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Lía Treves

Lía Treves

Detalles de Mujer

Un plan detallado de Dios para la mujer cristiana de hoy

¿Es difícil ser una mujer cristiana?

Foto: shutterstock

Frente al desafío de un nuevo artículo para nuestra columna, me quedé pensando en el título de la misma y en la razón por la cual le colocamos este nombre: “Detalles de mujer”, un plan detallado de Dios para la mujer cristiana de hoy.

Muchas mujeres cristianas se dejan llevar por la vida como si fuera un río caudaloso, en el cual deben nadar sin detenerse porque la corriente no se los permite. Difícil es hasta pensar en el porqué de estar en esa situación y tal vez hasta sin cuestionarse nada, continúan sobreviviendo detrás de lo que llaman “soy una mujer cristiana” y hacen lo que se espera de ellas sin cuestionar si es en verdad el plan de Dios para sus vidas o no.

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En estos días recibí el mensaje de una mujer que enfrentaba el dilema de tener un bebé de un año y otro en camino y la decisión de, si debía o no dejar de trabajar para cuidarlos en casa. Le había costado mucho alcanzar cierto estatus en su trabajo y no quería perderlo por tener que quedarse en casa para cuidar de sus hijos.

Una joven preocupada porque quería trabajar para Dios en la iglesia, pero no podía descubrir sus dones espirituales. Me contaba que sabía hacer muchas cosas, pero que ninguna de ellas encajaba con lo que necesitaban en su iglesia.

Otra me comentaba que deseaba mucho tener un bebé, a tal punto que estaba cayendo en una depresión, pero que con su esposo pensaban que los tiempos actuales estaban muy difíciles como para traer un hijo al mundo, y que sería mejor no exponer a una criatura a la falta de amor y moral de los últimos tiempos.

Otro caso llegó a mis manos en el que una esposa desesperada, me preguntaba si debía perdonar o no a su esposo que ya la había traicionado por tercera vez… que estaba cansada de ser usada como si fuera un trapo viejo al que recurre cuando todos los demás están para lavar.

Y qué decir de aquella que se automedica con un sin número de medicamentos, porque no sabe cómo salir de la depresión, la ansiedad, los ataques de pánico, el insomnio y demás enfermedades de la mente; por miedo a ser juzgada de “loca” o “esquizofrénica” si alguien se entera que marcó una consulta con un psicólogo o un psiquiatra.

La mujer cristiana de hoy, aquella que en verdad quiere hacer la voluntad de Dios, pero termina atrapada en las redes humanas del “deber”, se encuentra perdida y sin rumbo, boyando en el mar de las reglas predeterminadas de ser lo que se espera de ella, sin parar para hablar con aquel por el cual lleva el rótulo de “CRISTIANA”

¿Qué opina Dios de todo esto? ¿Será que él espera que cumplamos con todos estos deberes para ser aptas y dignas de ser llamadas sus hijas?

La verdad querida amiga, que no hay nada, por más perfecto que sea, que podamos hacer para ganarnos el derecho a ser llamadas “Hijas de Dios” o “cristianas” (1Juan 3:1). Él ya nos llama así desde siempre, nosotros adoptamos ese nombre en el momento en el cual le entregamos el corazón y lo aceptamos como nuestro Padre y Salvador.

Él no espera de nosotras que nos ocupemos en cumplir las reglas del cristianismo al pie de la letra, para que tengamos un lugar en el cielo. Pensando en esto, parece que la persecución de la que habla la Biblia que sucederá en los últimos tiempos, ya está dentro de nuestras propias casas y familias, y ¡hasta dentro de nuestras propias mentes.

Por eso es que nuestras emociones, pensamientos y actitudes están contaminadas y enfermas, esperando encontrar las respuestas en nuestros propios méritos. Vuelvo a resaltar que no hay nada que podamos hacer para ganarnos el derecho a ser “mujeres cristianas”.

La única manera de honrar este título, es el pequeño detalle olvidado que se resalta en 1 Juan 3:6

“Todo el que permanece en él no practica el pecado” (NVI)

Lo único que Dios espera de nosotras como cristianas es que permanezcamos en él, nos mantengamos unidas a él, a través de una comunicación constante, sincera, abierta y dispuesta a hacer su voluntad. Es de esa manera que podremos caminar como verdaderas cristianas sin miedo a ser juzgadas, catalogadas de pecadoras, o de infieles, porque todos los frutos que demos serán el resultado de nuestras charlas, acuerdos y decisiones tomadas en la mismísima presencia de Cristo. ¿Quién podrá refutar una decisión tomada en armonía con su Palabra? Porque es a través de ella que podemos escuchar su voz.

Es por eso amiga que el plan detallado de Dios para ti está en sus manos, no en las manos de un pastor, o en las de un consejero, ni en las de un líder, ni en los labios de un padre o una madre preocupados por ti. Por supuesto que ellos pueden ser instrumentos utilizados por Dios para ampliar tu percepción antes de tomar una decisión, pero en ningún modo reemplazan tu comunicación directa con el Creador.

Entonces, ante el dilema de si debo dejar de trabajar para cuidar de mis hijos, o de cuáles son mis dones espirituales, o de si debo o no tener un hijo en estos tiempos difíciles, o si debo perdonar a mi esposo aunque me engaña, o si debo ver a un psiquiatra para sanar mi mente ¿Quién tiene la última palabra?, Dios. Él es el que sabe el propósito por el cual te creó.

¿Ya hablaste del tema con él? Él puede hacer de ti una verdadera cristiana.

No es fácil ser una mujer cristiana en un mundo lleno de jueces que esperan de ti que sigas la corriente. Pero recuerda… el detalle es “Ser mujer no te torna un tipo diferente de cristiana, pero ser cristiana te torna un tipo diferente de mujer”.

¡Un gran abrazo de oso y vamos por más!

 

 

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