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Heron Santana

Heron Santana

Iglesia Relevante

Estudios y acciones innovadoras que promueven cambios sociales y ayudan a la Iglesia a ampliar su relación e interacción con la sociedad

Jesucristo en la posmodernidad

La forma en que Cristo lidia con las personas habla mucho sobre el tipo de espiritualidad que necesitamos ejercer hoy, período de posmodernidad. Foto: Shutterstock

Hace algunos días, almorcé con un amigo mío, profesor de filosofía. Tuvimos una conversación de aquellas que uno no se olvida. Hablamos sobre la fe, sobre la iglesia, sobre ese momento específico de la historia humana. Y hablamos sobre Jesucristo. A cierta altura, intentamos recordar el último mensaje que escuchamos, en las diferentes iglesias que visitamos, que haya sido centrado solo en la persona de Jesucristo. Fue curioso. No podíamos recordarlo. Entonces reflexionamos sobre esto: la oportunidad que tenemos de mostrar a Jesucristo como respuesta a muchos anhelos y dilemas que experimentados en la actualidad.

Hablar sobre Jesús, vivir a Jesús esencialmente, desarrollar relaciones interpersonales y tomar decisiones bajo la inspiración del ejemplo de Cristo. Mientras conversábamos, recordé una charla sobre tolerancia religiosa y empatía de la que participé en Juazeiro, al norte de Bahia. Abordé el texto del capítulo 1 del libro El ministerio de curación, de Elena de White. El título del capítulo es “Nuestro ejemplo”.

En el texto, es posible notar el estándar ético y moral de Jesús, en sus relaciones sociales, mientras estuvo en esta Tierra. A continuación, tenemos algunos extractos de ese libro.

Cristo vino para todos. “Cristo no admitía distinción alguna de nacionalidad, jerarquía social, ni credo. Los escribas y fariseos deseaban hacer de los dones del cielo un beneficio local y nacional, y excluir de Dios al resto de la familia humana. Pero Cristo vino paraderribar toda valla divisoria” (pp. 15-16).

Cristo no vivió pautado por las polarizaciones políticas o ideológicas.“Nada hubo de artificioso en sus procedimientos. Ninguna diferencia hacía entre vecinos y extraños, amigos y enemigos. Lo que conmovía el corazón de Jesús era el alma sedienta del agua de vida” (p. 16).

Cristo no hacía distinción de clases sociales.“La vida de Cristo fundó una religión sin castas; en la que judíos y gentiles, libres y esclavos, unidos por los lazos de fraternidad, son iguales ante Dios” (p. 16).

Cristo mostró que se preocupaba por la vida de todas las personas.“A la mesa de los publicanos se sentaba como distinguido huésped, demostrando por su simpatía y la bondad de su trato social que reconocía la dignidad humana y anhelaban hacerse dignos de su confianza los hombres en cuyos sedientos corazones caían sus palabras con poder bendito y vivificador. Despertábanse nuevos impulsos, y a estos parias de la sociedad se les abría la posibilidad de una vida nueva” (p. 16-17).

Con la proliferación de iglesias, que quieren sacar a Jesucristo como eje central del mensaje cristiano, corremos el riesgo de banalizar el hecho de que Jesús es la respuesta para los anhelos de la posmodernidad. Nuestro desafío, por lo tanto, es vivir la vida con Dios, por medio del camino que él indicó para esto: Jesucristo. Y de esa forma mostrar a Jesús como un regalo para el mundo.

Hay, sin embargo, un dilema. Al intentar buscar esta experiencia personal con Dios, caemos en las trampas a lo largo del camino. El teólogo Eugene Peterson, en el libro La maldición del Cristo Genérico, enumeró por lo menos cuatro:

En primer lugar, según él, la espiritualidad desarrolló con facilidad y casi inevitablemente posturas elitistas. Ha habido una postura tan exclusiva que solo percibimos tantos hombres y mujeres con los que convivimos en el trabajo, en la comunidad y en la iglesia no hay esa “experiencia espiritual”.

En segundo lugar, en el entusiasmo de tener una experiencia personal, la espiritualidad se desvió de la Biblia, su texto fundamental, y se aceptó el modo atractivo de la autoayuda.

En tercer lugar, expuesta al modelo actual de cultura, la espiritualidad fue diluida o vaciada de toda peculiaridad del evangelio.

Por último, en una reacción a lo que se cree ser una teología “muerta”, la espiritualidad pasó fácilmente a sufrir de amnesia teológica y terminó aislada de cualquier consciencia de los horizontes grandiosos y maravillosos de Dios, dos escenarios vastos en los que somos invitados a vivir la vida cristiana.

Y una reflexión abrumadora. Peterson concluyó diciendo que necesitamos rescatar una “teología espiritual”:

“Teología espiritual es la atención que damos a los detalles de vivir caminando por ese camino. Es una protesta contra la teología despersonalizada, transformándola en un conjunto de informaciones sobre Dios; es un proceso contra una teología funcionalizada, convirtiéndola en un plan estratégico para Dios”.

Poder experimentar a Cristo de modo personal, diario, rutinario, transformador. Imagino el impacto que causaría en el mundo si hubiese un despertar de esa naturaleza en la vida de todos nosotros.

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