Cuando donar sangre transforma más de una vida
Relatos de quienes recibieron sangre, de donantes frecuentes y de quienes movilizan a otros revelan el alcance de un gesto que salva vidas.

Pocas personas despiertan pensando que, ese mismo día, la generosidad de otros será decisiva para que continúen con vida. Pero eso fue exactamente lo que le ocurrió a Tathiane Mendes.
En diciembre de 2018, se sometió a una cirugía para la extracción de miomas. Durante el procedimiento, el equipo médico descubrió que la situación era más compleja de lo que los exámenes habían indicado. La pérdida de sangre agravó el cuadro y exigió una rápida movilización.
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Días antes de la operación, por insistencia de su madre, Tathiane había preparado una lista de posibles donantes. En ese momento, pensaba que difícilmente tendría que utilizarla. Sin embargo, aquella decisión resultó fundamental.
Tan pronto como familiares y amigos supieron de la complicación, varios de ellos se organizaron para donar sangre. “Las donaciones no solo salvaron mi vida, sino que también ayudaron a preservar mi útero, manteniendo viva la posibilidad de un futuro embarazo. Estoy profundamente agradecida con cada persona que me tendió la mano en un momento tan delicado”, recuerda.
Tathiane también era donante, y esa experiencia fortaleció una convicción que ya tenía antes de la cirugía. “Donar sangre es una manera genuina de ayudar al prójimo, de ofrecer esperanza y, muchas veces, de salvar vidas”, afirma.


Una acción que se convirtió en misión
Historias como la de Tathiane muestran la importancia de la donación para quienes la reciben. Otras revelan el compromiso de quienes han hecho de este gesto parte de su rutina.
Carlos Pinho de Souza realizó su primera donación en abril de 1997. En ese entonces, el abuelo de sus hijos había sido diagnosticado con cáncer de intestino y necesitaba someterse a una cirugía.

Para ayudar, reunió a algunos amigos y participó en una campaña de donación organizada para atender la necesidad de la familia. Lo que comenzó como una acción puntual se transformó en un compromiso para toda la vida. A lo largo de los años, Carlos ha realizado cerca de 60 donaciones de sangre.
“Después de conocer el proyecto Vida por Vidas (una iniciativa de la Iglesia Adventista que promueve la donación voluntaria de sangre), comencé a donar regularmente cuatro veces al año. También animé a mi hijo, a mi esposa y a mis amigos a convertirse en donantes”, cuenta.
Además, actualmente coordina la iniciativa en su iglesia local y trabaja para movilizar nuevos voluntarios en Manaos, Brasil. Para Carlos, la motivación para seguir donando está relacionada con el deseo de ayudar a otras personas.


“Como cristiano, entiendo que Jesús dio su sangre por mí. Por eso, tengo la misión de contribuir a aliviar el sufrimiento de mi prójimo. Poder ayudar a las personas es lo que me motiva a seguir donando”, destaca.
Motivando a una comunidad
Proyectos como Vida por Vidas demuestran cómo las acciones organizadas pueden fomentar la donación voluntaria de sangre y movilizar a las personas en favor de quienes lo necesitan. Pero ¿qué ocurre cuando una iniciativa así aún no existe en el lugar donde se vive?
Elismar de Oliveira comenzó a involucrarse en campañas de donación hace más de una década. Cuando llegó a São Miguel do Guaporé, en el estado brasileño de Rondônia, se dio cuenta de que aún no existían acciones organizadas para incentivar la donación de sangre. Entonces decidió buscar alternativas para cambiar esa realidad.

Al principio, enfrentaron grandes desafíos. Además de la falta de información, existían temores y dudas sobre la donación. Como la ciudad no cuenta con un hemocentro, las campañas debían organizarse en alianza con equipos de colecta externa.
Aun así, el trabajo fue creciendo. Las primeras campañas reunían entre 30 y 40 bolsas de sangre. Con el paso de los años, la movilización se fortaleció y llegó a alcanzar 270 bolsas en una sola jornada de colecta externa, una cifra considerada récord en el estado de Rondônia.
Para Elismar, el resultado demuestra cómo la fe también puede vivirse a través del servicio a la comunidad. “Vida por Vidas nos enseñó que la misión va más allá de las cuatro paredes de la iglesia y alcanza a la comunidad por medio del amor en acción”, comenta.


El valor del ejemplo
A lo largo de los años, el trabajo de Elismar ayudó a crear una cultura de donación en la región e inspiró a personas como Aline Freitas a convertirse en donantes.
A pesar de su miedo a las agujas y de la dificultad que tenía para lidiar con la sangre, decidió participar en una campaña en 2023. Después de aquella primera experiencia, llegó a pensar que no volvería a donar.

Sin embargo, meses después, su madre enfrentó un cuadro grave de anemia y necesitó recibir varias bolsas de sangre. “Fue en ese momento cuando realmente entendí la importancia de la donación. Siempre decía que es mejor ayudar que necesitar ayuda. Hoy estoy completamente segura de eso”, relata.
La experiencia cambió su perspectiva. Actualmente, Aline ya ha realizado otras donaciones y también anima a otras personas a hacer lo mismo.
Vida por Vidas es una iniciativa de la Iglesia Adventista que promueve la donación voluntaria de sangre y la realización de acciones solidarias en favor de la comunidad. Para conocer más sobre el proyecto, ingresa aquí.
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