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Valdeci Júnior

Valdeci Júnior

¿Qué vamos a cambiar en nuestra iglesia?

“Si la iglesia fuera suya, ¿qué cambiaría?” Hace algunos meses formulé esta pregunta en Internet. Los participantes de blogs y redes sociales quisieron responderme en particular, sin exponerse a los demás internautas. Y las respuestas se refirieron a los usos y costumbres, al abordaje de la transmisión del mensaje y al asunto de las programaciones. Superficial. Por un lado, gracias a Dios por eso. Sin cuestionamientos doctrinarios. Pero entonces, ¿qué nos falta? ¿De qué carecemos? ¿De coraje para poner la boca en el trombón? ¿De profundidad? ¿O de mayor reflexión y conocimiento eclesiásticos, para entonces conseguir dar una contribución más plausible de sugerencia de cambio?

En mi blog, el espacio donde está la mayor y más continua frecuencia de interacción es una publicación del 07/04/2011, donde hice un pedido de oración. De ahí hasta aquí, ya coloqué más de mil nuevos textos. Pero ese registro continúa, por lejos, siendo el que más comentarios recibe. Corrigiendo, ni son comentarios. Los internautas transformaron lo que sería el espacio para comentarios en un mural de pedidos de oración.
Yo resumiría todo eso en una palabra: “carencia”.

En el comienzo de la historia, la pregunta debería haber sido hecha de manera diferente, pues somos la iglesia. Ella no está allá y nosotros aquí. La iglesia es la reunión de personas, físicamente, en actividad o propósito. Con edificio o sin él. La iglesia es usted. Entonces, la pregunta es: ¿Qué debo cambiar en mí para que la iglesia sea diferente? ¿Ya se detuvo a pensar en eso? Si la iglesia precisa de ajustes, en primer lugar, los tornillos flojos deben buscarse en mi persona. Pero, ¿y qué de los problemas distantes o mayores que yo? Responda cuestionando en relación a cómo potenciar el tamaño de su radio de influencia. “No por la fuerza, sino por mi espíritu” (Zacarías 4:6).

Nelson Mandela no comenzó por el poder estatal. Pero a partir de lo que existía en sí dio un giro de 180 grados en el destino de miles. Una influencia tan radical que continúa hasta con el ejercicio práctico del legado póstumo. Nuestra carencia es individual, pero, múltiple. Nuestra oportunidad también.

No pienso en cambiar ninguna cosa en la iglesia. Hice la pregunta con el único propósito de obtener el pretexto de escribir este texto. Pero tengo conciencia de que precisamos ser importunados. Nuestra carencia está relacionada con el zarandeo. Cuando recibí la invitación para el “Reavivados por su Palabra”, en la Radio Nuevo Tiempo, dudé en aceptar, sin saber el porqué. Después lo descubrí. El coraje para decir “sí” solo iba a llegar cuando el proyecto estuviera internalizado en mí. O mejor, el reavivamiento comienza de adentro hacia afuera, como las ondas producidas por una piedra arrojada en la laguna.

Pienso que a Elena de White le gustaría cambiar algo en la iglesia, pero ella no lo haría. No por reservas, sino porque eso le sería imposible: “Un reavivamiento de la verdadera piedad entre nosotros es la mayor y más urgente de todas nuestras necesidades. El buscar esto debe ser nuestro primer trabajo”. Eso debería cambiar en la iglesia: nuestro estado espiritual, de tibio a caliente.

Jesús también está insatisfecho con la situación de la iglesia, hasta lo pasa mal. Sí, él está con náuseas (Apocalipsis 3:16). Por eso, nos escribió una carta de amor (v. 19). Porque su sufrimiento es por usted y por mí. La carta a la iglesia de Laodicea (v. 14-22) revela su verdadera ansiedad para que la iglesia cambie al estado de reavivada, a través del estudio de la Biblia, de la aceptación del señorío de Jesús y de la oración por el bautismo del Espíritu Santo (v. 17). ¿Y quién de nosotros no puede revestirse de esta dorada revelación?

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Y la carencia es tan grande que no sabemos lo que necesitamos. Lo que me entristece es que, de modo general, los internautas no reclaman por reavivamiento y reforma. Piden oración por cura y prosperidad. Bien diferente de la oración del Maestro en Juan 17. En ella se menciona la gloria a todos los que participan de la comunión. Es lo que usted puede hacer. Reformar sus hábitos para orar más, abrir el corazón a leer la Biblia, para poder ser visto como un reavivado.

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