Noticias – Adventistas

Carolyn Azo

Carolyn Azo

Desafíos espirituales

Reflexione sobre las vicisitudes de la vida en su caminar diario con Dios y sepa que aún existe esperanza.

Vivir se ha vuelto un desafío

Cada 40 segundos una personas se quita la vida en el mundo. Imagen: shutterstock

Es septiembre, se supone que debería reverdecer mi alma, es el mes de la primavera y debería ir al son de la naturaleza. ¿Será que hasta el 23 habrá cambiado algo en mí?

Me estoy esforzando por ver la luz del sol desde el alva hasta el atardecer. Sin embargo los rayos viajan tan rápido que no logro tomar algunos y guardarlos en mi interior. Pero aguarden, no necesito tormarlos, puedo dibujarlos en mi mente y aún más brillantes; incluso pintar jardines con un par de jazmines junto a un rosal alimentados por un riachuelo. ¿Qué les parece? ¡Qué hermosa que es la vida!

Lea también:

¡Misericordia, por favor!

Salgo a la calle, doy una vuelta a una “selva de concreto”. A lo lejos veo un grupo de chiquillos en el parque con guitarras y cajón. A simple vista parecen disfrutar el momento. Sus sonrisas borran sus problemas, e interactúan sin temor.

Por otro lado, me traslado a uno de los departamentos del barrio y logro “ver” a Enma acostada en su cama, tomando a su almohada de ambos lados, sosteniéndola como si estuviese traspasándole un dolor sobrenatural. Sus ojos se ven cansados de tanto llorar, parece que hace más de una semana que no sale de casa. He oído decir que es una presumida, que no se junta con nadie y que anda amargada todo el tiempo. Se aisla.

Ayer la busqué por nombre en Facebook; fue difícil encontrarla. La foto de su perfil era un tanto lejana. En la imagen veía su silueta sentada al borde de una montaña con la mirada hacia abajo, frente a un hermoso atardecer. Me pregunto, ¿qué pasará por su mente?

Hace unas dos semanas que vengo observándola y pienso en ella siempre. Cuando va al trabajo parece molesta todo el tiempo, no la veo sonreír con facilidad. Por las mañanas llega con mucho sueño y los ojos frecuentemente hinchados.

Reviso mi timeline y leo una frase que dice más o menos así: si quiere que su día sea feliz y brillante, no se acerque a personas negativas, porque lo pueden contagiar. Rodéese de personas positivas.

Me pongo a pensar en Enma. Sigo ojeando mi timeline en Facebook y encuentro una frase que un amigo en común acaba de compartir de ella (encima un emoticón triste): “El mundo sería más feliz sin mi presencia”. Tengo dos opciones: ignorar lo que ha escrito o enviarle un mensaje privado.

Sé que suena ridículo, pero le preguntaré si tiene alguna novedad para mí. Ese mensaje que publicó me dice mucho…Ella no responde.

Tal vez sea cierto. Creo que no debo acercarme a personas de ese tipo.

Al siguiente día, martes, la veo en una esquina del edificio donde trabajamos, revisando su celular. Tengo ganas de acercarme a ella. Lo hago, la miro a los ojos pero ella me evade con su mirada. La saludo, me saluda ,y le digo que tendremos un almuerzo con los chicos el domingo. La invito, sin importar si su respuesta es negativa. Ella me dice que irá. “Genial”, le respondo. Me retiro, porque siento que desea estar sola. Sin embargo, me da pena verla solita y escuchar a la gente hablar mal de ella.

Los días pasaron. Llegó el domingo pero ella jamás llegó. ¿Por qué será que no llegó? Está atardeciendo, voy al último piso del edificio y veo como el sol se va ocultando y su foto de perfil aparece como flash en mi mente.

Me despido de los amigos. Llego a casa y me preparo para el siguiente día. Luego duermo y el reloj suena. Un nuevo día inicia y me acuerdo de esa música que oí en YouTube unas semanas atrás…”La vida es tan bonita. Un plan hay para mi vida. Estoy aquí para amar, para reír y cantar”. Y la voy tarareando hasta llegar a la oficina. Veo un tumulto en la oficina de Enma y algunas colegas gritando. Pregunto lo que está pasando, pero no encuentro respuesta. Parecen todos desconcertados. Cuando yo misma me acerco a la oficina veo un cuerpo sin vida. Y parece que en un segundo ella me dice: “Estaba esperando que vayas a mi casa y que almorcemos juntas. Tenía tanto para contarte”.

¡Oh Señor mío!

Me levanto de un salto de la cama, sumamente asustada. ¡Gracias a Dios todo esto fue una pesadilla! Digo para mí misma: “calma, aún puedes hacer algo por Enma, puedes salvarle la vida”.

Esta historia ficticia se repite cada 40 segundos en el mundo real, así o peor. La depresión está matando lentamente a la luz de un pensamiento de muerte.

Es septiembre, mes donde nos unimos para luchar por la vida, para arrebatarle al dolor del alma, amigos, familiares y conocidos.

Entendamos que, Enma no estaba lejos de Dios, no era presumida, ni amargada, ni llorona. Era un ser humano dando señales de que su dolor emocional era mayor que sus fuerzas para vivir. Lástima que tendemos a colocar etiquetas sin conocer; a tildar, sin conversar; a rechazar, sin ayudar.

La tristeza que a millones de terrestres les ha tocado vivir no es sino una señal opuesta de que existe esperanza en Jesús. Bien lo decía Jesús: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. (Juan 16:33)

Si ves señales de desesperanza por buen tiempo en alguien, acércate. No esperes que vaya a las reuniones que lo invitas, porque no irá facilmente. Hazte su amigo (a), conversa sobre el tema y rompamos el silencio, el tabú del suicidio.

Para ti llega la primavera, y si no llega dibujas el sol y reverdeces tu vida, pero para ellos eso es casi imposible. Recuérdalo.

Y tú, si estás en depresión, busca la ayuda de un psiquiatra o un psicólogo. Te queremos vivo, eres parte de nosotros. ¡Lucha por lo más valioso que tienes, tu vida!

¡Yo le digo, sí a la vida!  ¿Y tú?

Noticias Relacionadas

WordPress Image Lightbox Plugin