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Valdeci Júnior

Valdeci Júnior

Reavivamiento y Reforma

La espiritualidad que lleva a la práctica

¿Por qué es tan importante la unidad de los miembros en la iglesia?

La unidad en la iglesia es un desafío importante y tiene todo que ver con la misión. (Foto: Shutterstock)

Era época de prepararnos para el lanzamiento de varios proyectos interesantes, y yo estaba motivando a todas las iglesias de mi distrito pastoral a involucrarse. Fue cuando un tesorero de una de esas congregaciones, preocupado, me buscó en privado. Me dijo que en esa iglesia en la que él ayudaba a liderar, los proyectos no estaban funcionando. Y relacioné los hechos.

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Perjuicio a la misión

Hacía algún tiempo, yo había sido trasladado a esa región. Y en la primera reunión que tuve con los ancianos (líderes) de la congregación y en la cual yo había preguntado quién era el primer anciano, recibí la respuesta: “Aquí no tenemos y no queremos tener primer anciano, porque todos somos iguales”. Con el pasar del tiempo, por lo tanto, yo había descubierto que la realidad era exactamente lo contrario. Ellos no querían tener primer anciano porque ninguno de ellos votaría a otro. Celos y actitudes egoístas hacían entonces que esos líderes desperdiciaran su precioso tiempo. Intentaban controlar todo y cuidaban lo que los otros estaban controlando. “La desunión perjudica a la misión. El conflicto genera caos, y Cristo no reina supremo en medio del caos”.[1]

Jesús y los discípulos

La reunión estaba tensa (Juan 13-16). El Maestro ya había hablado mucho, pero sus discípulos, que deberían liderar la iglesia, todavía no habían entendido prácticamente nada. Él se iría y ellos deberían cuidar, nutrir y hacer crecer un gran proyecto en la fase de fragilidad de recién nacido: el cristianismo. Pero aparentemente el éxito de ellos se resumía solo a conseguir que lo siguieran. Empequeñecidos, fallaban porque les faltaban propósitos (Marcos 14:9-11), no tenían suficiente comprensión (o aceptación) de los propósitos de Dios (Marcos 10:35-45), carecían de autoconocimiento (Marcos 14:17-19; 27-31), eran miedosos y cobardes (Marcos 14:50), insensibles (Marcos 6:35-37; 10:13) e incapaces de ministrar (Mateo 17:16-21).

Materialistas, mesquinhos, individualistas, políticos e egoístas (Lucas 22:24) eran, en realidad, “hombres de poca fe” (Mateo 8:26). “En estos primeros discípulos había notable diversidad. Habían de ser los maestros del mundo, y representaban muy variados tipos de carácter. A fin de realizar con éxito la obra a la cual habían sido llamados, estos hombres, de diferentes características naturales y hábitos de vida, necesitaban unirse en sentimiento, pensamiento y acción”.[2]

El cuerpo de Cristo

El cuerpo de Cristo tiene un mensaje que no puede verse solo como un bien de la antigüedad, no debe ser considerado como algo secundario, y mucho menos puede ser destruido en desuniones. Eso haría que el mensaje fuera mal interpretado y distorsionado por los no miembros. Y así, iría a diluir la misión de la iglesia. El diablo es especialista en crear discusiones teológicas, filosóficas, epistemológicas, politiquerías pragmáticas, e incluso bíblicas, a fin de comprometer el discipulado. Y eso no puede suceder (2 Timoteo 2:16; Gálatas 1:18-19; Tito 3:9).

Mientras los cristianos se ocupan en luchar por vanidades intelectuales, ventajas o supremacías, la obra queda impedida hasta incluso de comenzar. Cuando no hay unidad, la iglesia queda irrelevante. Queda destituida de pasión por la misión y termina reducida a un evangelio que no alcanza a la comunidad. La desunión hace que la competición por el poder, la envidia, los celos ocupen el lugar que debería ser llenado por el Espíritu Santo. Es imposible crear un ambiente propicio para el reavivamiento donde existen divisiones, malentendidos y controversias.

Como explicarles y volver a explicarles eso a los discípulos todavía no era suficiente para llevarlos a entender esas cosas, Jesús apeló a la oración. Si leemos Juan 17:11, 21 y 22, veremos cuál era el deseo de Cristo. Para él sería muy importante que la relación entre sus seguidores demostrara la autenticidad de la fe cristiana. “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:21).

Sabiendo que pronto sería crucificado y no estaría más con aquellos hombres, el Maestro le suplicó a Dios que hubiera unidad entre ellos. No era necesaria la uniformidad; bastaba con tener unidad. Ellos debían estar unidos para establecer una identidad (Juan 13:34-35), unificar un mensaje (Apocalipsis 14:6-12), realizar la beneficencia social (Hechos 4:32-33), orar (Hechos 1:14), cumplir la misión (Mateo 28:16-20) resolver problemas (Mateo 18:15-22), respetar las jerarquías eclesiásticas (Hechos 15:1-31), defender la integridad doctrinaria (Hechos 20:1, 27-32) y ser confirmados en el ministerio (Hechos 9:26-30). Alcanzar eso sería lo mismo que dar lugar al Espíritu Santo (Efesios 4).

La buena noticia es que después ellos captaron el mensaje. “Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego […] Y fueron todos llenos del Espíritu Santo […]” (Hechos 1:14 a 2:4).  Ufa: ¡Más vale tarde que nunca! “La unidad o armonía de los discípulos preparó sus corazones para recibir la plenitud del poder del Espíritu Santo […] Ellos abandonaron sus diferencias. El amor prevaleció. La contienda fue eliminada”.[3] Y la oración de Jesús por la iglesia fue respondida. “Notemos que el Espíritu fue derramado después que los discípulos hubieron llegado a la unidad perfecta, cuando ya no contendían por el puesto más elevado. Eran unánimes. Habían desechado todas las diferencias”.[4]

Ahí están las bases de la unidad amorosa que el cristianismo debe tener como poderoso argumento en su favor. La planta que Pedro presentó (1Pedro 2:4-5) de esa construcción del cuerpo de Cristo, delineado por Pablo (1 Corintios 12:18-26), comprueba que los apóstoles realmente llegaron a una comprensión clara sobre lo que es esencial a la iglesia. Para ellos, ¡el reavivamiento se produjo!

Derramamiento del Espíritu Santo

A lo largo de la historia, siempre fue así. El derramamiento del Espíritu se produce sobre la iglesia que se une en el mensaje, en la misión y en el amor dados por Jesús. Si los fieles subordinan sus diferencias a ese llamado superior, adquieren ese ingrediente indispensable. Ese vínculo de unidad de corazón y alma agrega gran poder al testimonio. Las diferencias no necesitan llevar a la división. Al mismo tiempo que debemos celebrar nuestra diversidad, también debemos abrazar nuestras diferencias. Lo importante debe ser enfocar el cumplimiento de la tarea que Jesús dio.

Él espera que los cristianos estén comprometidos con la proclamación de su mensaje de amor al mundo. Por eso, nos dejó la misión y el mensaje como elementos de la unidad, la organización de la iglesia como estructura para la unidad y las oraciones en grupo e intercesoras como métodos para la unidad. Un cristiano, una congregación, una organización de iglesias, que oran y comparten el mismo mensaje y misión reciben poder del Espíritu Santo para producir un gran impacto sobre la sociedad en la cual actúan.

¿Saben lo que sucedió con aquella iglesia de mi distrito que estaba en dificultades? Desafiamos a los miembros para una jornada espiritual, que fue seguida por una campaña de evangelismo. Tratamos de hacerlos entender que cuando oramos unos por los otros quedamos cada vez más unidos. Y que cuando participamos de un proyecto misionero para la comunidad, establecemos un sentimiento de armonía.

Proyecto práctico en la iglesia

Ellos comenzaron a soñar con ser una iglesia viva, unida, y dinámica. Se propusieron orar, estudiar la Biblia y hacer algo por el barrio. Aprovechamos la oportunidad y adquirimos una buena cantidad de ejemplares de la guía “21 Días de Poder: preparando a la iglesia para buscar y salvar al perdido”.[5]Entonces comenzaron cultos de madrugada. Cada miembro se despertaría una hora más temprano y se reuniría con los demás en la iglesia, para clamar a Dios por sabiduría y preparación para el evangelismo que empezaría en tres semanas.

Recordé a los apóstoles en Pentecostés. “Cada cristiano veía en su hermano una revelación del amor y la benevolencia divinos. Un solo interés prevalecía, un solo objeto de emulación hacía olvidar todos los demás. La ambición de los creyentes era revelar la semejanza del carácter de Cristo, y trabajar para el engrandecimiento de su reino”.[6]Y aquella iglesia recibió miembros nuevos, en una cantidad cinco veces mayor que su blanco.

Sin embargo, eso no puede suceder solo puntualmente. En realidad, ya repetimos esa experiencia en varias iglesias de diversas regiones donde estuve como pastor. Y el resultado es siempre el mismo: la búsqueda espiritual en la práctica promueve la unidad entre los miembros y permite que el Espíritu Santo actúe. Como consecuencia, las actitudes de esas personas para con sus hermanos en la fe cambian drásticamente.

Delante de la luz que proviene de la cruz, ellos comienzan a verse uno al otro de manera diferente, y específicamente allí ocurre un reavivamiento. Pero, ¿tiene que ser solo aquí y allá? ¿Tenía que ser solo con la iglesia primitiva? ¡Claro que no! Debe suceder conmigo continuamente, con mis iglesias ininterrumpidamente, y con usted también. Entre todos los cristianos, los intereses particulares y las diferencias deben dejarse de lado para que se rompan las barreras que nos separan y así entremos en la unidad que Jesús pretende para su pueblo. “Cuando la iglesia de Cristo esté unida, enfocada en el mensaje y apasionada por la misión, vendrá el Reavivamiento”[7], porque la unión también hace el Reavivamiento.

 

Referencias:

[1] Finley, Mark. Reavivamento e Reforma: Lição da Escola Sabatina. Edição do Professor. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 3º Trimestre de 2013, p. 90.

[2] White, Elena. Los hechos de los apóstoles. Buenos Aires, Asociación Casa Editora Sudamericana, 1997,  p. 17.

[3] Finley. p. 82.

[4] White, Elena. Consejos para la Iglesia. Buenos Aires, Asociación Casa Editora Sudamericana, 1997,  p. 176.

[5] Ferreira, Otoniel. 21 Dias de Poder: Preparando a Igreja Para Buscar e Salvar o Perdido. Salvador, BA: Araújo Gráfica e Editora, 2012.

[6] White, Elena. Los hechos de los apóstoles,p. 40.

[7] Finley. p. 88.

 

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