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Wilson Borba

Wilson Borba

Sola Escritura

Las doctrinas bíblicas explicadas de manera simpe y práctica para la vida cristiana

Fundamentos bíblicos del sábado como séptimo día

El sábado es el memorial de la Creación y recuerda al hombre el cuidado y el amor de Dios (Foto: Shutterstock).

Varios textos bíblicos fundamentan la teología del sábado como séptimo día. En este breve artículo estudiaremos solo dos relacionados a la Creación. El primero es Génesis 2:1-3. “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”.

Como confirma Strand[1], aunque en este texto no aparezca el sustantivo hebreo shabbath (sábado), que significa descanso, dos veces aparece el verbo hebreo shabath, descansó.

La etimología señala solamente el sábado histórico como el séptimo día de la semana de la Creación, en el cual Dios puso una triple distinción:
Él descansó, lo bendijo y lo santificó.

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(a) Al descansar en el séptimo día, Dios proveyó al ser humano un modelo oficial. El Nuevo Testamento confirma que Dios hizo el sábado por causa del hombre (Marcos 2:27). Según Hasel, “Dios estableció el modelo para su creación”.[2] Parece evidente que el hombre, hecho a la imagen de Dios, también debería descansar el día de descanso de su Creador (Génesis 1:27). De acuerdo con ese concepto, LaRondelle afirma que a imago Dei (imagen de Dios) sugiere la imitatio Dei (imitación de Dios).[3]

(b) Aquel que descansó el séptimo día fue el propio Hijo de Dios. “Fue la segunda persona de la eterna Deidad, el Creador mencionado en Génesis 2:1-3 quien estableció el sábado original (Juan 1:1-3, 14; 1 Corintios 8:6; Colosenses 1:16, 17; Hebreos 1:1-2)”.[4] Entonces, el Creador es el mismo Señor del sábado (Marcos 2:28; Apocalipsis 1:10).

(c) Al descansar el sábado, Dios lo estableció como perpetuo día de alegría por la Creación concluida. Pero su reposo no fue por estar “exhausto”, pues el Creador “no se cansa ni se fatiga” (Isaías 40:28). No fue restaurativo, sino conclusivo, y de “satisfacción” por su obra creada[5], porque “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). A propósito, Adán y Eva no estaban cansados al participar del reposo y la alegría del Creador. En su perfección, e inocentes actividades del Edén, no conocían nuestro peculiar cansancio y estrés (2:15). “Pero, después de la caída del hombre, (el séptimo día) proporcionó también el reposo físico necesario” (Génesis 3:17-19).[6] Al descansar el sábado podemos disfrutar de refrigerio físico y mental, y más que eso: podemos “alegrarnos en la creación de Dios, y por actuar como sus mayordomos responsables sobre la creación” (Génesis 1:27-28).[7]

(d) Dios bendijo exclusivamente el séptimo día para un propósito superior (Génesis 2:3). La palabra bendijo es traducción del término hebreo bamkh, usado en Génesis 1:22 y 28, sobre los animales y la humanidad, con la finalidad de que se multipliquen.[8] Implica una bendición divina, activa y permanente.[9] Pero, al bendecir el séptimo día, Dios tenía un propósito espiritual. El hombre necesitaba permanentemente del sábado para mantener comunión y adorar al Creador (Apocalipsis 14:7), “para poder contemplar más de lleno las obras de Dios y meditar en su poder y bondad”.[10]

(e) La acción del Creador de bendecir el séptimo día implica su institución como memorial de la Creación y en bendiciones reservadas a los que lo guardan fielmente (Isaías 56:2-7). “Al descansar el séptimo día, lo bendijo como día de reposo y lo dio a los seres que había creado, para que lo recordaran como el verdadero Dios viviente”.[11]

(f) Dios apartó el sábado exclusivamente para uso santo (Isaías 58:13-14). Este es el tercer aspecto distintivo del séptimo día. El significado más básico del término hebreo qadash (santificar) es separación.[12] El sábado fue santificado para culto y adoración, así como fue la costumbre del Hijo de Dios (Lucas 4:16). Pero, ¿por qué Dios bendijo y santificó solamente el sábado como séptimo día? Es una cuestión enteramente de autoridad divina, y de diferencia más básica entre Dios y los hombres. Él es el Creador y nosotros sus criaturas.

(g) La institución del sábado precede a la entrada del pecado en el mundo. Por lo tanto, en el sábado “No había nada en ella que fuese obscuro o que limitase su observancia a un solo pueblo”.[13] Adán y Eva no eran judíos (Lucas 3:38), estos comenzaron existir miles de años después. La institución del sábado, el séptimo día como día santo de reposo, está presentado en Génesis como un asunto universal y nunca nacional.

(h) Al descansar el séptimo día, bendecirlo y santificarlo, Dios tenía el propósito de entrar en un pacto de amor con Adán y sus descendientes (ver Isaías 56:4-7). Para Karl Barth “la historia del pacto fue realmente establecida en el evento del séptimo día”.[14]

Pacto perpetuo

El segundo texto esencial para fundamentar la teología del sábado es Éxodo 20:8-11: “Acuérdate del día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; pero el sábado es día de reposo del Señor tu Dios; no hagas ningún trabajo en él, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que contienen, y reposó el séptimo día. Por eso, el Señor bendijo el sábado y lo declaró santo” (RVR 2000). A continuación, algunos aspectos referentes al cuarto mandamiento.

(1) Dios destacó este mandamiento, colocando el sábado en el centro de su pacto, los Diez Mandamientos, y después, dentro del Arca del Pacto (Deuteronomio 4:13; Éxodo 31:18; 1 Reyes 8:9; 2 Crónicas 5:10).

(2) El cuarto mandamiento es el único que identifica al Señor como Creador del cielo y la tierra. La conexión de Éxodo 20:8-11 con Génesis 2:1-3 también deja claro que la observancia del santo sábado no surgió en el Sinaí. Allá Dios reafirmó el deber de todo hombre (Eclesiastés 12:13; Génesis 26:5). En efecto, los que obedecen a Dios y guardan el sábado también reciben la bendición del patriarca Jacob (Isaías 58:13-14). “Y al observar el sábado, manifestamos que reconocemos a Dios como el Ser vivo, el Creador de los cielos y la tierra”.[15] No es por casualidad que el mundo está tomado por la “idolatría, el ateísmo y la incredulidad”.[16]

(3) “El séptimo día es el sábado del Señor tu Dios”. Bondadosamente, Dios confirmó lo obvio en el Sinaí. El séptimo día de la semana, en el tiempo de Moisés, era el mismo santo sábado del Señor desde la Creación. Como alguien dijo, “no existe un sábado fuera del séptimo día, y ningún séptimo día fuera del sábado”. Dios relacionó en el mandamiento aspectos comunes del hombre: tu trabajo, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, tu animal. Pero note la declaración: “Pero el séptimo día es el sábado del Señor tu Dios”. En Isaías 58:13 también se ordenó al hombre que retire su pie del sábado, por ser el “día santo del Señor”. El Creador además reivindica ser el Señor del sábado (ver Lucas 6:5). “Dios ha santificado el séptimo día. Esa porción específica de tiempo puesta aparte por Dios mismo para el culto religioso, continúa siendo tan sagrada hoy como cuando fue santificada por primera vez por nuestro Creador”.[17]

(4) El Señor ordenó al hombre que recordara y santificara el sábado como séptimo día. Eso requiere unión con Dios, “Pero a fin de santificar el sábado, los hombres mismos deben ser santos. Por la fe, deben llegar a ser partícipes de la justicia de Cristo”.[18] Entonces, el sábado es una señal distintiva de que el Creador nos santifica y que él es nuestro Dios (Ezequiel 20:12, 20).

Evidentemente, la orden de acordarnos también implica la obvia existencia del santo sábado antes del Sinaí (ver Éxodo 16:1-36).

Al final, ¿cómo podría alguno recordar algo que no existía? Otra implicación obvia consecuente de la orden divina de recordar es que el ciclo semanal no se había perdido desde el Edén al Sinaí. De lo contrario, nadie habría podido guardar el verdadero día de descanso. En realidad, los días de la semana de la Creación fueron siete “períodos de tiempo de 24 horas, literales, históricos, continuos, y contiguos”[19], así como en la semana de los días de Moisés y de Cristo (Lucas 4:16; 23:54-56). Al final, ¿por qué razón santificar un día de 24 horas como memorial de una creación que supuestamente ocurrió durante millones de años?

(5) La observancia del cuarto mandamiento requiere la abstinencia de actividades seculares en las horas sagradas del día del sábado. La orden: “No harás ningún trabajo en él” se extiende también a los hijos, empleados, animales y al “extranjero que está dentro de tus puertas”. El motivo es el mismo presentado en Génesis 2:1-3: “Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que contienen, y reposó el séptimo día. Por eso, el Señor bendijo el sábado y lo declaró santo” (RVR 2000).

El ángel de Apocalipsis 14:6 y 7 invita a todo el mundo a adorar: “Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. Dios no olvidó su sábado como séptimo día. Que nosotros hagamos lo mismo para su gloria (versículo 6).


Referencias:

[1]Kenneth A. Strand, “O Sábado” em Tratado de teologia adventista do sétimo dia, editado por Raoul Dederen, 1ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2011), 551. A seguir: Strand.

[2]Gerhard Hasel “El Sábado en el Pentateuco”, editado por Strand em El sábado en las Escrituras y en la historia, 8. A seguir: Hasel.

[3]Hans K. Larondelle, Nosso Criador Redentor: Introdução à teologia bíblica da aliança, 1ª ed. (Engenheiro Coelho, SP: Unaspress, 2016), 8.

[4]Questões sobre doutrina, 1ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2009), 138.

[5]Roy E. Gingrich, The Book of Genesis (Memphis, TN: Riverside Printing, 1998), 9.

[6]Questões sobre doutrina, 138.

[7]Hasel, 8.

[8]Strand, 551.

[9]Ibíd.

[10]Elena de White, Patriarcas y profetas, (Florida, Bs. As, Asociación Casa Editora Sudamericana,1997), p. 29.

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