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Edson Nunes

Edson Nunes

Texto y Contexto

Una invitación mensual para el estudio del texto bíblico y el consiguiente asombro con él

Imagen y semejanza (parte 1)

Foto: Shutterstock

El relato de la creación del hombre y de la mujer en Génesis 1 y 2 tiene una serie de aspectos interesantes. En Génesis 1:26- 27, la descripción de la creación de la primera pareja se relata de tal manera que resalta la relación de ellos con Dios. En Génesis 2:5-7 y 2:18- 22, la estructura del texto indica que el objetivo es describir la relación de ellos entre sí y con la creación.

La creación del ser humano, en el capítulo 1, sigue el estándar literario de la sección (1:1- 2:3). En primer lugar, aparece una especie de anuncio de lo que será creado y, a continuación (generalmente con el uso del mismo verbo y expresiones similares), el relato de lo que fue creado. Así, en Génesis 1:26, se hace el anuncio de tal manera que se centre en la función que él (el ser humano) tendría: ser la imagen y semejanza de Dios. Dentro de las varias posibilidades que esta expresión puede tener, una que parece cargar un sentido más próximo al texto a continuación es la del hombre al que le fue delegado el poder de representar a Dios en la creación. Esto porque, luego de decir que crearía al hombre a su imagen y semejanza, la función de este hombre es descrita como “señorear sobre la creación”. Luego de la creación del ser humano (אדם), la orden divina dada a él, además de señorear (רדה), sojuzgar (כּבשׁ) a las otras criaturas. Esta idea de señoreo es la única que diferencia al hombre de las otras criaturas, ya que, a ambos (hombre y criaturas), también se les ordena que fructifiquen, se multipliquen y llenen la Tierra.

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El discurso divino en Génesis 1:28 hace eco de Génesis 1:26, pues en ambos está la idea del dominio sobre los animales, inclusive con el uso de la misma raíz hebrea רדה. También hay ecos del quinto día, con la repetición de los imperativos de Génesis 1:22: fructificar, multiplicar y llenar. Sin embargo, en 1:28 hay un aumento de la orden de sojuzgar la Tierra. Básicamente, el ser humano, creado a “imagen y semejanza” de Dios, debe sojuzgar la tierra y señorear sobre los seres vivientes.

La raíz usada para hablar de sujeción de la tierra es כּבשׁ, que aparece catorce veces en la Biblia hebrea. Es una raíz semítica y ocurre en muchas lenguas semitas, como el acadio, cananeo, árabe, etc. En casi todas presenta el mismo significado del hebreo: sojuzgar, señorear.

Las apariciones de sojuzgar pueden dividirse en cuatro grupos por el objeto al cual se dirige el verbo. El elemento común al cual el verbo se refiere en el primer grupo es la tierra, y es formado por los siguientes textos: Génesis 1:28; Números 32:22, 29; Josué 18:1; y 1 Crónicas 28:18. Sacando el texto de Génesis 1:28, ya visto, y que se trata de una referencia más general, todos los otros hablan de una tierra específica conquistada en batalla.

Tierra sojuzgada

En Números 32:22, repetido en el 32:29, el asunto es la división futura de la tierra y se hace un acuerdo con los hijos de Rubén y de Gad para que ellos se juntasen al resto del pueblo en la conquista de la tierra de Canaán y cuando esta fuese, por fin, sojuzgada, ellos podrían poseerla. Josué 18:1 lidia exactamente con la división de la tierra de Canaán y, ya que en aquel momento buena parte de ella estaba sometida, Josué decide dividirla con las tribus que aún no habían recibido su herencia. La idea que se sugiere en estos textos es de que la tierra está sojuzgada porque Dios la entregaría (y en Josué, entregó) a Israel y cumpliría su promesa.

Por fin, de la misma manera, está 1 Crónicas 22:18. En el discurso de David a Salomón, donde habla sobre la tarea de la construcción del Templo, ahora que toda la tierra estaba “sometida” y en “paz”. La raíz כּבשׁ también puede estar conectada a naciones y eso solo ocurre una vez en 2 Samuel 8:11. Se trata de la narrativa de diversas victorias militares de David y de todo lo que él había consagrado a Dios de “todas las naciones que había sometido”, terminando con el final del versículo 14: “Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue”. Tenemos, por lo tanto, la relación de “someter” y el actuar divino en el mismo contexto: David somete a las naciones porque Dios le va dando las victorias.

Un tercer uso tiene relación con quien desempeña la acción: Dios. Ocurre en Miqueas 7:19, donde el profeta promete que Dios se volverá a su pueblo y tendrá misericordia y “sepultará nuestras iniquidades”. La acción de sepultar es, en este caso, no solo más abstracta que en los casos anteriores, como es hecha por Dios. En Zacarías 9:15, en un oráculo de castigo a las naciones y la promesa de un rey a Sión, YHWH garantiza protección y victoria sobre los que combaten con hondas, pues ellos serán “devorados” por él. Dios sojuzga a los hombres malos, enemigos de Israel. Aquí, el uso de “sojuzgar” es una acción concreta ejecutada por Dios. En todos los otros versículos la acción de sojuzgar involucra alguna promesa divina, u orden de Dios, pero solamente en estos dos versículos aparece ejecutada por Él.

El grupo más numeroso es el que trata de “sojuzgar” otros hombres (o mujer – Ester 7:8). En 2 Crónicas 28:10, luego de una guerra entre Israel y Judá, Israel, victorioso, lleva hombres cautivos y es reprendido por el profeta Oded por “sujetar a los hijos de Judá”, haciéndolos esclavos, llevando a que Dios se enojara contra Israel. En la aparición doble de Jeremías 34, versos 11 y 16, el contexto es de opresión también. Judá había resuelto arrepentirse y liberar a los esclavos, pero vuelve atrás y retoma la esclavitud enseguida, sujetándolos, contra la voluntad divina. Amós 8:4 es un oráculo contra Israel porque le gusta explotar a los menesterosos. También en este contexto, Nehemías 5:5 trae “sojuzgar” relacionado a la esclavitud, pero ahora como fruto de una queja de los israelitas dirigida a Nehemías, diciendo que el proyecto para la reconstrucción de Jerusalén hizo que ellos dieran a sus hijos y los hicieran esclavos. Todos estos textos tratan de la realidad de la esclavitud y usan la raíz כּבשׁ con un sentido de opresión.

Es decir, de manera clara los verbos usados para describir el dominio del ser humano sobre la creación es el señorío completo de él sobre la misma. El hombre es la imagen y semejanza de Dios porque, como Dios es el rey, él concede al hombre el poder de reinar. Esto significa que el principio imago Dei desemboca en imitatio Dei.

Bibliografía:

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