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Rafael Rossi

Rafael Rossi

Al día, de acuerdo a nuestro tiempo

Hechos diarios desde un punto vista teológico

¿Quién es el anticristo?

Fuente: Defendiendo la fe cristiana.

Uno de los pilares fundamentales de la interpretación profética es que los eventos presentados en la Biblia se van cumpliendo en el transcurso de la historia, lo que fue denominado como sistema protestante por haber sido adoptado por los reformadores al interpretar las profecías. Las profecías prevén determinados eventos que ocurren en el transcurso de la historia desde el tiempo en que el material profético fue dado hasta la consumación final de la historia. Hoy en día, muchas películas y novelas tratan de explorar las temáticas proféticas. Y una pregunta, de forma especial, ha sido motivo de comentarios y discusiones: ¿Quién es el anticristo?

La respuesta está en la Biblia, especialmente en el libro de Apocalipsis, de carácter profético. El intérprete de las profecías no siempre puede determinar con exactitud cómo las profecías que todavía no se cumplieron tendrán su cumplimiento, pues no es el único objetivo de la profecía el mero develar del futuro. Las profecías, en primera instancia, sirven para fortalecer la fe en la medida que se descubre como Dios está al control de la historia. Jesús mismo afirmó: “Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis” (Juan 14:29).

El intérprete no es un profeta en el estricto sentido de alguien que prevé el futuro, sino un aprendiz. La comprensión y la interpretación de la profecía se desarrolla y se perfecciona con el paso del tiempo. Lutero tenía eso en mente cuando declaró: “Las profecías solo pueden ser entendida perfectamente después de su cumplimiento”. Con eso en mente, podemos entrar en el contenido de Apocalipsis 17.

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Apocalipsis 17

Los seis primeros versículos del capítulo 17 de Apocalipsis describen a una prostituta sentada sobre la bestia, en una actitud de enfrentamiento a Dios y a su pueblo. Como la virgen es sinónimo del pueblo de Dios (2 Cor. 11:2), la prostituta representa aquí a la iglesia infiel (Eze. 23:37-39). Ella está montada sobre una bestia con siete cabezas, cuyo significado es presentado en el propio capítulo: son siete montes (Apoc. 17:9).

La bestia también tendría alcance mundial, pues está sentada sobre las muchas aguas, que significan “pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas” (Apoc. 17:5). Los detalles van encajando en la lectura del mundo, donde percibimos que las características descritas apuntan a la Iglesia de Roma. Su historia de alianzas político-militares con gobernantes del mundo (prostitución), su disposición a perseguir a los fieles durante la Inquisición (embriaguez) y su actitud en servir a las naciones el vino del cáliz de sus doctrinas adulteradas, no dejan duda en cuanto a la identidad de este movimiento religioso.

En el versículo 5 de Apocalipsis 17, encontramos que en la frente de la ramera estaba escrito: “BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA”. El símbolo de Babilonia viene del Antiguo Testamento. Históricamente, este imperio fue el responsable de la destrucción del Templo de Jerusalén (en el 586 a.C.), por blasfemar el nombre del Señor y despreciar la verdad religiosa. Isaías profetizó que, luego de su destrucción en el 539 a.C., ella jamás volvería a ser habitada (Isa. 13:19-21).

En el Apocalipsis, el símbolo denota las características históricas del imperio, así como la confusión doctrinaria que se expande a través de sus “hijas”. Interpretando, vemos que Roma es la iglesia madre y las diversas iglesias que salieron de ella conservan mucho de sus vicios y de su conducta religiosa equivocada. Las dos principales señales que identifican la relación “maternal” entre la Iglesia Romana y el Protestantismo apostata son: La observancia del domingo y la creencia en la inmortalidad del alma.

Otra clave de interpretación profética está en cómo encontramos ampliaciones del contenido profético dentro del propio libro de Apocalipsis. La bestia que aparece en el capítulo 17 tiene la misma representación que la bestia del capítulo 13, basados en las descripciones que se hacen de ambas. Por lo tanto, ellas deben ser estudiadas en conjunto. Las informaciones se suman para llegar al producto final. Entonces, para interpretar Apocalipsis 17 es necesario un cuidadoso estudio de Apocalipsis 13. La bestia de Apocalipsis 17 es idéntica a la bestia semejante al leopardo; presentada en el capítulo 13, y ambas proceden de las aguas y poseen siete cabezas y diez cuernos.

Apocalipsis 17:10 y 11 dice que los siete montes donde la ramera está sentada “…son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo. La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición”. Es decir, se trata de una sucesión de imperios perseguidores que culminará en el octavo.

El punto de partida para entender los imperios es el tiempo de la visión dada a Juan. Cinco ya han caído: Egipto, Asiria, Babilonia, Grecia y Medo Persia; el que existía era el Imperio Romano.

La bestia no es una octava cabeza. A ella pertenecen todas las siete cabezas anteriores. La expresión en griego de Apocalipsis 17:11, que dice que el octavo rey es uno de los siete, significa que el octavo tendrá la misma personalidad, incorporando en sí mismo toda la iniquidad de los anteriores. No significa necesariamente que el octavo tiene que ser uno de los siete primeros. Significa, sí, que vendrá con el mismo espíritu que sus antecesores.

Esa posición está en conformidad con el capítulo 13 de Apocalipsis, porque ambos capítulos hablan de la misma bestia. En Apocalipsis 13:3 se dice que una de las cabezas de la bestia fue herida de muerte (el encarcelamiento del papa Pío VI, en 1798, marcando el final de la supremacía papal) y después que su herida mortal comenzó a curarse (en 1929 cuando se firma el Tratado de Letrán y el Vaticano es establecido en Roma, pero no recupera su poder político).

Hoy, Roma cristiana está sobrellevando una enfermedad crítica, resultante de su herida mortal. Estamos viviendo ahora en el tiempo de la Roma cristiana herida, marcada por la separación entre la Iglesia y el Estado. La séptima cabeza será el restablecimiento de Roma, con la unión de la Iglesia con el Estado, marcado por la persecución a los cristianos con base en la obediencia a la Palabra de Dios.

La bestia de Apocalipsis 17 es una unidad con siete cabezas, siendo así debería tener la misma sede. Si usamos el mismo principio en Daniel 2, por ejemplo, vemos que la estatua también es una unidad y habla de imperios mundiales. Y como bien sabemos por la historia, no tuvieron la misma sede gubernamental. La bestia y la prostituta vistas por Juan en Apocalipsis 17 representan la separación entre la Iglesia y el Estado. La Iglesia (prostituta) y el Estado (bestia), aunque relacionados (la prostituta está sentada sobre la bestia), son entidades diferentes.

Entonces, ¿quién es el anticristo?

La bestia, que representa a la octava cabeza, es el anticristo, un resumen demoníaco de todos los poderes perseguidores a lo largo de la historia del pueblo de Dios, prefigurado por un movimiento liderado por el hombre de pecado (2 Tes. 2:3-4). Este espíritu del anticristo creó un camino de destrucción y muerte. Es importante prestar mucha atención, pues este anticristo trae consigo cuatro características:

  • Tiene la apariencia de Cristo;
  • No acepta toda la Biblia;
  • Hace milagros y prodigios;
  • Dice ser Cristo

Lo que el Dios de la verdad quiere de usted y de la iglesia:

  1. Que guardemos los 10 mandamientos de la Biblia en Éxodo 20.
  2. Que respetemos y guardemos el día santificado por el Señor, el sábado (Éxodo 20:8; Isaías 58:13).
  3. Que no adoremos ídolos e imágenes de escultura (Éxodo 20:4-6; Salmos 115).
  4. Que nos preparemos para el regreso de Jesús (Juan 14:1-3).
  5. Que enseñemos que los muertos están en el sepulcro y esperan la resurrección (Eclesiastés 9:5; Juan 5:28-29; 1 Tesalonicenses 4).
  6. Que oremos a Dios en nombre de Jesús (Juan 14:13; Salmos 65:2).
  7. Que confesemos nuestros pecados a Jesús (1 Juan 1:9; 2:1,2).
  8. Que tengamos la Biblia como regla de fe y práctica (Juan 5:39; Apocalipsis 1:3).
  9. Que cuidemos nuestro cuerpo, no consumiendo alimentos inmundos (1 Corintios 3:16,17; Levítico 11).
  10. Que el hombre adore al Creador (Apocalipsis 14:7; Éxodo 20:3).
  11. Que tengamos como mediador a Jesucristo (1 Timoteo 2:5).

El anticristo estableció otras cosas en lugar de la verdad:

  1. Que guardemos los mandamientos de los hombres según las tradiciones de los hombres.
  2. Que respetemos el domingo, sin base bíblica.
  3. Que adoremos, recemos, y veneremos a ídolos e imágenes de yeso y madera.
  4. Que no creamos en el regreso de Jesús.
  5. Cielo, infierno, purgatorio.
  6. Que oremos a hombres y santos… Que encendamos velas a este y aquel.
  7. Que confesemos nuestros pecados a los hombres.
  8. Que pongamos la tradición por encima de la Biblia.
  9. Que comamos de todo y bebamos de todo.
  10. Que adoremos a la criatura, a los apóstoles y a los santos.
  11. Que María sea puesta como mediadora.

La decisión es siempre personal… “Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros” (2 Cro. 20:20).

Bibliografía consultada:

Comentário de Ellen G. White no Seventh Day Adventist Biblical Comentary, Vol. 7, p.904.

Coenen, Lothar e Colin Brown. Dicionário Internacional de Teologia do Novo Testamento, 2 vols. (São Paulo, SP: Edições Nova Vida, 2000) 1: 1075.

Josh McDowell e Bart Larson. Jesus – Uma Defesa Bíblica de Sua Divindade (São Paulo, SP: Editora Candeia, 1994), 60-62.

Wayne Grudem. Teologia Sistemática, 1ª ed. (São Paulo, SP: Edições Vida Nova, 1999), 444-447.

Ellen G. White. O Desejado de Todas as Nações, 17ª Ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 1990), 39.

Ellen G. White. No Deserto da Tentação, 3ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 1997), 22.

Seventh Day Adventist Biblical Comentary, Vol. 5, p. 1250.

Ellen G. White. No Deserto da Tentação, 34

  1. V. Olson, O Ministério Adventista, setembro/outubro de 1962, pág. 10.

Pedro Apolinário, A Natureza Humana de Cristo (artigo, Revista Ministério, Jan. e Fev. de 2003), 18.

 

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