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Hildemar Santos

Hildemar Santos

Salud y Espiritualidad

Cómo prevenir enfermedades y tener una vida saludable.

Jesús ¿practicaba actividad física?

Se estima que Jesús haya caminado unos 30 mil kilómetros a lo largo de su vida en la Tierra. (Foto: Shutterstock).

Si usted pudiera entrevistar a Jesús con respecto a la actividad física, ¿qué preguntas le haría? Puedo imaginar algunas personas indagando al Creador del cuerpo humano cuál es el ejercicio ideal. ¿Serán los aeróbicos? ¿Los de resistencia muscular? ¿Los de estiramiento, tal vez? ¿Yoga? ¿Pilates? Si observamos la trayectoria de Cristo mientras estuvo en la Tierra, podemos tener una idea de cómo el respondería a estas preguntas, eso porque, a lo largo de su vida, él practicó al menos dos tipos de ejercicios: el que derivaba de su trabajo y la caminata.

Jesús era un carpintero y trabajaba arduamente con su padre produciendo artefactos e incluso casas de madera (Marcos 6:3). En este caso, su trabajo ya representaba una buena actividad física. Tal vez esto nos parezca extraño hoy, ya que la mayor parte de los trabajos se realizan con máquinas, computadoras y otros aparatos que disminuyen el esfuerzo muscular humano. Incluso el carpintero moderno trabaja con equipos y herramientas eléctricas que demandan poca interacción física.

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La carpintería caracteriza un ejercicio de tipo leve o moderado en términos de gasto calórico. Una hora de ese trabajo puede consumir 246 calorías. Si consideramos otras definiciones de la palabra carpintero, que puede ser un constructor, el gasto calórico aumenta a 387 calorías por hora, esto para una persona que pesa 70 kilos (fuente: nutristrategy.com). De esta manera, la actividad física de Jesús podría ser moderada o incluso intensa. Y así fue durante los primeros 30 años de su vida.

En los tres últimos años aquí en la Tierra, Jesús cambió de “profesión”, cuando pasó a ejercer su ministerio público en las comunidades de Palestina. En este contexto, su principal ejercicio era la caminata. Algunos estiman que él caminó más de 30 mil kilómetros durante su vida, en los que cinco mil, solamente fueron en los últimos tres años (fuente: quora.com). Si consideramos los relatos de Juan 1:15-34 y Juan 2:12, vemos que Jesús salió de Nazaret y pasó por el desierto de Judea, donde fue bautizado por Juan el Bautista, y después fue a Galilea, a las ciudades de Capernaúm y Caná. Todo este recorrido suma 386 kilómetros. Con base en esto, podemos estimar que, en los tres años de su ministerio, Jesús caminaba entre 4,5 a 5 kilómetros por día.

Como no sabemos la altura de Jesús, no sabemos cuánto representa en cantidad de pasos, pero podemos estimar que era aproximadamente 6 mil pasos por día. Eso, probablemente te hace recordar a que los especialistas recomiendan 10 mil pasos diarios para el mantenimiento y la recuperación de la salud, ¿verdad? Bueno, existe hoy una tendencia a prescribir 6 mil pasos como una cantidad mejor que los 10 mil, o por lo menos, es el mínimo ejercicio recomendado.

Caminar es un ejercicio moderado y tiene las siguientes ventajas: es una actividad de bajo impacto y, por lo tanto, casi no contribuye con el desarrollo de osteoartritis de rodilla, columna y otras; no demanda equipos especiales ni entrenamiento; mueve las piernas (los órganos más importantes del cuerpo para el ejercicio y la circulación, pues contienen los músculos y los vasos sanguíneos más largos); representa bajo riesgo de accidentes; puede realizarse en cualquier lugar; no hay contraindicaciones, puede hacerse de forma lenta por personas diferentes; contribuye a la pérdida de peso y a su mantenimiento.

La conclusión a la que llego con este artículo es que, si quisiéramos imitar el ejemplo de Jesús, debemos, si es posible, hacer ejercicios naturales (tal vez en nuestra casa y jardín) y caminar diariamente. Elena de White también aconseja sobre esto: “Una caminata, aun en invierno, sería más benéfica para la salud que todas las medicinas que los médicos puedan prescribir” (Consejos sobre salud, p. 52).

Dios nos creó con piernas, músculos, nervios y articulaciones para que nos mantengamos activos. Si no fuera así, seríamos seres con exceso de grasa, predestinado a permanecer inertes el día entero.

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