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Pablo Ale

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“Solo quería encontrar la paz”

 

Foto: shutterstock

De repente su vida se apagó. Silencio. Los portales de Internet y las redes sociales estallaron con la mala nueva: Avicci, el popular y talentoso disc-jockeyproductor y remezclador sueco, apareció muerto de manera misteriosa en Mascate, Omán, el pasado 20 de abril. Tenía solo 28 años. Aún se desconoce la causa exacta de su muerte, pero sí se sabe que el artista  tenía graves problemas de salud. A fin de 2016 se le diagnosticó pancreatitis aguda debido al consumo excesivo de alcohol, y dejó de hacer presentaciones en vivo desde entonces.

En su corta carrera, Avicii realizó multitudinarios conciertos en diferentes partes del planeta, trabajó con algunos de los cantantes más famosos del mundo y acumuló miles de millones de reproducciones de sus creaciones en diferentes plataformas de internet.

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La familia del DJ sueco Avicii, fallecido el pasado 20 de abril, publicó este jueves un comunicado en el que detalló los problemas emocionales por los que atravesaba el exitoso músico: “Cuando dejó de viajar, quiso encontrar un equilibrio en la vida para ser feliz y ser capaz de hacer lo que más le gustaba: la música. Verdaderamente luchó con los pensamientos acerca de la relevancia, la vida, la felicidad. No pudo seguir. Quería encontrar paz”.

Este es un mundo de ruidos, de sonidos ensordecedores que oprimen y ahogan lo que más quiere nuestra alma: paz. Ni la fama, ni el dinero, ni el reconocimiento mundial pueden llenar el vacío de nuestra alma cuando estamos sin Dios.

La paz implica un período de paz entre pueblo y naciones. Así, imaginamos que la guerra es algo que tiene que ver con una fuerte dosis de acción y que la paz, en cambio, se relaciona con no hacer nada. La paz llevaba consigo un pacto. Lejos de ver a la paz como un sustantivo, bien podemos verla como un verbo. La paz requiere acción. A fin de lograr la paz los capitanes de los ejércitos debían tomar medidas: conversar con el enemigo, negociar las diferencias, analizar qué les molesta y por qué; y mantener el diálogo. La paz es una construcción. Así lo aconseja Dios en Isaías 27:5: “Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo”.

En la Biblia hay un claro ejemplo de esto: Israel había entrado en Canaán y con la bendición de Dios venía arrasando a todos los pueblo de la región. Ante la derrota inminente, los gabaonitas recurren al engaño. La debilidad de su fuerza militar fue compensada con su aguda inteligencia para la simulación. Su sólido argumento fue: venimos de lejos, hagamos la paz. Y así fue: “Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida; y también lo juraron los príncipes de la congregación” (Josué 9:15). Este pacto de paz fue el seguro de vida para los farsantes. Cuando la verdad salió (como siempre) a la luz, los gabaonitas fueron condenados a ser leñadores y aguadores, pero salvaron su vida.

Ante un inminente desafío bélico en el que estaba en riesgo su vida y la de los suyos, Gedeón recibió un mensaje del Cielo: Dios estaría con él y le daría su paz: “Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás” (Jueces 6:23).

Esta promesa se repite cada día en nuestras traumáticas experiencias cotidiana. La promesa es real, es válida y sigue vigente. Es para ti.

Es posible encontrar la paz. Búscala ahora. Puedes comenzar con Isaías 26:3: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.

 

 

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