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Victor Bejota

Victor Bejota

Repensar

Repensar y aplicar la fe en la vida diária

¿Cómo orar sin ver cómo pasa el tiempo?

La oración es una oportunidad única para acercarse a Dios (Foto: Shutterstock)

Debido a la actual situación del mundo, el número de personas que busca a Dios aumentó significativamente. El Jornal O Vale publicó que “en la pandemia, Google registró un récord de búsquedas de palabras como Dios, fe y oración”.[i]

Otros vehículos de comunicación noticiaron lo mismo. Pero, ¿será que con toda esa búsqueda las personas han encontrado a Dios? La búsqueda de la espiritualidad aumentó, pero, ¿será que se convirtió en una relación real con él?

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Una de las herramientas principales a nuestra disposición para desarrollar una relación con Dios es la oración. Esta es la respiración del alma, es nuestro medio de comunicación con el Eterno. A través de la oración, podemos hablar, escucharlo y profundizar nuestra amistad con él.

La Biblia destaca la importancia de la oración al describir a los profetas en constante comunicación con Dios; a Jesús que oraba varias veces al día, y a los apóstoles, que decidieron entregarse continuamente a la oración (Hechos 6:4). Para esas personas, la oración no era solo un hábito: era su vida, y también debe ser nuestra vida.

Corazón abierto

Por desgracia, la falta de tiempo y de conocimiento sobre la oración le ha impedido a muchos cristianos disfrutar una relación profunda y real con Dios. Así como los discípulos, que pidieron “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1), también necesitamos  ese aprendizaje. Aprender sobre la oración debe ser una búsqueda de todo ser humano que ansía vivir en intimidad con el Señor.

La escritora Elena de White dice que “Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirle. La oración no baja a Dios hacia nosotros, antes bien nos eleva a él” (El camino a Cristo, p. 93).

Nos gusta conversar con los amigos. Decimos lo que sentimos, eso que nos hace bien y lo que no. Contamos cómo está nuestra vida, preguntamos si podemos ayudar en algo. De igual manera, es así cómo Dios quiere relacionarse y conversar con nosotros.

El poder de la oración

En el 2012, conocí al doctor Joseph Kidder, que actualmente es profesor en el Seminario Adventista de la Universidad de Andrews, en los Estados Unidos. En un sermón que predicó sobre el poder de la oración, él enseñó que la oración es mucho más que pedir y agradecer: es relacionarse. Al final, dio consejos sobre cómo orar en siete minutos.

En ese momento, yo estaba buscando una relación más profunda con Dios, pero no sabía cómo desarrollarla. Los consejos del doctor Joseph me ayudaron a tener momentos de oración más profundos y verdaderos. Por eso, voy a compartirlos con usted, pero antes aclaro que esos consejos no son normas.

Así como no necesitamos un guion cuando vamos a conversar con un amigo, la oración tampoco tiene una receta lista. El objetivo de esta guía es mostrar ideas de elementos que pueden ser incluidos en nuestras oraciones para que sean más profundas y auténticas. Son consejos iniciales que después se convertirán en hábitos de oración naturales.

Sugiero que dedique un minuto a cada uno de los elementos de esta oración. Por ejemplo, cuando agradezca, solo agradezca. Cuando pida, solo pida. Existirán situaciones en la oración en que las palabras faltarán, pero no se preocupe.

Permanezca en el momento propuesto. De a poco, recordará más cosas para contarle a Dios. Después de dos o tres oraciones, percibirá que los siete minutos serán poco tiempo.

Vamos a la guía de cómo orar en siete minutos:

  1. Alabanza: Alabar su grandeza, amor y misericordia.

Alabar no es solo cantar. Es adorar, valorar, elogiar, reverenciar. La alabanza siempre tiene a Dios como centro. Alabar a Dios nos recuerda lo grande y poderoso que es él, y lo pequeños que somos nosotros, y cuánto necesitamos su apoyo y ayuda.

  1. Agradecer a Dios: Por la familia, la vida, la salud, las bendiciones grandes y pequeñas.

Mientras que alabar es reconocer quién es Dios, agradecer es reconocer lo que él hace. Agradezca por el día, por la vida, por las bendiciones recibidas, por las bendiciones a su alrededor. La gratitud hace que la admiración y el amor por Dios aumenten y nos ayuda a no olvidarnos de cuán bendecidos somos.

  1. Pedir perdón: por pecados específicos, negligencia a la oración, impaciencia.

La confesión ocurre cuando asumimos un error cometido. Es necesaria para obtener el perdón de Dios. Pídale que le muestre sus fallas y errores que comete a lo largo del día. Después, confiéselos. Ese es el primer paso para la restauración.

  1. Pedir orientación: Por las decisiones, por el día de trabajo, por la vida financiera.

Dios quiere ayudarlo en sus decisiones del día. Cuéntele las cosas buenas y malas que le están pasando. Comparta las decisiones que necesita tomar. Eso lo ayudará a comprender mejor algún detalle sobre la situación que tal vez usted no haya percibido antes.

  1. Interceder: Por los familiares, amigos, desconocidos.

La oración intercesora ocurre cuando usted ora por alguien y pide que Dios bendiga y restaure a esa persona. Potenciará el actuar de Dios en la vida de esa persona y también aumenta en nosotros el amor y la empatía. Cuéntele a Dios sobre las necesidades de sus compañeros de trabajo, vecinos y parientes. Pídale que le muestre cómo ser la respuesta a esa oración y que provea los medios para bendecir y cuidar de esas personas.

  1. Orar por usted mismo: Conversar con Dios sobre sus proyectos personales, sentimientos y sueños.

Puede abrir su corazón a Dios, contarle los sucesos del día, las cosas buenas y malas que vivió. Cuéntele lo que comió en el almuerzo, lo que lo hizo feliz y lo que le está robando la paz. Describa sus proyectos personales, sueños, logros, abra su corazón y cuénteselo todo a Dios.

  1. Silencio: Dios hablará con usted a través de su conciencia.

Así como no tiene sentido ir al médico, contarle todo lo que estamos sintiendo y después dar media vuelta e irnos, tampoco tiene sentido orar y después salir sin escuchar lo que Dios tiene para decirnos. En ese momento, Dios puede hacerle recordar algún versículo bíblico, algún mensaje especial, alguna necesidad del mundo que él quiere que usted resuelva.

Más allá de la comprensión humana

Entienda que Dios lo creó porque ama su compañía.

En el Antiguo Testamento, el santuario representaba la presencia de Dios en medio de su pueblo. A Jesús lo llaman Emanuel, que significa Dios con nosotros, y el Espíritu Santo fue enviado a la Tierra para ser Dios junto a nosotros. El mayor deseo del corazón de Dios es estar con nosotros. Por eso, la oración no es invocar la presencia de Dios, sino reconocerla.

Use esos elementos para hacer sus momentos con Dios más significativos, adapte y cree nuevas maneras de comunicarse con su Padre. Él está ansioso por escucharlo y así tener una relación íntima con usted. ¡Comience ahora!

Haga una oración usando estos consejos explicados arriba. Le garantizo que será muy especial. Si quiere saber más sobre este tema, vea el siguiente video, en el que explico cómo usar estos elementos para tener momentos más significativos de oración con Dios.


Referencia

[i] Edición del 24 de mayo de 2020.

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