Me gustaban las fiestas, las discotecas, cantar con mis amigos, tomar los fines de semana y sentir la adrenalina de conducir motocicletas a gran velocidad. Pensaba que era feliz. Pero había alguien que nunca dejó de luchar por mí: Graciela, mi mamá.
Ella, junto con mi hermana y mi cuñado, me hablaban constantemente de Dios. Me pedían que dejara ese estilo de vida porque temían que algún día ocurriera una tragedia. Recuerdo una conversación en la que todos terminamos llorando. Sus palabras tocaron mi corazón, pero todavía no estaba dispuesto a entregarle completamente mi vida al Señor.
Lea también:
Mientras trabajaba ayudando en una copiadora, mi rutina era siempre la misma: salir del trabajo y reunirme con quienes creía mis amigos. Mi gran pasión eran las motos. Compraba, arreglaba y vendía motocicletas. La última que adquirí fue gracias a un préstamo, aunque mi mamá me pidió que no la comprara.
Era una moto hermosa... y también la más peligrosa para alguien que disfrutaba correr. Nunca imaginé que ese vehículo cambiaría mi historia.
Antes del accidente
En mi tibieza espiritual, un sábado asistí a la iglesia por la mañana. En la tarde salí con unos amigos y regresé temprano. Al día siguiente quise llevar a mi mamá al mercado en mi moto, pero ella prefirió no subir porque sabía que manejaba demasiado rápido.
Más tarde, viajamos con varios amigos rumbo a Malacatos (Provincia de Loja, Ecuador) para asistir a una fiesta. Antes de llegar ocurrió lo inesperado. La moto comenzó a perder estabilidad. El amigo que iba conmigo decidió lanzarse antes del impacto.
Yo creí controlar la situación, pero en una curva apareció un automóvil de frente. Salí disparado. Mi casco no estaba bien asegurado y golpeé violentamente contra la carretera. No recuerdo nada más.
Las oraciones que me sostuvieron
Mi corazón dejó de latir dos veces. Los paramédicos lograron reanimarme en ambas ocasiones mientras era trasladado de emergencia al hospital. Cuando mi mamá recibió la noticia del accidente, comenzó otra batalla: la batalla de la oración.
Ingresé a la Unidad de Cuidados Intensivos en estado crítico. Permanecí aproximadamente dieciocho días en coma, conectado a un respirador y con pocas esperanzas de sobrevivir. Los médicos hicieron todo lo posible, pero mi familia hizo algo aún más poderoso: oró sin descansar. Mi familia no dejó de interceder por mí un solo día. Tampoco lo hizo mi iglesia.
Miembros adventistas, muchos de ellos que apenas conocía, organizaron cadenas de oración, visitaron a mi familia, realizaron actividades para ayudarnos con los gastos médicos y estuvieron presentes cuando más los necesitábamos. En medio del dolor descubrí que la iglesia es una verdadera familia.
Poco a poco comencé a reaccionar. Primero moví una mano. Después un pie. Más tarde regresé a casa para iniciar una recuperación que parecía imposible. Durante meses no pude hablar, reaprendí a comer, a caminar. Fueron ocho largos meses hasta que pudieron retirarme el botón gástrico y el tubo para respirar.
La fe transformó mi complicada recuperación
Pensé que lo peor había pasado, pero todavía quedaban nuevas pruebas. Debía reconstruirse parte de mi cráneo. Tres cirugías fracasaron por diferentes complicaciones. Para el cuarto intento, recuerdo que un pastor oró junto al médico antes de entrar al quirófano. Aquella operación finalmente fue un éxito. Para mí fue otra respuesta clara de Dios.
Tiempo después aparecieron unas crisis muy difíciles de explicar. Sentía una ansiedad intensa, desesperación y el miedo constante de volver a morir, como si reviviera el accidente una y otra vez. Llegué a sufrir esas crisis varias veces durante una misma noche.
En esos momentos comprendí que ya no podía confiar únicamente en mis fuerzas. Comencé a buscar a Dios cada día. Estudiaba la Biblia, repasaba la lección de la Escuela Sabática (guía de estudio especializada), leía los escritos de Elena G. de White y oraba con una sinceridad que nunca antes había experimentado. Una noche, de rodillas, le pedí al Señor que guiara la mente del médico. Al día siguiente ajustaron mi tratamiento. Con el medicamento adecuado las crisis comenzaron a desaparecer.
Después de más de un año, los médicos confirmaron que padecía un tipo de epilepsia provocado por el traumatismo del accidente.
Una nueva vida con propósito


Hoy sigo en recuperación, pero también puedo decir que he nacido de nuevo. Decidí rebautizarme porque entendí que Dios no solo salvó mi vida; también transformó mi corazón. El joven que buscaba emociones en el mundo quedó atrás.
Ahora sirvo cantando en la iglesia, apoyo a los jóvenes, participo en los grupos pequeños, visito personas y comparto mi testimonio donde Dios me abre una puerta. Quiero que otros sepan que nunca es tarde para volver a Cristo. Si hoy estoy vivo, no es solo gracias al trabajo de los médicos. Estoy convencido de que las oraciones fueron el instrumento que Dios utilizó para sostenerme cuando ya no podía hacerlo por mí mismo.
Dios nunca me abandonó
En el amor incansable de mi mamá descubrí un reflejo del amor de Dios. En el cuidado de mi familia comprendí que el Señor nunca abandona a sus hijos. Y en la oración intercesora entendí que, incluso cuando uno no tiene fuerzas para hablar con Dios, siempre hay alguien que puede hacerlo por nosotros.
Mi accidente casi terminó con mi vida. Pero, en realidad, fue el comienzo de una vida completamente nueva junto a Cristo.
Elías Jaramillo es miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Ecuador. Vive en la provincia de Loja, al sur del Ecuador. El dedica su vida al servicio de Dios, participando en el ministerio de música, apoyando a jóvenes, promoviendo los grupos pequeños y compartiendo su testimonio como evidencia del poder de la oración intercesora y de la gracia de Cristo.
También puedes recibir este y otros contenidos directamente en tu dispositivo. Inscríbete en nuestro canal en Telegram o WhatsApp.
¿Quieres conocer más sobre la Biblia o estudiarla con alguien? Haz clic aquí y comienza ahora mismo.