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Diego Barreto

Diego Barreto

El Reino

Vivir ya el Reino de Dios mientras él todavía no volvió. Una mirada cristiana al mundo contemporáneo.

Buenas intenciones…

Las buenas intenciones deben manifestarse en acciones (Foto: Shutterstock)

Hay un creencia boba de que el pecado está en nuestras acciones. Cristo mismo dijo que va más allá de eso: está en las intenciones. Por lo tanto, alguien puede pensar que alcanza solo con tener siempre buenas intenciones. Pero Santiago deja bien claro que no actuar también es pecado. Solo tener buenas intenciones no sirve de nada. “Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).

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Siendo así, la vida en el Reino de Dios es mucho más que un comportamiento aparente o una intención vacía. Allí, la buena intención se encuentra con las buenas acciones. El Nuevo Testamento tiene hasta un término técnico para eso: “buenas obras”.

No es posible que un hijo de Dios, un seguidor de Cristo, pase por esta vida de manera pasiva y cómoda, porque no habrá comodidad definitiva por aquí mientras tengamos hermanos que están sufriendo. Pero la actitud activa de un discípulo de Cristo por la vida y por el mundo lo pone en una búsqueda constante por interferir. “Abre tu boca por el mudo en el juicio de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso” (Proverbios 31:8, 9).

Nuestro llamado es el de interferir en lo malo, en lo que trae sufrimiento sobre nuestros hermanos. En el último texto, denuncié la dictadura del resentimiento que nuestro yo intenta imponer, la búsqueda individual por la dignidad propia, y el orgullo. Sin embargo, si el cristiano está presente haciendo su parte, el orgullo no encontrará motivos para manifestarse, ya que somos llamados a luchar por la dignidad del otro. “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:24).

Renuncia al yo

En este sentido nuestro llamado no es a sentarse en cómodos bancos, sino a interferir positivamente, para ser el brazo amoroso de Jehová. El lado activo del egoísmo es la ganancia, tomando todo para sí, conquistando y venciendo en causa propia. Sí, “El egoísmo es la esencia de la depravación” (Consejos sobre Mayordomía cristiana, p. 27), su brazo extendido, su lado práctico de comportamiento activo es la ganancia. Por eso, “el amor al dinero es la raíz de todos los males” (1 Timoteo 6:10), porque es la misma esencia de lo que estamos hablando, el deseo egoísta puesto en práctica.

El amor al dinero es la manifestación más obvia, evidente, presente, histórica de nuestro egoísmo en acción. Es la ganancia materializada. Ante la terrible realidad de las maldades de este mundo, podemos sentirnos impotentes. Y por eso nos acomodamos en la inacción. Llega a ser cómodo dejar que otro actúe en nuestro lugar, esperar que Dios interfiera de maneras milagrosas, limitarse a oraciones poco profundas o solamente a ir a la iglesia mientras esperamos que Jesús regrese. Estas son todas situaciones de comodidad. La apatía es cómoda. El conformismo es conveniente.

Algunos creen que lo contario de la ganancia es la apatía. Si luchar por el dinero parece malo, mejor aceptar la pobreza. Sin embargo, la apatía no es lo opuesto de la ganancia. La apatía es el lado pasivo del egoísmo, el otro lado de una misma moneda. En el lado activo del egoísmo encontramos poder. En el lado pasivo encontramos comodidad. La esencia es la misma. El lado contrario al egoísmo es la entrega.

Dios nos llama a imitar a Cristo, que venció donando, entregando todo. Solo así nos enfrentamos con quiénes somos y enderezamos nuestra naturaleza caída. Es dando y entregando que somos el brazo activo del Señor. Es actuando en favor del otro que somos la nota detonante del mundo caído. Es gastándose activamente en buenas obras que imitamos a quien dio su vida en nuestro favor.

Pero, solo podemos entregar lo que tenemos. Entonces, tener a Cristo, buscándolo siempre activamente para que su presencia, su camino y su instrucción estén con usted. No hay pasividad, hay búsqueda. Todo esto es para que usted tenga recursos, no para sí mismo, sino para que sus manos los distribuyan.

¿Es mejor que el recurso esté con un impío o con un mayordomo del Señor? Solo no se ilusione creyendo que la solución del evangelio está en la riqueza. No lo está. Dios solo le dará recursos si los entrega a otros, si usted es un canal de justicia. El amor al dinero, y emplearlo para beneficio propio, es dolor y daño (1Timoteo 6:10). Finalmente, que usted dedique su vida para entregarla a su hermano que clama en necesidad, que clama por justicia.

Si el mal es activo en este mundo, que los súbditos del Rey sean más activos todavía.

 

 

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