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Lía Treves

Lía Treves

Detalles de Mujer

Un plan detallado de Dios para la mujer cristiana de hoy

Lo que mata es la ausencia del amor

La responsabilidad recae en la educación de sus hijos en sus primeros años de vida. (Foto: shutterstock)

Recibí en mis cuentas de redes sociales el siguiente texto, después de los tristes acontecimientos en una escuela de Brasil; en la que dos ex alumnos mataron a tiros a varios ex compañeros y directivos de la institución y luego se suicidaron.

“Cansado y perplejo con tantas excusas y falsas justificaciones por las atrocidades que nos sorprenden día tras día… Estos chicos no mataron porque la portación de armas es un proyecto actual del gobierno. Los chicos no mataron porque la escuela fue omisa. Los chicos no mataron porque sufrieron bullying… Ellos mataron porque las familias están desestructuradas y fracasadas, porque no se educa más en casa, no se acompaña más de cerca. La tecnología sustituye el diálogo, regalos compran límites, derechos y deberes y no hay conocimiento sobre Dios. ¡Necesitamos dejar de omitir, de transferir culpas. La culpa es mía, la culpa es tuya, la culpa es de todos nosotros! La violencia es el desdoblamiento de carencias afectivas, de la necesidad de ser visto y notado aunque sea de la peor manera. ¡Las armas no matan, lo que mata es la ausencia del amor!”. Padre Fábio de Melo.

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Varios textos vinieron a mi mente al terminar de leer:

“El que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor”. (1 Juan 4: 8)

“Y por haberse multiplicado la maldad el amor de muchos se enfriará”. (Mateo 24:12)

“Quiero pues que las mujeres (…) se casen, tengan hijos y gobiernen su casa”. (1Timoteo 5:14)

Me tocó mucho la frase que dice: “ellos mataron porque las familias están desestructuradas y fracasadas, porque no se educa más en casa… porque no hay conocimiento de Dios… lo que mata es la ausencia del amor… ”

La importancia de la familia como pilar fundamental para una sociedad saludable no perdió vigencia. Aunque está en extinción, la responsabilidad de mantenerla viva, feliz y equilibrada es de cada uno de nosotros y en especial de cada mujer que es responsable por la atmósfera de su hogar.

Por eso mi reflexión sobre estos dos grandes temas: La familia y el amor.  Hagamos un poquito de introspección y evaluemos nuestro papel y responsabilidad en todo esto.

El plan de Dios para la mujer cristiana de hoy que construye un hogar feliz es:

. Buscar sabiduría y dirección en la fuente del amor, a través de la oración y lectura diaria de la Palabra de Dios y los escritos de personas inspiradas por su Espíritu, a fin de capacitarnos para la tarea de gobernar nuestro hogar.

. Priorizar la familia por sobre todos nuestros otros compromisos sociales, es nuestro primer campo misionero.

. Mantener una comunión abierta y sincera con nuestro esposo unificando criterios de educación familiar.

. Reforzar la escucha atenta para con nuestros hijos permitiéndoles expresar, en un ambiente protegido sus miedos, dudas y desafios.

. Recurrir a profesionales de la salud mental para prevenir traumas y problemas futuros o simplemente para confirmar que estamos saludables mental y emocionalmente.

. Enseñar el respeto, la tolerancia, la aceptación y la valorización del otro con el ejemplo.

. Revestirnos de amor diariamente para que tanto al conducir como al corregir podamos hacerlo con equilibrio, firmeza y misericordia, enfocándonos siempre en los hechos a ser modificados y no en la integridad de la persona.

Y hablando del componente principal que es el amor, quiero resaltar algunas citas  de la autora cristiana Elena G. De White que nos ayudarán a comprender un poquito más sobre la relevancia y urgencia de cultivarlo en nuestro hogar.

“El amor es una planta tierna, y debe ser cultivada y apreciada, y las raíces de la amargura tienen que ser arrancadas de su alrededor, a fin de que tenga lugar para expandirse, y entonces llevará bajo su influencia a todos los poderes de la mente, y del corazón, para que amemos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.” (Mente Carácter y Personalidad, pág. 211)

“Un supremo amor a Dios y un amor abnegado hacia nuestros semejantes, es el mejor don que nuestro Padre celestial puede conferirnos. Tal amor no es un impulso, sino un principio divino, un poder permanente. El corazón no consagrado no puede originarlo ni producirlo. Solamente se encuentra en el corazón en que reina Jesús. “Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero”. 1 Juan 4:19. En el corazón renovado por la gracia divina, el amor es el principio de acción dominante.” (Ibid, pág. 212)

“La atención más cuidadosa a los elementos externos de la vida no basta para excluir toda inquietud, juicio severo y palabra inadecuada. Nunca se revelará verdadero refinamiento mientras se tenga al yo como objeto supremo. El amor debe morar en el corazón. Un cristiano cabal encuentra sus motivos de acción en su amor hacia su Maestro. De las raíces de su afecto por Cristo brota un interés abnegado en sus hermanos. El amor imparte a su poseedor gracia, propiedad y dignidad de comportamiento. Ilumina el rostro y enternece la voz, refina y eleva todo el ser.” (Ibid, pág. 214)

“Motiven la expresión del amor hacia Dios y de unos hacia otros. La razón por la cual hay tantos hombres y mujeres de corazón duro en el mundo es porque el verdadero afecto ha sido considerado como debilidad, y ha sido desalentado y reprimido. Lo mejor de la naturaleza de estas personas fue ahogado en la infancia; y a menos que la luz del amor divino derrita su frío egoísmo, su felicidad quedará arruinada para siempre. Si queremos que nuestros hijos posean el bondadoso espíritu de Jesús y la ternura que los ángeles manifiestan por nosotros, debemos estimular los impulsos generosos y amantes de la infancia.” (Ibid, pág. 218)

Sabemos que los acontecimientos de desamor y violencia en este mundo no van a mejorar, como lo reafirma el versículo que me llevó a la reflexión en el inicio “Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriaría” es como un círculo vicioso… ¿Por qué aumenta la maldad? Por la falta de amor. Y ¿Por qué hay falta de amor? Por el aumento de la maldad… el egoísmo, la supremacía del yo.

¡Nuestra tarea es romper el círculo vicioso con la supremacía del amor! O sea con la presencia de Dios en nuestra vida “El que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor”.

El detalle es aprender a gobernar nuestro hogar. Familias bien estructuradas, educación trascendente en casa, límites firmes con amor y la autorresponsabilidad de enfrentar las consecuencias.

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