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Wellington Barbosa

Wellington Barbosa

Diálogo de líder

Conceptos de liderazgo desde una perspectiva cristiana.

La oración no respondida de Jesús

A veces, la falta de reflexión lleva a actitudes innecesarias y a resultados que no concuerdan con la orientación bíblica (Foto: Shutterstock)

Los evangelios registran varios momentos de oración de Jesús, pero ninguno de ellos se iguala en profundidad y extensión a Juan 17. Esta oración sencilla con los discípulos es una lección de la obra intercesora de Cristo en favor de la humanidad.

Supuestamente, llamada por primera vez “la oración sacerdotal de Jesús” por David Chytraeus, en el siglo XVI, su contenido se divide en tres partes: el Maestro ora por sí mismo (versículos del 1 al 5), por sus discípulos (versículos del 6 al 19) y por todos aquellos que creerían en él (versículos del 20 al 26). Cada punto presentado por él nos desafía a ser hoy la respuesta a su oración.

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En Juan 17:15, Jesús intercede por los discípulos a fin de que estos sean guardados del mal. Él no le pide al Padre que sus seguidores sean quitados del mundo, lo que les garantizaría seguridad absoluta, sino que sean protegidos del mal y, por consecuencia, del maligno.

Luego, en Juan 17:17, Cristo presenta al Padre la voluntad de que sus discípulos sean santificados en la verdad. Ellos deben ser transformados por el conocimiento de las Escrituras.

Por último, en Juan 17:21, Jesús expresa el deseo de que sus discípulos sean uno, así como él y el Padre son uno. Tal unión en amor da evidencia del poder de Dios y la gloria de Cristo, lo que resulta en el crecimiento de la comunidad de fe. Es digno de notar que el pedido de unidad es el único que se repite en la oración (versículo 11), lo que demuestra la seriedad del tema en la perspectiva del Maestro.

En síntesis, el Salvador intercede por protección, santidad y unidad y, de esa manera, esboza un cuadro de lo que esperaba del pueblo, que se llama por su nombre, cumple su misión y espera su venida.

Distanciamiento bíblico

Al enfrentar los pedidos de la oración de Jesús con algunas posturas adoptadas por los cristianos, concluyo que estamos lejos de ser la respuesta ideal. Y, lo que es peor, las personas que nos observan están llegando a la misma conclusión. Si antes el mundo tenía acceso a nuestro contexto solamente por intermedio de la convivencia cercana; en la actualidad, solo basta con ingresar a Internet para ver nuestras fragilidades y defectos.

El ambiente virtual les ha dado a las personas la oportunidad de expresarse de cualquier manera sobre cualquier tema. De esta manera, algunos hermanos en la fe asimilaron esa característica e hicieron de las redes sociales el púlpito para la divulgación de sus ideas. Y ¿qué es lo que se ve? Críticas mordaces a personas e instituciones cristianas, polémicas con relación a aspectos teológicos, juicios irrespetuosos, ofensas mutuas, en fin, una serie de actitudes que no están de acuerdo con lo que se espera de una comunidad guardada del mal, santificada en la Palabra y unida por los lazos fraternos de amor cristiano.

Thomas Brooks fue preciso al afirmar que “No causa asombro que los lobos molesten a las ovejas, sino que una oveja aflija a otra; eso es contrario a la naturaleza”. No estoy a favor de una postura pasiva delante de puntos cuestionables de conducta o doctrina. Sin embargo, la Biblia no respalda el juicio público y virtual que se ha convertido en la práctica de algunos cristianos.

Los problemas relacionados con la comunidad de fe deberían resolverse en su círculo. Esa fue la instrucción de Cristo (Mateo 18:15-20) y de Pablo (1Corintios 6:1).

Luego de condenar el juicio de cuestiones espirituales en la esfera secular, ¿qué diría Pablo sobre la práctica de debatir acerca de los diferentes puntos de vista de la iglesia en el espacio público de Internet? ¡No puedo imaginar esa prueba!

La escritora Elena de White parece haber retratado lo que se ve actualmente en las redes sociales cuando dijo: “Algunos son naturalmente combativos. No les importa si están en armonía con sus hermanos o no. Les gusta entrar en controversia, pelear por sus ideas particulares; pero ellos deberían dejar esto a un lado pues no desarrollan las gracias cristianas. Trabaje con todas sus fuerzas para responder a la oración de Cristo, que sus discípulos sean uno, como él es uno con el Padre” (Mente, carácter y personalidad, v.1, p. 40).

Con corazón de pastor, yo oro: “Señor, ayuda a esta generación a ser la respuesta a tu oración”.

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