Aldea indígena encuentra la Iglesia Adventista después de descubrir el sábado bíblico
En una remota región amazónica, en Brasil, el pueblo Palikur mantiene viva su fe y comparte esperanza con otras comunidades.

En el extremo norte de Amapá, Brasil, la historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) en la Aldea Tawari desafía la lógica del evangelismo tradicional: fueron los propios miembros del pueblo Palikur quienes salieron en busca de la Iglesia, y no al revés. La aldea está ubicada en la Tierra Indígena Uaçá, cerca de la frontera con la Guayana Francesa.
Para llegar hasta allí es necesario viajar hasta Oiapoque y enfrentar aproximadamente diez horas de navegación por los ríos amazónicos. A pesar de la distancia, la fe permanece viva entre las 13 familias Palikur que habitan la aldea.
Lea también:
- Encuentro de músicos en Uruguay forma misioneros para compartir el evangelio a través de la música
- Voluntarios brasileños revitalizan el primer centro adventista de Vietnam
La fe que atravesó los ríos

La historia comenzó en las décadas de 1980 y 1990, cuando los miembros de la comunidad Palikur conocieron las enseñanzas bíblicas sobre el sábado y comenzaron a guardarlo. Más tarde, el cacique Emílio, conocido como Simeão, descubrió que existía una iglesia que también observaba el sábado y decidió buscarla. Esa iniciativa abrió el camino para la llegada del pastor Raimundo Cutrim, quien realizó los primeros bautismos en las aguas del río junto a la comunidad.
Henrique Leôncio, líder de la aldea y director de la iglesia local, recuerda ese período con gratitud. “En los años 90, mi padre pidió este evangelio para nuestra comunidad. El mensaje llegó hasta nosotros y hasta ahora seguimos obedeciendo la Palabra de Dios”.
Leôncio también destaca el apoyo recibido a lo largo de los años. “Agradecemos a la misión. Los equipos llegan aquí, conversan con nosotros y nos enseñan cómo caminar en el camino de Jesús. Como dirigente de la iglesia, agradezco a Dios por ello”.
Misioneras de la selva

La nueva generación asumió el mismo compromiso. Aunque no dominan el portugués, Adelaide y Shirley Leôncio participan en la colportaje para llevar esperanza a otras comunidades. Adelaide afirma que Dios la capacitó para esa misión: “Dios me enseñó a hablar portugués y a llevar salvación a las personas. Es muy bueno conocer a personas que necesitan de Dios”.
Shirley añade: “No queremos aprender la Palabra solo para nosotros. Queremos llevar el amor de Dios a las personas que necesitan salvación”.
Desafíos que no detienen la misión

El acceso únicamente por vía fluvial resume el principal desafío pastoral de la región. El pastor Celso Silva, quien acompaña a la comunidad, habla con franqueza sobre las limitaciones: “La distancia y el difícil acceso hacen que nuestro mayor desafío sea ofrecer la atención pastoral que deseamos brindar”. Aun así, cada visita fortalece el vínculo con la comunidad.
“Cuando estoy allí, veo su perseverancia por el evangelio. Eso me motiva y me llena de alegría”, afirma Silva, quien ya está planificando nuevas acciones misioneras para los próximos meses. Leôncio resume lo que sostiene esa fe en medio del aislamiento:
“Agradecemos a la misión. Los equipos llegan aquí, conversan con nosotros y nos enseñan cómo caminar en el camino de Jesús”.

También puedes recibir este y otros contenidos directamente en tu dispositivo. Inscríbete en nuestro canal en Telegram o WhatsApp.
¿Quieres conocer más sobre la Biblia o estudiarla con alguien? Haz clic aquí y comienza ahora mismo