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Janete Suárez

Janete Suárez

Educación familiar responsable

La importancia de la educación en el hogar en el cotidiano de la familia

Impacte la vida de sus hijos

El hogar debe ser un ambiente que construya buenos recuerdos, con tiempo de calidad, amor, aceptación y el temor a Dios (Foto: Shutterstock)

Los que tienen niños en casa o conviven con ellos saben cuán intensa, dinámica y valiosa puede ser la vida. Esos pequeños cautivan por las características singulares, tanto físicas como de la personalidad. Impresionan por revelar el milagro de la vida, por la semejanza con los padres, por la piel suave, por las manos y pies tan pequeños, por los gestos, por las palabras y por la forma en la que se desarrollan y aprenden. Cuando ellos llegan, llenan lo mejor del tiempo, los afectos y el espacio. Muestran la vida desde ángulos diferentes, ya sea con la cabeza para abajo, con los pies hacia el aire, de un mundo imaginario, de dentro de una caja de cartón o en el papel de un héroe, una princesa o un villano. Cuando sonríen y finalmente dicen “papá” y “mamá”, nos aceleran el pulso, nos sensibilizan y hasta nos hacen lagrimear.

No hay dudas de que los niños ejercen un gran impacto en la vida de sus padres, profesores y demás tutores. Tienen el poder de motivarlos a ser personas mejores, a cambiar de vida, a luchar por un mundo mejor donde los pequeños se desarrollen felices, libres, protegidos y amados. Sin embargo, en contrapartida es necesario ejercer intencionalmente un impacto también en sus vidas, a fin de que vivan felices y de manera intensa y significativa. Para lograrlo destaco tres aspectos. 

Lea también:

  1. Un impacto que deja nostalgias

En el poema “Mis ocho años”

[1], Casimiro de Abreu expresa nostalgias de su “infancia querida”, llena de cosas lindas, de libertad y felicidad. Él tiene noción de esa realidad que le dieron sus padres y cuidadores de manera intencional o no, que jamás volverá. Pero así, cantando sobre esa infancia, él ameniza las amarguras y enfrenta la dura realidad de la vida adulta. Esa nostalgia es una búsqueda en la memoria de esos tiempos por el cariño y las experiencias felices que pueden inspirar y reafirmar en él sentimientos de aceptación, amor, seguridad y felicidad.

 Mis ocho años

Oh, ¡qué nostalgia que tengo
De la aurora de mi vida,
De mi infancia querida
Que los años no vuelven más!
Qué amor, que sueños, que flores,
En aquellas tardes placenteras
A la sombra de las bananeras,
Debajo de los naranjales!

¡Cuán bellos son los días
Del despuntar de la existencia!
El alma respira inocencia
Como perfumes la flor.
El mar es lago sereno,
El cielo, un manto azulado,
El mundo, un sueño dorado,
La vida, un himno de amor.

¡Qué auroras, que sol, que vida,
Que noches de melodía
En aquella dulce alegría,
En aquel ingenuo descansar!
El cielo bordado de estrellas,
La tierra, de aromas llena,
Las olas besando la arena
Y la luna besando el mar!

¡Oh, días de mi infancia!
¡Oh, mi cielo de primavera!
¡Qué dulce la vida no era
En esa risueña mañana!
En vez de las amarguras de ahora,
¡Yo tenía en esas delicias
De mi madre las caricias
 Y los besos de mi hermana!

[…]

  1. El impacto que deja un legado  

El hogar debe tener un propósito con los niños. Los padres necesitan entender que la infancia determina el futuro de la sociedad, y que lo que el niño será en el futuro depende de lo que se vive en el hogar. Si ellos cumplen su misión con excelencia, los hijos estarán debidamente preparados para enfrentar los peligros y las responsabilidades de la vida. Las palabras de advertencia o de reprobación dichas oportunamente serán de gran valor si se dicen mediante paciente y vigilante amor, mostrando a los niños la dirección correcta que deben seguir y proporcionándoles el cultivo de bellos rasgos de carácter.[2]

Algunos adultos saben quiénes son, de lo que son capaces, cuál es su propósito de vida y se sienten habilitados a arriesgar y enfrentar los obstáculos que surgen. Otros, por desgracia, viven como si estuvieran buscando piezas de un rompecabezas que se perdieron. Teniendo en vista un modelo de formación del primer grupo de adultos, hago uso de las palabras de Frank E. Burkhalter, que ejemplifican muy bien la necesidad de proveer una educación que cumple una misión y deja un legado:

“Los niños son el único material que Dios nos dio con el cual podemos hacer hombres y mujeres. Son los que ocuparán nuestro lugar en el Senado y en el banco de la Corte Suprema. Ellos asumirán el gobierno de las ciudades, de los estados y del país. Ellos estarán dirigiendo nuestras cárceles, iglesias, escuelas, universidades, corporaciones y empresas. Todo lo que hacemos ellos lo alabarán o condenarán; nuestra reputación y nuestro futuro están en sus manos. Toda nuestra obra será de ellos y el destino de la nación y de la humanidad dependerá de nuestros niños. Los niños de hoy serán los hombres y mujeres de mañana. Ellos continuarán lo que nosotros comenzamos. Ellos quedarán exactamente en el lugar que ahora ocupamos nosotros. Y cuando nos vayamos de nuestra vida, nuestros niños cuidarán de las cosas que nosotros consideramos importantes. Podremos trazar mil planes a corto y largo plazo, pero el modo en el que se realizarán esos planes dependerá en gran parte de los niños que hoy educamos [3]

  1. El impacto del tiempo de calidad, amor incondicional y temor a Dios

La Lección de la Escuela Sabática del 4º trimestre de 2020, en la página 28, destaca algunas cuestiones difíciles, pero que deben ser reflexionadas y consideradas en las relaciones y la educación de los hijos, teniendo en cuenta la formación de la autopercepción, la autoestima y la educación espiritual. Las cuestiones son las siguientes:

¿Con qué frecuencia padres e hijos comparten asuntos del corazón? El niño ¿se siente seguro en compartir sus esperanzas, miedos y problemas con los padres? ¿Los padres buscan afirmar continuamente en qué aspectos el niño está yendo bien o solo oye críticas cuando comete un error? Los padres ¿son pacientes cuando el niño tropieza en el aprendizaje de nuevas actividades o responsabilidades? Los padres ¿expresan empatía por sus hijos, recordando cómo era ser niño? Los padres ¿orientan cortésmente a los hijos a tener una relación con Dios o simplemente dejan que se deslice la instrucción religiosa? Los padres ¿son suficientemente seguros y maduros para admitir sus errores y pedir perdón a los hijos, o mantienen continuamente una fachada de perfección que los niños captan con facilidad? Los padres ¿dedican tiempo para dar atención exclusiva a los hijos? ¿Juegan con sus hijos? ¿Fue cultivado y conquistado el respeto entre padres e hijos? Los padres ¿aplican la disciplina en un ambiente tranquilo y controlado o impulsivamente con frustración y rabia? ¿Comunican palabras y acciones de amor y cariño al niño para que sepa que es amado incondicionalmente?

Note que las respuestas a esas preguntas necesariamente deben incluir la relación con los hijos, con tiempo de calidad, amor y aceptación incondicionales y el ejercicio del temor a Dios. Antes de impactar, todavía más, la vida de sus niños, deténgase un poco y recuerde cómo fue su infancia, ¿fue buena o mala? Usted ¿siente nostalgia? ¿Qué repetiría y qué no le gustaría hacer en su papel de padre, profesor o tutor? ¿Qué agregaría a los tres puntos ya citados?

Ahora le toca a usted. Le deseo éxito en el ejercicio de impactar la vida de los niños con los cuales tiene el privilegio de convivir.


Referencias 

[1] Academia Brasileira de Letras – Textos Escogidos https://www.academia.org.br/academicos/casimiro-de-abreu/textos-escolhidos

[2] White, E. G. de. El ministerio de curación, ACES. Cap. El ministerio del hogar.

[3] Adaptado de F.E. Burkhalter. Como Ganhar os Adolescentes. Río de Janeiro: Casa Publicadora Bautista, 1967, p. 11 a 13.

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