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Janete Suárez

Janete Suárez

Educación familiar responsable

La importancia de la educación en el hogar en el cotidiano de la familia

La fuerza de voluntad hace volar a su hijo

No deje para mañana lo que puede hacer hoy sus hijos. Restructure su hogar, su estilo de vida. (Imagen: shutterstock)

La pequeña escuela del interior se calentaba con un fogón a carbón. Un niño de ocho años tenía la tarea de ir a la escuela más temprano, todos los días, para encender el fuego y aclimatar la sala antes que el maestro y sus compañeros llegaran. Una mañana fría alguien llenó por error el recipiente de kerosene que él usaba con gasolina, y sucedió un desastre. Cuando el maestro y los alumnos llegaron, encontraron la escuela en llamas. Aterrorizados, se dieron cuenta que el chico estaba dentro; corrieron y lograron arrastrarlo inconsciente fuera del edificio en llamas, el niño estaba más muerto que vivo.

En su cama del hospital, el niño, semiconsciente, escuchó que el médico conversaba con su madre y le decía que seguramente moriría, pues el terrible incendio había devastado la mitad inferior de su cuerpo. El valiente chico, sin embargo, no quería morir, decidió que sobreviviría. Y de alguna forma, para el asombro del médico, sobrevivió.

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Cuando pasó el peligro mortal, él escuchó nuevamente al médico que conversaba con su madre. Le informó que, como el fuego había destruido tanta carne de la parte inferior de su cuerpo, hubiera sido casi mejor para él haber muerto, ya que estaba condenado a ser un lisiado por toda la vida, sin poder usar sus miembros inferiores. Su madre se rehusó a que los médicos le amputaran las piernas.

Una vez más ese niño valiente tomó la decisión de que caminaría. Sin embargo, de la cintura para abajo, Glenn no tenía capacidad motora. Sus piernas finas y llenas de cicatrices estaban colgando, aparentemente sin vida. Cuando fue dado de alta en el hospital, todos los días sus padres le daban masajes, pero no tenía sensibilidad ni control. A pesar de todo, su determinación de que caminaría era más fuerte que nunca.

El poder de la persistencia

Un día soleado, su madre lo llevó al patio para que tomara un poco de aire fresco. En vez de quedarse sentado, él se arrojó de la silla de ruedas sobre el pasto, arrastrando las piernas. Bajo la mirada atónita de su madre, que prefirió no intervenir, llegó hasta el cerco blanco y con mucho esfuerzo, se levantó. Entonces, estaca por estaca comenzó a arrastrarse a lo largo del cerco. Siguió haciendo ese esfuerzo todos los días hasta que se formó un corredor alrededor del patio al lado del cerco.

No había otra cosa que quisiera más que desarrollar vida en sus piernas. En resumen, por medio de los masajes diarios, su persistencia de hierro y su resuelta determinación, desarrolló primero la capacidad de levantarse, andar con ayuda, luego andar solo, y finalmente después, milagrosamente correr.

Comenzó a correr a la escuela. Corría por propia satisfacción y alegría de ser capaz de correr. Corría en todo lugar que podía. Más tarde, en la facultad, formó parte de un equipo de atletismo, donde su tremenda determinación valió la pena.

Finalmente recibió el sobrenombre de “Kansas Flyer” (el volador de Kansas).

En febrero de 1934, en el famoso Madison Square Garden de Nueva York, Gleen Cunningham, aquel joven que “con seguridad nunca caminaría”, corrió la milla en cuatro minutos y ocho segundos; ¡era el mejor tiempo del mundo logrado por alguien! En ese mismo año, en una competencia prestigiosa de pista al aire libre, él bajó en un segundo su récord.

El doctor Glenn Cunningham, título obtenido por su doctorado en Educación Física, es un ejemplo de alguien que estuvo comprometido con su ideal, se dedicó a Dios para superar obstáculos y realizar su sueño.  Su versículo favorito era Isaías 40:31 “Pero los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas, levantarán el vuelo como águilas: correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.

Ante la impresionante recuperación, persistencia y resiliencia del niño volador de Kansas, queda claro que la fuerza de voluntad hace toda la diferencia. La escritora Elena de White afirma que la fuerza de voluntad mueve a las personas. Ella es quien gobierna la naturaleza del hombre, el poder de la decisión, y de elección (White, 2004; 2011). En este sentido, ¿qué hacer para prevenir la falta de fuerza de voluntad en los hijos? ¿Cómo fortalecer el poder de la voluntad? A continuación, doy algunas sugerencias.

  1. Cuente historias bíblicas de jóvenes que se destacaron por su fuerza de voluntad. Historias como las de Daniel, José, Ester, Pedro, Pablo, y de la niña cautiva, entre otras, causan un impacto profundo y duradero en la mente de los jóvenes. Su trama rica, real, atractiva, permeada de colores, aromas, sonidos y personajes que deciden estar al lado de Dios ante las pruebas constituyen excelentes modelos para redescubrir e imitar en la vida diaria de los hijos (Habenicht, 2011; White, 2005; 2008).
  2. Hable de sus propias dificultades y superaciones. Dedique tiempo para contar a sus hijos su andar con Dios y su dependencia de él. Cuente sus errores, logros, luchas y conquistas, especialmente cuando tenía la misma edad. Los padres dedicados, amorosos y conscientes de su papel de educadores pueden ser personas muy admiradas por los hijos, despertando en ellos no solo respeto, sino también un modelo de héroe real para seguir. Por otro lado, trate de escucharlos también. Construya una relación de respeto y compañerismo. Intégrelos en diálogos con sus amigos. Cuénteles acerca de los intereses de sus hijos. Valore su participación, pregunte más y deles oportunidades para expresarse.
  3. Incentive y apoye sus talentos. Busque reconocer el potencial de sus hijos. Valore e invierta en las percepciones que tiene sobre ellos. Hay diversas áreas en las cuales los hijos pueden destacarse; observe. A veces, son asiduos lectores, poseen habilidades intelectuales, se manifiestan como excelentes dibujantes o pintores. Otros presentan desde temprano habilidad en ingeniería, mecánica, negocios o habilidad para la música. Hay quienes tienen una clara sensibilidad espiritual, otros son buenos atletas, poseen habilidades sociales, de liderazgo, manuales, culinarias, entre tantas otras. Esas áreas, cuando se identifican y desarrollan, podrán rendir tanto motivación para el momento presente como un futuro promisorio.
  4. Integre a los hijos en programas sociales. Tanto la iglesia como la comunidad y la familia tienen oportunidades de contribuir en esta área. La recolección y distribución de suministros, ropa y literatura en proyectos como, Más amor en Navidad, Impacto Esperanzay la recolección de donativos, practicados tanto por la iglesia como por las escuelas, son actividades en las cuales los niños normalmente les gusta participar por sentirse útiles al ayudar al prójimo. Además, otro beneficio es la interacción con personas de todos los niveles socioculturales, lo que las hace sensibles a las necesidades de otros así como a la valorización de su propia vida.
  5. No les dé todo, aunque tenga condiciones. Hay padres que quieren dar a sus hijos todo lo que no tuvieron en la infancia, olvidándose que fue la ausencia de ciertas cosas lo que los hizo fuertes y exitosos. No hay nada de malo en dar a los hijos comodidad y bienestar. El error está en transmitirles la idea de “una vida ganada”, sin que sientan inclusive la obligación de ser buenos hijos, buenos estudiantes, educados, agradecidos, esforzados y laboriosos. Además, es necesario que la vida valga la pena, de lo contrario no tendrá alguna gracia. Muchos hijos ya ni tienen sueños, no necesitan planificar, no tienen necesidad de luchar para alcanzar metas y es muy raro que se frustren. La vida se vuelve sin gracia. ¡Hagan diferente! Sean padres creativos, construyan oportunidades para que ellos luchen por lo que desean.
  6. Ofrezca una educación integral. Es necesario estar atentos no solo al desarrollo intelectual de los hijos, sino también al espiritual, social, emocional, afectivo y educativo. En este sentido, la vida y sus demandas no pueden resumirse en estudiar y hacer tareas. Los hijos necesitan aprender a ser educados con los mayores, a cuidar de los menores, a aprender a hacer las más diferentes tareas del hogar, portarse coherentemente en diferentes lugares, conocer los gastos del hogar y ser responsables por ellos, ser sensibles a los enfermos de la familia. En fin, portarse como un ser humano normal (White, 2004).
  7. Ame incondicionalmente, pero exija resultados. Desde muy temprano, los niños pueden participar de las actividades del hogar de manera eficiente. De acuerdo con la edad, pueden guardar sus propios juguetes, ayudar en el jardín, en la cocina, en las compras, con las mascotas y en la limpieza de la casa, entre tantas otras actividades. Muchas familias pierden esa oportunidad de crecimiento de los hijos empleando ayudantes en el hogar y dispensando a sus hijos de las responsabilidades. El problema se agrava cuando los hijos presentan resultados escolares muy por debajo de su potencial. O sea, no hacen nada en casa y además les va mal en la escuela. El amor que usted siente por sus hijos no debe anular la obligación de presentar buenos resultados.
  8. Busque ayuda profesional cuando sea necesario. Cuando sus hijos comienzan a presentar un rendimiento fuera de las posibilidades de un niño de su franja etaria, es necesario evaluar si usted está exigiendo y demandando poco de ellos o si realmente presentan determinados atrasos en función de algún mal funcionamiento del organismo. Evalúe el promedio de desarrollo de otros niños de la misma franja etaria a fin de verificar una posible necesidad de un diagnóstico. A veces, el niño presenta necesidades educativas especiales, lo que no puede confundirse con bajo rendimiento, falta de voluntad, pereza o irresponsabilidad.
  9. Establezca límites. En el hogar, los padres son los responsables por establecer límites. Para que todo funcione bien, deben respetarse los horarios para dormir, levantarse, alimentarse, salir y llegar. De lo contrario, el hogar será cualquier cosa, menos un lugar agradable para vivir. Es usted, padre, es usted, madre, quien establecerá el tipo de hogar que desea. De lo contrario, en poco tiempo su hijo/a se revestirá de una autoridad tal que usted ya no tendrá más el control de nada.

Apreciados padres, hay hijos que vuelan muy alto en la vida, siendo buenos estudiantes, fieles cristianos, excelentes ciudadanos, profesionales y líderes. Tengo la seguridad de que usted sueña lo mismo para sus hijos. Por lo tanto, no deje para mañana lo que puede hacer por ellos hoy. Restructure su hogar, su estilo de vida. Trabaje con la intención de que ellos tengan fuerza de voluntad, estén motivados, que vean la vida con esperanza. Sobre todo, oren y pidan ayuda a Dios para poner en práctica sus planes.


Referencias y sugerencias de lectura sobre el asunto:

Chapman, G. (2018). As cinco linguagens de amor dos adolescentes. São Paulo, SP, Mundo Cristão.

Cloud, H., & Townsend, J. (2001). Limites para ensinar aos filhos. São Paulo, SP. Editora Vida.

Cury, A. (2006). Filhos brilhantes, alunos fascinantes. Colina, São Paulo, SP. Editora Academia de Inteligência.

Habenicht, D. J. (2011). Como ajudar seu filho a amar a Jesus. Tatuí, SP, CPB.

Hendricks, H. (1999). Aprenda a mentorear. Você pode deixar uma marca de impacto em sua geração. Belo Horizonte, MG. Editora Betânia.

Hendricks, H., & Hendricks, W. (2015). Como o ferro afia o ferro. Santo Amaro, SP: Shedd Publicações.

Nasio, J. D. (2011). Como agir com um adolescente difícil? Um livro para pais e profissionais. Rio de Janeiro, RJ:  Zahat,118 pgs.

Nolte D. L., & Harris, R. (2005). Os adolescentes aprendem o que vivenciam. Rio de Janeiro, RJ: Sextante.

Oliveira, S. (2015). Mentoria: elevando a maturidade e o desempenho dos jovens. São Paulo, SP: Integrare Editora.

Tiba, I. (2010). Adolescente: Quem ama educa. São Paulo, SP: Integrare Editora.

Tulgan, B. (2017). O que todo jovem talento precisa aprender. Rio de Janeiro, RJ:  Sextante.

White, E. G. (2004). Lar Adventista. Tatuí, SP: CPB.

White, E. G. (2005). Mente, Caráter e personalidade. Tatuí, SP: CPB.

White, E. G. (2008). Educação.  Tatuí, SP: CPB.

White, E. G. (2013). Orientação da criança. Tatuí, SP: CPB.

White, E. G. (2004). Mensagens aos Jovens. Tatuí, SP: CPB. pg. 151,

White, E. G. (2011). Ciência do Bom Viver. Tatuí, SP: CPB. pg. 176.

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