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Cambió estabilidad por propósito: psicóloga ecuatoriana vive un año en misión en Brasil

La historia de Eli Tuarez refleja fe, propósito, entrega y la decisión de salir de la zona de confort para responder al llamado de Dios.


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Eli Tuarez, vive su propósito y representa a la Iglesia Adventista en Ecuador en el proyecto OYIM. (Foto: OYIM DSA)

Desde El Empalme, en la provincia de Guayas, Ecuador, hasta la ciudad de Manaos, en el corazón del Amazonas brasileño, Eli Adriana Tuarez Ochoa decidió dar un paso que cambiaría su vida. Tras una década de trabajo en el sistema educativo adventista y luego de concluir una maestría en Psicología Clínica, dejó su empleo estable por un propósito: dedicarse durante un año al servicio misionero.

Actualmente forma parte del equipo de voluntarios del proyecto Un Año en Misión (OYIM, por sus siglas en inglés), iniciativa que impulsa a jóvenes profesionales a involucrarse en acciones de evangelismo y comunitarias. En Manaos, su labor incluye apoyar la plantación de una nueva iglesia, fortalecer una congregación local y participar en actividades sociales que buscan impactar a la comunidad.

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Un llamado que nació en la adversidad

El deseo misionero no comenzó recientemente. A los 12 años, Eli enfrentó una enfermedad que la dejó sin caminar durante un año. Con paciencia, terapias y oraciones, reaprendió a caminar, y esa experiencia marcó profundamente su vida. “Sentí que Dios me dio una nueva oportunidad. Siempre me dijeron que si estaba viva era por un propósito, y que todo lo que hiciera debía ser para Él”, enfatiza.

Desde entonces decidió prepararse profesionalmente para servir mejor. Participó activamente en proyectos de la Iglesia Adventista como Misión Caleb, Escuela Cristiana de Vacaciones, OYIM a nivel local, campamentos, entre otros, que fortalecieron su espíritu misionero.

Una fe que se fortaleció sirviendo

Adventista de cuna, Eli afirma que su fe no es solo tradición, sino una convicción personal. “La Iglesia Adventista es mi casa. Me gusta su organización, la manera en que involucra a todos en la misión. No me imagino mi vida sin estar participando en algún proyecto para Dios”, expresa.

Oración de consagración a Eli en las oficinas de la Iglesia Adventista sede Norte. (Foto: Carlos Suarez)

El momento de decir “sí”

Dos años atrás, durante un culto de consagración de misioneros, sintió el impulso de ponerse en pie cuando se hizo un llamado especial de oración para quienes deseaban prepararse para servir. Meses después, el líder de jóvenes para el norte del país, pastor Óscar Miranda, la contactó para preguntarle si podía enviar su nombre para el proyecto.

“Llené la ficha pensando que no sería seleccionada. Pensé que había personas más jóvenes o mejor preparadas, pero Dios tenía otros planes”, menciona Eli con emoción.

Cuando el propósito es mayor que la comodidad

Antes de aceptar el llamado, Eli trabajaba como psicóloga en el sistema educativo adventista. Vivía sola, tenía estabilidad laboral y personal. Sin embargo, cuando recibió la confirmación, no dudó. “Empecé a vender, regalar y organizar mis cosas. No me costó dejar lo material. Extraño a mis amigos y familia, claro, pero siento que es importante incomodarse para crecer”, afirma.

Cuenta que nunca sintió miedo ni ansiedad. Todo el proceso, documentación, vuelos, despedidas; fluyó con naturalidad y menciona que sentía que Dios abría cada puerta, llenándola de paz.

Eli sosteniendo la bandera de Ecuador junto a los representates de OYIM Sudamérica. (Foto: OYIM DSA)

Misión en el corazón del Amazonas

El proyecto OYIM en Manaos contempla:

  • Plantación de una nueva Iglesia Adventista
  • Revitalización de una congregación existente
  • Creación y trabajo en un Centro de Influencia
  • Acciones solidarias comunitarias

Para Eli, su principal expectativa es “desafiarse”, salir de la rutina y fortalecer su relación con Dios.

Un mensaje para los jóvenes

Eli anima a los jóvenes que aún dudan en participar en proyectos misioneros. “Hay que atreverse. Aunque tengamos miedo. Relacionarse con otros y llevar el amor de Dios transforma nuestra manera de ver la vida. No estamos solos; Dios nos fortalece y nos capacita”, destaca.

Hoy, desde Manaos, Brasil, esta psicóloga ecuatoriana vive su tercer proyecto misionero, el primero fuera del país, convencida de que la misión no es una carga, sino una oportunidad para conectarse más con Dios y mostrar Su amor al mundo.

Vea más fotos del servicio misionero de Eli:


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