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Fábio Bergamo

Fábio Bergamo

Marcas & Marcas

El marketing y su relación con la religión

La cuarentena cambió todo

Familia alrededor de una computadora orando ante un servicio digital: ¿tendencia para el futuro? (Foto: Shutterstock)

En las últimas dos semanas, fui invitado y participé de seis presentaciones/webinars/eventos en vivo para hablar sobre un tema que parece estar afligiendo y preocupando a muchas personas: cómo será el consumo pos-pandemia. Ceará, Bahía, São Paulo, Brasilia. Tuve la experiencia de hablar sobre mis opiniones y percepciones con respecto a la vida del marketing, de la publicidad y de la cultura de consumo en los próximos tiempos. El público estaba ávido de escuchar.

En el Centro Universitario Adventista de São Paulo (Unasp), el profesor Heber Sales, uno de los profesores de la carrera de Comunicación Social, la cual coordino, creó el Observatorio de la Propaganda. El foco es estudiar cómo será el consumo y la posición de las marcas cuando se termine la cuarentena. Todo motivado por la avidez de la comprensión y entendimiento de cómo serán las cosas de aquí en adelante.

¿Qué ven por ahí?

Entre diversos puntos que observo, entiendo que las organizaciones, en su relación con el público, será al revés. La tecnología, la vida cotidiana, la batalla por el mínimo de atención de las personas de a poco saldrá de escena, para ir hacia los orígenes: relación, confianza y satisfacción plena. Varias empresas ya lo percibieron, y es el momento que la iglesia también lo perciba. Destaco algunos ítems a continuación:

El regreso de la buena experiencia presencial en la iglesia – Cuando las iglesias se vuelven muy grandes o pierden su esencia como lugar de encuentro con Dios, también se pierde la vida palpitante de una iglesia local. Las personas que por semanas estuvieron viendo los cultos por internet e interactuando poco con los pastores, líderes y hermanos, van a clamar por el calor presencial. Cabe a los líderes sacar a la luz el clima de la iglesia local, de la vida en comunidad, del estudio incesante de la Palabra. Los miembros necesitan de esta experiencia de nuevo, pero de forma más intensa, sin distracciones como eventos con poco sentido y cultos poco participativos.

La valoración de los momentos sociales/presenciales

Después de la pandemia, los investigadores sociales indican que habrá una búsqueda gigante por momentos de integración social, reuniones con seres queridos y familiares y la práctica de entretenimientos simples, como juntarse con los amigos para una buena comida un domingo. Una iglesia necesita crear estas oportunidades. Es hora de beneficiarse con encuentros de jóvenes, de parejas, picnics, entre otros momentos, para fortalecer el sentido de familia.

Las experiencias digitales deben permanecer

El mundo pandémico se volvió más digital, por lo tanto, eso es un hecho. Y las experiencias digitales también deben abarcar a la iglesia local. No me refiero solo a la transmisión de cultos y eventos, sino, por ejemplo, ¿cómo actuaron las iglesias en las redes sociales en este tiempo? ¿Usamos el WhatsApp de forma estratégica durante este periodo, distribuyendo literatura o creando grupos de apoyo y oración, por ejemplo? ¿Hicimos que las personas se acerquen a sus hermanos en la fe y a sus líderes? Si no fue así, todavía hay tiempo, pues la pandemia no va a terminar por ahora. Y después de haber traído la tecnología digital para el día a día de la iglesia, cuando la cuarentena termine, no dejemos de usarla. Que estas prácticas digitales continúen después que la pandemia termine.

Percepción de valor

Con el fin de la cuarentena, las personas considerarán más la forma en que se gastan sus ingresos. Veo que habrá poco espacio para gastos exorbitantes en restaurantes y lugares caros de comida rápida y se buscará una relación costo-beneficio mejor. Claro que, en términos de iglesia, la cuestión del valor es muy diferente a la de la relación de consumo que existe entre consumidor/empresa. No es exactamente de eso que estoy hablando. Pero el principio es muy similar.

Vemos pastores y líderes de diversas denominaciones preocupados y creando ciertos tipos de ‘negocios’ para mantener las operaciones de su iglesia funcionando durante el periodo de cuarentena. Uno de estos ejemplos es la venta de productos, que es una práctica que viene de la Edad Media, y que reapareció en tiempos de pandemia dentro de muchas iglesias. En este sentido, lo invito a reflexionar: ¿será que el miembro de su iglesia considera que estar con usted es algo valioso? ¿Ve el valor de estar allí?

La respuesta a tal pregunta surge a partir de cuánto esfuerzo hace la iglesia local para que los miembros tengan efectivamente un lugar de adoración, de bienvenida personal y de una práctica religiosa consistente. Y fue en tiempos de pandemia, cuando las personas no podían ir al templo a adorar a Dios, que quedó claro cuánto valor aportaba la iglesia local. Por un lado, tuvimos congregaciones y líderes moviéndose mucho, transmitiendo cultos, haciendo estudios bíblicos a distancia, pastores visitando hermanos de forma virtual.

Incluso reuniones de Escuela Sabática con sus actividades desde los más pequeños hasta las clases de adultos y los proyectos de drive-thru. Por otro lado, vemos que la práctica eclesiástica dejaba que desear en un momento en que las personas estaban tan necesitadas de ánimo. Hago nuevamente la pregunta: el miembro de su iglesia, ¿considera valioso estar allí? Vale la pena reflexionar sobre esto.

Tiempo de buenas nuevas

Después de un periodo de malas noticias, las personas están en busca de todo lo que sea optimista y que hable de forma positiva a su corazón. Las marcas ya adaptaron su discurso publicitario a este ítem. Lógicamente, no hay ningún lugar con buenas nuevas de esperanza tan intensas y relevantes como la iglesia. No necesito siquiera enfatizar cuánto espacio de contacto y evangelismo se abrirá en este periodo. Y creo que hasta en lugares que antes estaban ‘cerrados’ a estos temas encontrarán corazones abiertos a una palabra seria y confiable sobre el futuro que nos espera.

La pandemia del COVID-19 nos dejará muchas lecciones en nuestras vidas personales, profesionales, familiares y espirituales. No hay duda alguna de que los cambios culturales que ya están ocurriendo, quedarán establecidos, y la iglesia necesita entender estos cambios y establecerse como baluarte de valor para el mundo en este tiempo que aparenta ser tan sombrío.


Para leer, ver y escuchar más:

Observatorio de la propaganda UNASP-SP – Página de este núcleo de investigaciones sociales que está en su inicio de actividades – https://www.facebook.com/observatoriodapropaganda/

Mientras el mundo para, piensa y repiensa actitudes relacionadas a la cultura y el consumo, la iglesia también reflexiona sobre su posición ante algunos aspectos de la vida cotidiana y eclesiástica.

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