Atleta y medallista paralímpica realiza su sueño de pertenecer al Club de Conquistadores
Suélen Rodolpho, destacada atleta internacional de esgrima en silla de ruedas, recibió el pañuelo amarillo y fue bautizada junto a su hija.

El brillo en los ojos de Suélen Rodolpho al recibir el pañuelo amarillo del Ministerio de Conquistadores durante el Camporí, el día 22 de noviembre, tenía más que emoción. Tenía historia, tenía espera. A sus 34 años, la madre de Laura (10 años) y Amanda (4) y exatleta de la Selección Brasileña de Esgrima en Silla de Ruedas finalmente vivió un sueño que algunos creían imposible en su infancia: participar de la agrupación que siempre admiró.
El Parque de Eventos de Gravataí, en Rio Grande do Sul, Brasil, fue el palco de algo más que una ceremonia en la que ella fue reconocida de forma oficial como conquistadora. Allí, entre carpas, sendas y canciones, Suélen concluyó un camino de regreso a la iglesia y a una comunidad en la cual hoy se siente, de hecho, integrada y acogida.
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Quien observa el semblante de Suélen hoy difícilmente imagina los desafíos que enfrentó. “Soy la menor de cuatro hermanos y, al momento de mi nacimiento, mi madre descubrió mi discapacidad”, detalla. Ella nació con mielomeningocele, una malformación de la columna que puede ocurrir durante las primeras semanas de gestación, con chances de causar paraplejía y otras complicaciones.
A los dos meses de vida, pasó por su primera cirugía correctiva. Durante su infancia, pudo caminar con el apoyo de muletas, enfrentó diversos procedimientos, fisioterapia y largos periodos en hospitales. En su adolescencia, una complicación derivada de la cirugía inicial le inmovilizó la médula espinal y le impidió caminar. Tenía solo 16 años cuando escuchó por parte del médico que sería necesario decidir: arriesgarse a un nuevo procedimiento sin garantía de mejora o aceptar el uso permanente de una silla de ruedas.
La entonces adolescente eligió el camino de la autonomía, incluso sabiendo que eso exigiría una nueva adaptación. Sin embargo, su estructura familiar sería esencial desde ese momento en adelante. “Tuve una base familiar muy buena. Mi madre era enfermera y siempre me incentivó a hacer todo lo que yo podía hacer. Además, nunca tuve vergüenza de mi cicatriz. Es parte de mi historia”, afirma.
El deporte que cambió su camino

Fue también a los 16 años que Suélen conoció la modalidad deportiva que sería su pasión: esgrima en silla de ruedas. Viviendo en Taquara, viajaba tres veces por semana a Porto Alegre con el apoyo del municipio para entrenar. No mucho tiempo después, llegaron dos invitaciones que reconocieron su talento. “En la segunda semana en la que estaba entrenando, me invitaron para competir y, ese mismo año, cerca de seis meses después, me llamaron para ser parte de la Selección Brasileña”, cuenta, aún sorprendida con la rapidez de los acontecimientos.
Entonces vinieron años representando al país, viajando por Francia, Canadá, Alemania, Polonia, Hungría, Italia, Japón… lo que le dio más de cien medallas en torneos nacionales e internacionales. “Incluso lideré el ranking nacional de mi categoría durante unos siete años… y también participé de los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro en 2016 porque se abrió un cupo después de la divulgación del doping en atletas de Rusia”, recuerda.
Sin embargo, ser atleta de la Selección tenía un precio. Los viajes eran frecuentes y el tiempo cada vez más escaso. En 2018, cuando su hija Laura había cumplido 5 años, la esgrimista decidió dejar el equipo y dedicarse más a la familia, pero sin abandonar por un tiempo las competiciones nacionales.
Regreso inesperado
Aunque fuera hija de una familia adventista de tercera generación, Suélen relata que, en la adolescencia, terminó alejándose de la vida comunitaria. Ella recuerda que deseaba ser parte del Club de Conquistadores, pero, en esa época, no tuvo condiciones que le permitieran permanecer. Hoy, sin heridas, revisita ese periodo con serenidad y reconoce que su camino de regreso llegó en el momento justo.
Pero antes que eso ocurriera, cuando vivía en Porto Alegre, en 2022, Suélen pasó por la pérdida del marido, un acontecimiento abrupto, difícil de abarcar en palabras, que alteró de forma profunda el curso de su vida. Aun así, entre las exigencias de lo cotidiano y la fe que nunca abandonó completamente, encontró caminos para seguir con sus hijas, paso a paso, hasta que otros capítulos comenzaran a ser dibujados más adelante.
Llegaron nuevos cambios cuando regresó a Taquara y empezó a llevar a su hija Laura a las reuniones del Club de Aventureros, ya que la niña aún no tenía la edad para participar del otro ministerio. Acompañando la rutina de su hija, se vio cada vez más cerca nuevamente de la comunidad que había dejado atrás. Fue en ese simple reencuentro que surgió la invitación inesperada y, en el fondo, tan soñada.

Oración respondida
Efraim Melo, director del Club de Conquistadores de la iglesia local en ese periodo, recuerda exactamente el día en que sintió que necesitaba llamarla. “Estaba yendo al trabajo y, entonces, vino un pensamiento insistente: invítala”, cuenta. Al recibir la invitación, Suélen reaccionó con profunda emoción. Confesó que oraba en privado para que alguien, algún día, la invitara a participar, y que no tomaba la iniciativa por sentirse avergonzada.
Ella no solo ingresó al Club, sino que también empezó a ser parte activa del equipo, reencontrando su camino. “El Club necesita ser inclusivo. Todos ayudamos. Lo más lindo de todo eso es ver su felicidad. La alegría que observamos en ella también nos hace felices”, reflexiona el líder.
El sueño que también se cumplió en su hija
El pastor actual de la iglesia que ella frecuenta, Joezer Mello, fue testigo de cerca no solo de su regreso espiritual, sino también del renacimiento emocional de Suélen. “Es interesante porque ella decía que estaba cumpliendo su sueño de ser ‘conquistadora’ en la vida de la hija. Entonces, cuando escuché eso, dije: ‘¿Pero por qué solo ella? Tú también puedes serlo’”, recuerda.
Movida por el incentivo y por el nuevo caminar en la fe, Suélen tomó la decisión de demostrar su fe de forma pública por medio del bautismo. Desde el inicio del Camporí del Club de Conquistadores en Rio Grande do Sul, en el último jueves, ella se emocionaba al ver a otros conquistadores siendo bautizados. “Y ella se aseguraba de resaltar: ‘pasado mañana va a ser el mío. Seré yo dentro del bautisterio’. Entonces, todo ese momento fue muy especial”, resalta Mello.
Para hacer que el día fuera más especial, su hija Laura, quien ya estudiaba la Biblia hace algún tiempo, también fue bautizada en la misma ocasión. Poco después, Suélen realizó su esperado deseo: recibir el pañuelo, máximo símbolo del club que por tantos años soñó en usar.

Un camino que inspira
Hace nueve meses en la agrupación, Suélen ha participado de campamentos, vio a su hija cumplir 10 años e ingresar oficialmente en el Club de Conquistadores. Inclusive, fue invitada a servir como consejera y vivió experiencias especiales al cumplir requisitos de especialidades como Perros, Origami y Natación.
Cuando habla sobre discapacidad, Suélen amplía el horizonte. “Todos tienen sus particularidades. No podemos dejar que las cosas malas nos afecten. Si alguien me mira mal, hoy ya ni me doy cuenta. Me enfoco en el objetivo que quiero alcanzar y vivo normalmente”, dijo.
En el día a día, Suélen trabaja como bibliotecaria en el Instituto Adventista Cruzeiro do Sul (IACS), donde también estudian sus hijas, rutina que cumple con gran determinación. “Mi convicción es que, un día, quiero estar en el cielo, andando perfectamente junto a mis hijas”, comentó.
Hoy, con el pañuelo sobre sus hombros y un testimonio que habla por sí solo, ella no solo es una nueva conquistadora, sino también un símbolo vivo de cómo las comunidades que acogen transforman caminos enteros.

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