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Wilson Borba

Wilson Borba

Sola Escritura

Doctor en Teología. Nació en Cruz Alta, RS, Brasil. Actúa como profesor y director del SALT-FAAMA. Descripción: Las doctrinas bíblicas explicadas de manera simpe y práctica para la vida cristiana.

Nacimiento de Cristo

Nuevamente nos aproximamos al período en que muchos recuerdan la Navidad. Infelizmente, las costumbres populares se desarrollaron independientemente de la conmemoración del nacimiento de Jesucristo y se perdió de vista la revelación divina en las Sagradas Escrituras. Los centros comerciales y tiendas, bellamente adornadas y al son de músicas navideñas, sensibilizan el corazón de muchos. A pesar de la crisis, los comerciantes reforzaron las existencias de mercaderías, y, a fin de garantizar la fiesta, millares finalmente inundarán las tiendas y los supermercados en busca de los presentes, alimentos y bebidas. Sin mucha dificultad, es posible percibir que las meras tradiciones navideñas no promueven un verdadero reavivamiento espiritual entre el pueblo, que en general concibe la Navidad como un evento social, ocasión para comilonas y embriaguez. Por tanto, actualmente también deberíamos atender la invitación: “Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado” (Lucas 2:15). Pero no necesitamos ir literalmente a al Belén literal a fin de saber lo que fue revelado a los antiguos pastores. Basta con ir a la Palabra de Dios.

Relato

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo” (Lucas 2:8-10). Tomando en cuenta que raramente los ángeles de Dios aparecen a los seres humanos, ¿ya pensó usted por qué el Señor envió al ángel resplandeciente con las buenas nuevas del nacimiento del Salvador Jesucristo a pobres pastores de ovejas pasando por alto a los hombres más cultos, ricos e importantes de la nación judaica? Considerando que Dios no hace acepción de personas, “sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34, 35), la cuestión no tiene que ver con la posición sino con la disposición. Dios no ve como el hombre ve. Él mira el corazón y no solo la apariencia exterior (1 Samuel 16:7).

Debemos considerar que la revelación divina al respecto del nacimiento de Cristo fue dada en beneficio general de todo pueblo, pero a semejanza de otros casos, la revelación fue dirigida primeramente a los siervos de Dios (Apocalipsis 1:1). Aquellos hombres humildes aguardaban el cumplimiento de la promesa de la venida del Mesías, y este era el tema de sus meditaciones y conversaciones. Tal como el ángel del Señor, aquellos hombres fueron rodeados por la gloria del Señor porque mantenían comunión con el Señor. Así como Dios hizo de su ángel un receptor y mensajero de las buenas nuevas al respecto del Salvador, aquellos pastores fueron elegidos, no solo para recibirlo, sino que transmitieron a todo el pueblo las buenas nuevas del nacimiento de Cristo. “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre” (Lucas 2:11, 12). El ángel les reveló verdades importantes. (1) “En la ciudad de David”. El Mesías nació en Belén. Setecientos años antes Miqueas profetizó al respecto (Miqueas 5:2). El Mesías debería ser de la descendencia de David (Isaías 9:7; 11:1-4; Mateo 1:1-16), y denominado “Hijo de David” (Mateo 15:22; 20:31; (2) “Os ha nacido”. Quien dio el presente fue Dios. El niño sería una dádiva del Cielo a los hombres (Isaías 9:6; Juan 3:16). Este texto señala la humanidad del Mesías. Él sería un hombre real. Uno de los títulos preferidos de Jesús era “Hijo del Hombre” (Mateo 8:20; Lucas 21:27); (3) “un Salvador”. La misión del recién nacido sería salvar a los hombres de sus pecados (Isaías 52:13-15; 53:1-12; Mateo 1:21; 1 Timoteo 1:15). (4) “Hoy”.

El nacimiento de Jesús fue un evento histórico. Si aquel día no ocurrió el 25 de diciembre, ¿qué importa? Esto no debería impedirnos glorificar a Dios por el nacimiento del Salvador. (5) “Que es Cristo”. Cristo es sinónimo de Mesías, una adaptación al español de la palabra mashiaj que significa ungido. Jesús es el Cristo (Juan 4:25, 26). (6) “El Señor”. El Bebé del pesebre es el Señor. Su naturaleza no es solo humana, pues él es Dios (Mateo 1:23; Juan 1:1, 14). (7) “Esto os servirá de señal”. El ángel hizo una referencia implícita al Niño de Isaías 7:14. (8) “Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”. Pero el ángel tuvo que orientar a los pastores para que no cayeran en el engaño de rechazar al Mesías por causa de sus estrechas concepciones y preconceptos humanos. ¿Qué sería de los pobres si Jesús hubiese nacido en cuna de oro? (9) “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:13, 14). Aquí es revelado el verdadero espíritu de Navidad. Amor a Dios y al prójimo. Deberíamos estudiar y vivir este cántico. Amigo, de nada valdría que Jesús naciera mil veces en el pesebre de Belén si no nace en nuestro corazón. ¿Usted ya aceptó a Jesucristo como el Señor y Salvador de su vida?

¡Feliz Navidad!

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