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Columna | Heron Santana

El recuerdo que viene del niño del pesebre

Hacer el bien a otros es una forma real de darle un presente a Cristo


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Recordar que el nacimiento de Cristo es una oportunidad de actuar en favor de los demás con actos de bondad (Foto: Shutterstock)

El pesebre está en las casas, calles, iglesias y plazas. En esta época del año, adquiere una presencia que remonta a aquella fecha, aunque se dedique poco tiempo a la reflexión de su significado, con personas atareadas por las demandas de consumo y deberes típicos de esta celebración. Y aunque no se piense nada al respecto, la realidad es que, si hay festejos de navidad, habrá pesebres, el lugar de la natividad.

Es una expresión cristiana del nacimiento de Jesús. Debido al censo en Galilea, según cuenta Lucas 2, José y María van a Belén, y allí nace Jesús. Después del nacimiento, lo envolvieron en trapos, lo acostaron en un pesebre, lugar destinado a la alimentación de animales, ahora improvisado como cuna. Además de los padres del niño, había animales y pastores, guiados por un ángel, que fueron hasta aquella modesta instalación para ver le milagro del advenimiento, que habría de traer esperanza a la humanidad.

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El pesebre comunica esta historia. Y aunque la historia no confirme esta fecha como la fecha real del acontecimiento, los pesebres están como un recordatorio de una promesa que encarnó en un niño nacido en un lugar de tanta simplicidad y amor. “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Reyes que venían del Oriente, guiados por una estrella, le llevaron oro, incienso y mirra a este niño tan imponente en las palabras del profeta.

“¿Qué regalo hubiera llevado yo al pesebre?”, pensé cierta vez. ¿Qué hubiera colocado al lado del pesebre si hubiera estado allí? Pienso en muchas opciones, maneras de materializar el sentimiento personal delante de un acontecimiento tan importante que quedó evidenciado en el Texto sagrado. Hasta que un día leí un artículo que me conmovió, pues me recordó que el niño en el pesebre es el mismo que cierta vez dijo: “En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).

El bien a los niños y niñas entre nosotros

Los hermanos y las hermanas menores de aquel niño están entre nosotros, a la espera de las súplicas respondidas, los deseos más urgentes que la fantasía infantil alimentada por el comercio en esta época del año. Están a la espera del bien que le haríamos al niño del pesebre. Están en las calles, en un número expresivo.

Estos hermanos y hermanas menores de Jesús son los huérfanos y huérfanas de la pandemia, niños que perdieron a sus padres por el coronavirus.

Son niños y niñas desafiados por una sociedad del cansancio, que parece naturalizar la ansiedad y la depresión. Y con una vida corta, estos hermanitos y hermanitas menores de Jesús pierden el sentido de la vida a los 7 años de edad.

Son aquellos que, temprano en la vida, sufren violencia, abandono, hambre y pobreza extrema, refugiados en tiempos de guerra, castigados por estructuras que insisten en tratarlos con tanta crueldad.   

“El bien que se les hace a estas criaturitas, a mí me lo hacen”, fue lo que dijo el niño del pesebre. La Navidad es tiempo de reflexión para la iglesia. De evaluar lo que se está haciendo y de ampliar las posibilidades de lo que puede hacerse en el futuro. El pesebre, entonces, será un recordatorio que transformará las vidas en su comienzo y permitirá que una generación crezca con entendimiento claro de la compasión y el amor que resultan de la inspiración de aquel niño en el pesebre.

Heron Santana

Heron Santana

Iglesia Relevante

Estudios y acciones innovadoras que promueven cambios sociales y ayudan a la Iglesia a ampliar su relación e interacción con la sociedad

Periodista, trabajó en la Radio CBN Recife y en la sucursal del Jornal do Commercio, en Brasil. Fue director de la radio Novo Tempo de Nova Odessa, en el interior de Sao Paulo, y hoy está al frente del departamento de Comunicación de la Iglesia Adventista para los estados de Bahía y Sergipe, Nordeste de Brasil.