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Columna | Helio Carnassale

La triple bendición

La observancia del sábado todavía trae recompensas a quienes permanecen fieles al cuarto mandamiento


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El sábado aún permanece como una alianza entre Dios y el ser humano (Foto: Shutterstock)

Aunque la escritora cristiana Elena G. White haya enfrentado una epidemia (lea el artículo aquí) y nunca haya escrito directamente sobre eso, encontramos un principio bíblico acerca del cual ella escribió muchas veces y que está relacionado con el valor de la salud. Me refiero a la observancia del cuarto mandamiento, que separa el séptimo día como santo sábado del Señor, el único de los preceptos del decálogo que contiene las credenciales de Dios como creador.

En Isaías leemos: “[…] y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado” (Isaías 58:13, 14).

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El Comentario Bíblico Adventista, en el artículo El papel de Israel en las profecías del Antiguo Testamento, destaca siete bendiciones de múltiples aspectos, físicos, materiales, sociales y espirituales, que componían la herencia de Jacob,[i] prometida en Isaías 58 para los que guardasen el sábado.

Esas mismas bendiciones están garantizadas para los observadores del sábado de hoy. En el mismo texto, los editores afirman que “todas las promesas y todos los privilegios del acuerdo fueron transferidos permanentemente del Israel literal al espiritual. Las promesas que todavía no se han cumplido con el Israel literal no se cumplirán jamás o serán cumplidas con la iglesia cristiana como el Israel espiritual. Las profecías que se encuadran en esta última clasificación, deben cumplirse en principio, pero no necesariamente en cada detalle, debido al hecho de que muchos puntos de la profecía se referían a Israel como nación situada en Palestina”.[ii]

“El principio fundamental por el que podemos decir, sin miedo a equivocarnos, cuando una promesa o predicción particular del Antiguo Testamento, hecha originalmente al Israel literal, debe cumplirse con el Israel espiritual, cuando un escritor inspirado posterior hace tal aplicación de ella. […] Sin embargo, ir más allá de lo que está claramente demostrado por un autor inspirado, tanto en el contexto inmediato del pasaje en cuestión, ya sea en el Nuevo Testamento, como en el espíritu de profecía, es sustituir el claro así dice el Señor por una opinión personal”,[iii] continúan los editores.

Bendiciones para quienes observan el sábado

Por lo tanto, los adventistas del séptimo día creen que los escritos inspirados de Elena G. White son una fuente plena de autoridad para hacer aplicaciones secundarias de las profecías del Antiguo Testamento que estaban destinadas a cumplirse primaria y condicionalmente en el Israel literal. Establecido este concepto, estaremos seguros para buscar lo que ella declaró con respecto a los que guardan el sábado hoy y que las bendiciones prometidas al Israel literal aún pueden ser aprovechadas por quienes obedecen el cuarto mandamiento.

Acerca de esa relación, dos párrafos son especialmente reveladores: “Dios creó el mundo en seis días y descansó el séptimo. Él santificó y bendijo al séptimo día y lo hizo su monumento sagrado. […] Los que hacen esto, guardando todos los mandamientos de Dios, pueden reclamar las promesas descritas en Isaías 58:11-14. Las instrucciones que se dan en este capítulo son plenas y categóricas. Los que se abstienen de trabajar en el día sábado pueden pedir bienestar y consolación”.[iv]

“Los que santificaban al Señor Dios en su corazón por una actitud estrictamente devocional, y procuraban aprovechar las horas sagradas observando el sábado lo mejor posible y honrar a Dios llamando delicias al sábado, eran especialmente bendecidos de los ángeles con luz y salud y recibían fuerza especial[v] (énfasis añadido).

A los que reconocen la soberanía del Creador y obedecen a Dios, separando el cuarto mandamiento como santo día del Señor, se les asegura, por la manifestación expresa de la autoridad profética inspirada, la bendición de Isaías 58:14, que comprende: luz, vigor intelectual y bendición de sabiduría; salud, vigor para el cuerpo y emociones saludables; fuerza especial, vigor espiritual capaz de resistir al mal.

Mirando un mundo mejor

La Biblia revela que vivimos en un mundo dominado por el pecado y que sus trágicas consecuencias, enfermedades y muerte, entre tantas otras, son originadas por Satanás, el “dios de este siglo” (2 Cor. 4:4). La fe y la obediencia no actúan como antídoto contra el sufrimiento y las enfermedades, pero una vida de obediencia a los mandamientos divinos ciertamente nos conducirá a una experiencia de confort y consuelo, incluso si somos llamados a enfrentar los reveses de esta vida.

Antes de poner en práctica las recomendaciones sanitarias que tienen como objetivo proteger la salud en estos días tan desafiantes, los que guarden el sábado pueden reclamar la triple bendición. No podemos prever cómo actuará el Señor, pero estamos seguros de que cumplirá su propósito en nosotros (Romanos 8:28).

Por eso, invito al lector a reafirmar su decisión de ser obediente a los mandamientos divinos, incluido el sábado. Sabemos que las promesas de Dios solo se cumplirán plenamente en la eternidad, pero el Señor todavía reserva este tiempo de bendiciones especiales para sus hijos fieles. Que el Espíritu Santo nos habilite a vivir en armonía con su voluntad y a disfrutar de las dádivas de su eterno amor.


Referencias

[i] Dorneles, Vanderlei (ed.). Comentário Bíblico Adventista do Sétimo Dia. Casa Publicadora Brasileña, Tatuí, SP, 2013. Tomo IV, pág. 14-15.

[ii] Idem, pág. 23.

[iii] Idem, pág. 23-24.

[iv] El ministerio médico, p. 282.

[v] Joyas de los testimonios, t. 1, p. 289.

Helio Carnassale

Helio Carnassale

Manteniendo la visión

Teólogo, y magíster en Ciencia de las Religiones por la Universidad Metodista de São Paulo, Brasil. Fue pastor de iglesias y fue orador de la Voz de la Profecía. Trabajó en la Casa Publicadora Brasileña, Superbom, Unasp y desde 2015 es el director de Libertad Religiosa y Espíritu de Profecía de la sede sudamericana adventista.

Teólogo, y magíster en Ciencia de las Religiones por la Universidad Metodista de São Paulo, Brasil. Fue pastor de iglesias y fue orador de la Voz de la Profecía. Trabajó en la Casa Publicadora Brasileña, Superbom, Unasp y desde 2015 es el director de Libertad Religiosa y Espíritu de Profecía de la sede sudamericana adventista.