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Wilson Borba

Wilson Borba

Sola Escritura

Las doctrinas bíblicas explicadas de manera simpe y práctica para la vida cristiana

Santificando el sábado en el camino a Canaán

El sábado como día de adoración fue establecido por Dios con un claro propósito (Foto: Shutterstock).

Según se encuentra en la Santa Biblia, el sábado es citado 40 veces en el pentateuco, de ellas, 14 son en el libro de Éxodo, 20 en Levítico, tres en Números y tres en Deuteronomio. La omisión del sustantivo sábado (shabbath) en el libro de Génesis, no debe ser interpretada como ausencia de la observancia del sábado, pues dos veces en este libro aparece el verbo שָׁבַת shabath, descansó, y es “de esta raíz que se origina el sustantivo para el sábado, una palabra que designa el tiempo a ser reservado para el descanso”.[i]

Génesis indica con quién, y cuándo, se originó la observancia del sábado. “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó [שָׁבַת shabath] el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó [שָׁבַת shabath] de toda la obra que había hecho en la creación”.

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Conforme a lo mencionado registro sagrado en Génesis, el Creador descansó en el séptimo día de la semana de la creación, bendiciéndolo, santificándolo y así, instituyéndolo como día sagrado de reposo. Por lo tanto, en Génesis, el Señor Dios Creador instituye la observancia del sábado en la Tierra, mientras que en el resto de la Escritura él señala la perpetuidad de su día sagrado. Sin embargo, el régimen forzado de la esclavitud en Egipto les impedía a los descendientes de Jacob santificar el sábado.

Como muestra de este contexto, en Éxodo 5:5 ocurre una “terminología sabática” con la presencia del verbo שָׁבַת shabath.[ii]

Este es el mismo verbo usado para describir el descanso de Dios después de la conclusión de la Creación (Génesis 2:2).[iii] Moisés y Aarón intentaron restaurar la observancia del sábado en los días de la esclavitud de Egipto.[iv] Pero Faraón se opuso diciendo: “He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar [שָׁבַת shabath] de sus tareas” (Éxodo 5:5).[v] “Allí sometidos a la opresión y la dura servidumbre, no pudieron observar el sábado de Dios y por su prolongada relación con una nación idólatra confundieron y corrompieron sus creencias”.[vi] Para servir a Dios y observar sus leyes, lo que incluye la guarda del sábado, fue necesario que Israel saliera de Egipto (Éxodo 9:13; 12:31; Salmo 105:38, 43-45).

Cuestión de obediencia

La restauración de la observancia del sábado vino después, en el desierto, rumbo a Canaán, antes de la reunión en el Monte Sinaí, a través de una prueba repetida semanalmente. “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no” (Éxodo 16:4).

Evidentemente, la ley de Dios, de la cual la observancia del sábado es parte, ya existía antes del Sinaí, lo que justificó aquel intencional proceso educativo enfatizado por cuatro citas del sustantivo “sábado” (versículos 23, 25, 26, 29), y cuatro menciones de las palabras “séptimo día” (versículos 26, 27, 29, 30). En la “escuela del desierto”, los “alumnos” podrían aprender a amar y confiar en su Dios bondadoso no solo como Libertador y Sustentador, sino también como Legislador y Señor del sábado. Así, en los primeros cinco días de la semana, el pueblo recogió pan del cielo solamente “según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía” (v. 21), y cuando algunos “dejaron de ello para otro día, crió gusanos, y hedió” (v. 20).

Sin embargo, el sexto día recogieron el doble. “Y él [Moisés] les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió” (v. 23, 24). “El triple milagro del maná -doble cantidad en el sexto día, nada en el séptimo y su conservación durante el sábado, cuando se descomponía en los otros días- fue hecho para impresionarlos con respecto a la santidad del sábado”[vii]

Alianza firmada en la creación

Las palabras dichas por el profeta Moisés “esto es lo que dice el Señor” equivalen a un “Así dijo Jehová” o “la boca de Jehová lo ha hablado” (Isaías 56:1; 58:14). Entonces, las verdades enseñadas por medio de Moisés, de que el “séptimo día” es “el santo sábado del Señor” (v. 23, 26), se constituyen como explícitas pruebas bíblicas de la vigencia de la santidad del sábado, desde su institución en la semana de la creación (Génesis 2:2), y que el verdadero educador en aquella “escuela” era Dios mismo. Pocas semanas después, el pueblo de Israel fue reunido en el monte Sinaí, donde el Señor mismo proclamó y destacó su santo sábado:

“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).

“Así como el árbol fue puesto en medio del jardín del Edén, el sábado fue ubicado en el centro del decálogo”.[viii] En el mandamiento, el fundamento para guardar el sábado explícitamente se remonta al evento de la creación. Su institución no tuvo origen en el Monte Sinaí, y de ningún modo es propiedad de los judíos. Sin embargo, la alianza entre Dios y el pueblo de Israel en el Sinaí incluye un reconocimiento de ambas partes de que Dios era su Creador y Redentor (ver Éxodo 20:1, 11). Entonces, los principios de la verdadera observancia del sábado reflejan gratitud al Dios Creador y Redentor, y no tiene nada que ver con la perversión del legalismo.

Fue Cristo, el Verbo divino, quien por su Palabra efectuó la creación, y descansó en el séptimo día, bendiciéndolo y santificándolo. Él habitó entre nosotros, se declaró el Señor del sábado, y en su santo día se le apareció a Juan (Juan 1:1-3; Génesis 2:1-3; Marcos 2:28; Apocalipsis 1:10). Fue él quien lideró al pueblo en la reforma del sábado en el desierto (1 Corintios 10:3-6). “Era Cristo mismo quien había conducido a los hebreos a través del desierto, y los había alimentado diariamente con el pan del cielo”.[ix]

El Señor limitó todo trabajo de ganarse el pan y ocupaciones seculares a los primeros seis días de la semana: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra”, a fin de congregar a tus hijos en el séptimo día para santo reposo, el culto de adoración y la comunión con él. Así como los israelitas, nosotros también necesitamos aprender que “no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová” (Deuteronomio 8:3; Isaías 56:6-8; Marcos 2:27).

Sin embargo, aliviar el dolor y socorrer a las personas y animales no debería ser considerado transgresión del sábado, pues “Aliviar a los afligidos y consolar a los tristes es un trabajo de amor que realmente honra el santo día de Dios”.[x] Cristo es nuestro mejor ejemplo en socorrer a los que sufren en sábado, mientras que era asiduo a los cultos de adoración en la congregación en su día santo (Mateo 12:5-7; Marcos 3:1-5; Juan 7:24; Lucas 4:16).

Reconocimiento de la soberanía divina

“Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán” (Éxodo 16:35). En el camino, antes de llegar a la Tierra Prometida, Israel pasó por una reforma en la observancia del sábado. El pueblo de Dios en los últimos días es descripto como “los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12). Pero, a semejanza del pueblo de Israel, nosotros, “quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11), e igualmente redimidos por la sangre del Cordero (Apocalipsis 1:5), también necesitamos aprender a respetar y santificar el sábado antes de entrar en la bendita herencia de los salvos. “Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes en mes, y de día de reposo[a] en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová” (Isaías 66:22, 23).

Si fuimos salvos por la gracia de Dios, y transformados en nuevas criaturas, no andaremos más como rebeldes y enemigos de Dios (Romanos 3:24; Juan 3:1-5; 2 Corintios 5:17). En la nueva vida, por amor a él, guardaremos su eterna ley que antes nos condenaba (Romanos 3:31; 1 Juan 2:3, 4; Apocalipsis 14:12). Parece que la pregunta hecha a Moisés también puede aplicarse hoy. “¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?” (Éxodo 16:28).

Tenemos que considerar esto, pues “El Señor ha sido grandemente deshonrado por aquellos que no han guardado el sábado de acuerdo con el mandamiento, en la letra y en el espíritu. El pide una reforma en la observancia del sábado”.[xi]

“Durante toda la semana hemos de recordar el sábado y hacer preparativos para observarlo de acuerdo con el mandamiento”.[xii] “Termínense el viernes los preparativos para el sábado. Cuidad de que toda la ropa esté lista y que se haya cocinado todo lo que debe cocinarse, que se hayan lustrado los zapatos y tomado los baños. Es posible lograr esto. Si lo establecéis como regla, podéis hacerlo. El sábado no debe destinarse a reparar ropas, a cocinar alimentos, a los placeres, o a otra ocupación mundanal. Antes de que se ponga el sol, debe ponerse a un lado todo trabajo secular, y guardarse fuera de la vista todos los periódicos de ese carácter. Padres, explicad a vuestros hijos lo que hacéis y os proponéis, y dejadlos participar en vuestra preparación para guardar el sábado según el mandamiento. Debemos cuidar celosamente las extremidades del sábado. Recordemos que cada momento es tiempo santo y consagrado”.[xiii]

“Hay otra obra que debe recibir atención en el día de preparación. En ese día deben ponerse a un lado todas las divergencias entre hermanos, ora sea en la familia o en la iglesia. Expúlsese del alma toda amargura, ira y malicia”[xiv] En su caminar hacia Canaán, ¿realmente ha honrado a Cristo como su Creador, Redentor y Legislador santificando el sábado, en la letra y en el espíritu, según el mandamiento (Lucas 24:56)?


Referencias

[i] Warren Baker: O dicionário de palavras completo: Antigo Testamento. Chattanooga, TN: AMG Publishers, 2003, c2002, p. 1098. A seguir: Baker. Ver: “Fundamentos bíblicos do sábado do sétimo dia” en: https://noticias.adventistas.org/pt/coluna/wilson-borba/fundamentos-biblicos-do-sabado-do-setimo-dia/

[ii] Kenneth A. Strand, “O Sábado”, Tratado de teologia adventista do sétimo dia, ed. Raoul Dederen, 1ª ed. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, 2011, p. 552. James Strong, Strong’s Exaustive Concordance of the Bible. Peabody, MA: Hendrickson Publishers, ISBN 0-917006-01-1, p. 840.

[iii] Baker, p. 1098.

[iv] White, Elena de, Patriarcas y profetas, 16ª ed. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, 2013, p. 258.

[v] A Bíblia de Jerusalém. São Paulo: Edições Paulinas, 1973. [NT: Para la versión en español se utilizó la versión Reina Valera 1960].

[vi] Elena G. White, El Cristo triunfante, p. 111.

[vii] ____________, La historia de la redención, p. 134.

[viii] ____________, El Cristo triunfante, p. 357.

[ix] _____________, El Deseado de todas las gentes, p. 249.

[x] _____________, El ministerio de la bondad, p. 81.

[xi] _____________, Testimonios selectos, t. 3, p. 19.

[xii] _____________, Eventos finales, p. 78.

[xiii] _____________, Testimonios selectos, t. 3, p. 22.

[xiv] _____________, Ibíd.

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