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Heron Santana

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Iglesia Relevante

Estudios y acciones innovadoras que promueven cambios sociales y ayudan a la Iglesia a ampliar su relación e interacción con la sociedad

Las lecciones de una juventud dispuesta a cambiar el mundo

Además de abrazar causas, los jóvenes han reconocido su capacidad de ser agentes de transformación. (Foto: Shutterstock)

El libro encontrado entre los residuos trajo transformación personal y colectiva, comunitaria. Cuando encontró la publicación cuyo contenido era Física en un espacio destinado a residuos descartados en su tribu, en Malawi, el adolescente William Kamkwamba comenzó a leer y, entonces, a soñar. Sonó que sería posible traer energía a su comunidad usando la fuerza del viento. Usando el conocimiento adquirido en la lectura y antigüedades descartadas por los habitantes, él construyó una estación eólica que, aunque era rudimentaria, fue capaz de proporcionar luz a las residencias del vecindario.

La historia de William inspiró la película El niño que domó el viento. Él se convirtió en un agente de motivación, realizando conferencias en eventos internacionales. Personificó la fuerza revolucionaria que emana cuando la curiosidad, la creatividad y la pasión típicas de los jóvenes son canalizadas para el bien, para cambiar realidades.

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Nunca fue tan evidente la fuerza de la juventud como agente de transformación. Que lo diga una movilización como Global Goals, una campaña de objetivos globales que involucran a jóvenes signatários de todo el mundo con un mensaje claro: líderes del Planeta, “estamos atentos a ustedes “, dice un trecho de la carta abierta en el sitio de la campaña. ¿Qué quieren estos jóvenes? Erradicar la pobreza, garantizar una agricultura sustentable, luchar por educación de calidad, buscar soluciones para ofrecer saneamiento básico y agua limpia para todos, reducir las desigualdades sociales.

Son causas globales abrazadas por jóvenes soñadores. Las organizaciones pueden no apreciarlos y considerar que se trata solo de arrebatos de la juventud lo que motiva estas manifestaciones. Pero es necesario considerar algo esencial: esta es una era en la que los jóvenes poseen las herramientas de las tecnologías de información y comunicación. Ellos dominan la cultura digital y los canales de divulgación y harán prevalecer el mundo idealizado por ellos, fuertemente marcado por el discurso de la justicia social.

Más que esto, con la pandemia, este espíritu de época se hizo aun más cristalino. Los jóvenes están dispuestos a abrazar causas, aunque las organizaciones no sigan en la misma dirección. ¡Al contrario! Esperan que las marcas levanten sus banderas. Una investigación de Barómetro Kantar divulgada en enero de este año mostró que las generaciones más jóvenes esperan un posicionamiento más proactivo de las marcas, en el sentido de guiar al cambio y no demuestran ningún remordimiento en abandonar la relación y organizaciones donde perciben incoherencia entre el discurso y la práctica, en una especie de “cancelamiento” institucional.

Al parecer, además de abrazar causas, hay un despertar de los jóvenes sobre su capacidad de ser agentes de transformación. Es un hecho que esta no es una realidad capaz de involucrar a toda una generación: hay grupos expresivos de jóvenes que viven valores distintos. Pero llama la atención el número de los que perciben la fuerza que puede prevalecer si una generación se une para un plan capaz de transformar la vida de las personas alrededor del mundo.

Marianna Muntianu, una joven rusa activista ambiental y fundadora del proyecto Plante el bosque: “El coronavirus nos está mostrando que realmente podemos unir fuerzas para resolver problemas globales y, rápidamente, incluso con los  obstáculos y dificultades económicas.

Afirma Louise Mabulo, 21 años, una premiada chef natural de Filipinas, agricultora y fundadora del Proyecto Cacau: “Ahora, más que nunca, el mundo necesita esperanza, de agentes de cambio, jóvenes valientes que son valientes, comprometidos, y pueden liderar el camino para un futuro próspero”.

Percibir el entusiasmo de jóvenes en la transformación del mundo puede servir de reflexión sobre cómo inspirar a los jóvenes cristianos a ser también agentes activos de cambio, no inspirados por una ideología sino por los métodos de Cristo. El mensaje de Juan a los jóvenes “sois fuertes, […] y habéis vencido al maligno”, señalan la fuerza de una juventud capaz de construir su deseo de cambio en el mundo a partir de la Palabra de Dios.

En vez de descuidar el hecho de que está surgiendo una nueva mentalidad entre los jóvenes en la cultura secular, más sensibles a los problemas del mundo y dispuestos a abrazar causas que resuelvan problemas humanitarios históricos y conflictos de derechos humanos, los líderes cristianos pueden ejercer con humildad el papel de observación y de escuchar a esos nuevos agentes y el aparente nuevo modelo mental que inspira a los jóvenes de la era de la pandemia.     Pueden apoyar un plan de acción misionero enfocado en canalizar esta sensibilidad y disposición para mostrar al mundo una acción inspirada por el ejemplo de Cristo, capaz de preocuparse por los detalles de las necesidades humanas y dispuesto a ofrecer transformación de vida que contemple respuestas a los anhelos sociales, personales y espirituales.

El Día Internacional de la Juventud parece ser una excelente oportunidad para ese ejercicio de liderazgo, aparentemente más pasivo, enfocado en observar y escuchar, pero que puede hacer toda la diferencia en este mundo reformateado en el que estamos viviendo.

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