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¿Qué hace que las iglesias cristianas desaparezcan o crezcan?

Las iglesias cristianas necesitan ser relevantes para la sociedad, pero necesitan de más personas involucradas en la misión.


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En primer lugar, sería muy pretensioso que me aventurara a intentar responder esa pregunta de manera completa y conclusiva en el poco espacio disponible aquí en el área de columnas del portal. Pero, ¿por qué hago esa provocativa pregunta? Bien, para ir en busca de posibles respuestas y reflexionar un poco.

De manera general, hay una preocupación creciente con el debilitamiento o desaparición del cristianismo. En Europa, por ejemplo, de vez en cuando algunas noticias señalan que iglesias cristianas cierran sus puertas y, en su lugar, surgen espacios para negocios de todo tipo. Sale la religión y generalmente entran ambientes de diversión. Y eso ocurre con frecuencia.

En mayo de este año, leí una de las tantas investigaciones del Pew Research Center en que se señaló que la franja de cristianos adultos en los Estados Unidos viene disminuyendo desde 2007. En 2014, 71% de los adultos norteamericanos encuestados dijeron ser cristianos; una disminución de 5 millones de adultos si se compara con 2007, o sea, 8 puntos porcentuales por lo menos.

Pero algunas religiones experimentan un crecimiento. En América del Sur, por ejemplo, en 2014 los adventistas del séptimo día registraron un aumento del número de miembros del orden del 3,55%. La denominación tiene poco más de 18 millones de miembros en el mundo. En América del Sur, en 1915 había poco más de 4.903 miembros y hoy, en ese territorio, son más de 2 millones y 200 mil que afirman profesar esta fe.

 Personas en la misión

Todos esos números no significan nada si no entendemos lo que realmente parece ser importante para determinar si una iglesia cristiana tiene futuro o no. ¿Qué piensa usted que es determinante para que algunas denominaciones se reduzcan tanto al punto de desaparecer o, en el caso de otras, experimentar una curva de crecimiento durante mucho tiempo?

¿Suerte? ¿Preferencia divina? ¿Pura estrategia de márketing? ¿Templos suntuosos? ¿Celebraciones religiosas vibrantes y electrizantes? Si cualquier iniciativa funcionase, no tendríamos iglesias en extinción, ¿cierto? Por tanto, deben existir razones claras para el crecimiento de las iglesias cristianas. Y los cristianos deben pensar en eso.

Creo firmemente, con base en la Biblia (que es el fundamento del cristianismo y eso no cambió y no debe cambiar), que una iglesia fuerte, con tendencia al crecimiento, siempre será hecha por personas en la misión. Simple, ¿no? Tal vez sea simple de afirmar. Me gustó una frase de Eddie Gibbs en la que él comenta que “la misión nunca puede ser reducida al márketing. En caso contrario, su energía motivadora será subvertida por consideraciones promocionales. La divulgación de la iglesia puede ser hecha por ideas de márketing, pero nunca puede ser orientada por el mercado, porque las misiones son un producto del corazón de Dios”. [1]

Misión, algo que Dios estableció, es mucho más do que una frase repetida como loro, en el caso de una iglesia que desea el crecimiento. Nació con Jesucristo. Él definió que la iglesia tendría una misión, la de predicar el evangelio al mundo para testimonio a todas las naciones. Su foco fue esencialmente ese (Lucas 19:10; Juan 3:16-21; Juan 10:11). Podría haber hecho muchas otras cosas y hasta algunas de ellas hizo: curó enfermos, resucitó muertos, orientó a millares en sus dificultades, viajó muchos kilómetros a pie, hizo bellos sermones, desarrolló un grupo de discípulos. Pero todo tenía un objetivo claro: cumplir con la misión para la cual había venido al mundo.

Y considero firmemente que esa misión sólo tiene sentido si fuera cumplida por medio de personas transformadas espiritualmente. El cumplimiento de la misión de una iglesia no se da por el aumento del patrimonio, por conquistas políticas, por la cantidad de recursos que invierte en determinado proyecto, por la calidad de los programas o eventos, ni por la capacidad de influenciar sobre gobiernos u organizaciones en general. Esos factores hasta pueden ser parte de la realidad de las iglesias, pero jamás serán su finalidad.

Una iglesia precisa movilizar personas a la misión. Personas que tienen luchas, dificultades, dudas, miedos, pero que aceptaron ser usadas por Dios para hacer parte del cumplimiento de una misión espiritual con implicaciones no solo aquí en este mundo, sino en la eternidad. Usadas para salvar a otros y consecuentemente hacer parte del proceso de salvación.

Énfasis

 En América del Sur, los adventistas eligieron cuatro énfasis para los próximos cinco años. Y quedé pensando en cada uno de ellos a la luz del concepto de lo que considero factores decisivos para el crecimiento. Se habló de comunicación como un énfasis. No la comunicación en cuanto al uso de herramientas o estrategias solamente. Comunicación como el involucramiento total de las personas para comunicar, de las formas más diferentes, diversas e innovadoras, el evangelio de salvación al mayor número posible de personas por medio de diferentes métodos capaces de sensibilizar desde un niño de tres años hasta un anciano.

Nuevas generaciones más conectadas a Dios es otro énfasis. Como dice el líder sudamericano adventista, pastor Erton Köhler, “modernizar sin mundanalizar”. Interesante. Esa iglesia quiere ser relevante para niños, jóvenes y adolescentes, pero no quiere rebajar los principios. Quiere volverlos atractivos a quien hoy vive con una perspectiva de vida diferente.

Otro énfasis presentado fue el del uso claro e individual de los dones para el ministerio. Una iglesia va a experimentar algún tipo de crecimiento obviamente a partir del momento en que cada persona se concientice y se comprometa con la misión dentro de su capacidad. Hay mucho que hacer de varias formas y hay mucha gente que puede y debe hacer parte de eso. Observar, acomodarse y criticar es fácil, pero no promueve el crecimiento en ningún sentido. Salir de la zona de comodidad es hacer algo y es más difícil, pero genera cambio.

Los adventistas también enfatizarán un nuevo pensamiento sobre la formación teológica. Quieren pastores, o sea, líderes mejor preparados para una iglesia en cambio, en movimiento, que precisa desesperadamente dar su contribución significativa para el cumplimiento de la misión.

Sólo que el núcleo de todos esos énfasis me parece que es las personas en la misión. No hay necesidad de tantos discursos inflamados en los púlpitos ni de tanto esfuerzo para convencer a la sociedad de que las cosas no van bien en muchos aspectos de la vida (político, moral, ético, religioso, etc.). Eso se torna más evidente.

Si la Biblia está en lo correcto (y yo creo firmemente que lo está), el Espírito Santo ya actúa con fuerza e incomoda a muchos. Me está incomodando. Y está incomodando a otros. Está moviendo a la gente. Está enfocado en movilizar personas, como yo, para la misión de cualquier manera.

No tengo respuesta para la pregunta que da título a este artículo, pero sé que yo debo hacer parte de la respuesta en el aspecto del crecimiento. Y debe ser ahora. Porque el momento es propicio, las circunstancias son favorables y Dios espera eso de quien hoy está vivo leyendo este artículo.

Que Dios le use de alguna forma. ¡Usted es una persona en la misión!

[1] Eddie Gibbs. Para onde vai a igreja: mudanças de conduzir ministérios (¿A dónde va la iglesia?: cambios de dirección de ministerios). Curitiba, PR: Editora Esperança, 2012.

Felipe Lemos

Felipe Lemos

Comunicación estratégica

Ideas para una mejor comunicación personal y organizativa

Periodista, especialista en marketing, comunicación corporativa y maestro en la línea de Comunicación en las Organizaciones. Autor de crónicas y artículos diversos. Gerencia la Asesoría de Comunicación de la sede sudamericana adventista, ubicada en Brasilia. @felipelemos29