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Valdeci Júnior

Valdeci Júnior

No posponga su reavivamiento

La vulnerabilidad del ser humano lo hace dependiente de afirmarse y sustentarse en algo mucho mayor y superior. Foto: Shutterstock.

Para comprender la historia, existen varias formas de dividirla. [1] Un escritor que vivió en la antigua Babilonia y, también, en el Imperio Medo, en el siglo VI antes de Cristo, presentó una forma didáctica de dividir la historia que se publica y estudia hasta hoy. [2] Observando todos los detalles de esta metodología, llegamos a la conclusión de que hay un periodo histórico definido que comprende nuestra contemporaneidad, desde la última parte del siglo XVIII d. C. [3] De acuerdo con el método de aquel estudioso, un último periodo histórico se daría, cuando la humanidad llegaría a una plena comprensión de todo aquello que él mismo intentaba esbozar. Veintitrés siglos después, un gran científico, también muy respetado hasta hoy, concordó con esa previsión. [4] Por las razones presentadas en todos estos estudios académicos, podemos decir que estamos en un periodo denominado “tiempo del fin”.

Han pasado casi dos siglos de muchos orígenes y cambios de pensamientos oriundos del Iluminismo [5], de la Revolución Francesa [6] y de otros importantes hechos históricos que afectaron el rumbo mismo de la historia. Además de esas grandes convulsiones sociales, las creaciones intelectuales también se hacen más productivas que nunca, dadas las tantas facilidades que las investigaciones y las comunicaciones encontraron en las últimas innovaciones de la humanidad. En un universo tan basto y diversificado de expresiones, es obvio que las teorías comparadas se vuelven incluso conflictivas. [7] Todo bien si los conceptos quedaran solo allí, en una supuesta nube totalmente abstracta y alejada de nuestro día a día. Pero lo que se piensa, opina, comunica y propaga termina afectando los detalles más prácticos y relevantes del vivir de cada uno de nosotros. Y cuando las ideologías sean contradictorias, ¿cuál elegimos?

Basarse en la Palabra

Si usted está en este sitio, es porque al menos está abierto a saber lo que las personas que creen en Dios dicen. Si abrió este texto para leerlo, probablemente, usted crea en Dios. Posiblemente, es cristiano. De cualquier manera, ¿de qué fuente elemental tenemos la noción sobre Dios? Además de las evidencias sensoriales que hay en el mundo natural y en nosotros mismos, el documento primario que nos lega información de la existencia de ese Ser divinamente superior es la Biblia. Siendo así, teniendo en consideración quién es usted, ignorar la cosmovisión bíblica es violar sus propios valores, los que construyen todos sus presupuestos. Lo que quiero decir es que, para usted y para mí, en la necesidad de estar atento a las ideologías que se nos presentan, está como núcleo vital, la necesidad de someter esas ideologías al tamiz de la Biblia. Siendo más directo: si usted no quiere perderse, cada vez que se encuentre con una idea nueva, deberá considerar la posición bíblica sobre eso.

Cerca de seiscientos años después que el profeta Daniel (capítulos 2 y 8 al 12) delineara las divisiones de la historia, el apóstol Juan, también para demarcar nuestro tiempo, usó una nomenclatura un tanto original: Laodicea (Apocalipsis 3:14). Comprendemos mejor esas profecías si, como Isaac Newton, las unimos, entendiendo que hablan de una sola cosa. Entonces, a uno de los recortes de tiempo diseñados por Daniel, Juan pensó describir las características del pueblo. [8] siendo la principal de ellas ilustrada con un estado de tibieza, que los teólogos concuerdan que es “indiferencia, indecisión, orgullo e hipocresía”. [9] Tal vez sea la propia supuesta riqueza de esta generación (Apocalipsis 3:16-17) que hace que estos “laodicenses” sean indecisos sobre qué creer. Vivimos en medio de una pluralidad tan compleja que, al ofrecer tanto, deja como única opción la inseguridad. Muchas voces estruendosas que sugieren cosas diferentes y que al mismo tiempo arrancan de cualquiera el grito: “Cálmense, Cálmense; ¡ustedes me dejarán loco!”. A las vírgenes locas (Mateo 25: 1-13) se las puede comparar a alguien así. [10] No sólo es lamentable, es nauseabundo (Apocalipsis 3:16). Y para quien está en una situación como esa, es innegable la necesidad de reavivamiento.

Es hora de reavivar

Mirando el mandado de Jesús (Apocalipsis 3:14-22) a nuestra iglesia (¡que somos nosotros!), vemos que la preocupación por buscar el reavivamiento debe ser auténtica por lo menos por tres motivos: 1) El acto del Señor de hablar con este pueblo demuestra que hay esperanza para este, en el caso que reciba y obedezca lo que él nos aconseja (Hebreos 12.7-11; Job 5:17-19; Salmo 94:12; Proverbios 29:15 y 17) [11]; 2) La promesa sobre el gran reavivamiento es para la última generación (Zacarías 10:1; Oseas 6:3; Joel 2:23 y 28) [12]; 3) Jesús se presenta a esta iglesia como un achê (“principio” en Apocalipsis 3:14) creador que puede dar vida y restaurar (Juan 1:3; 3:16; 10:17-18; 11:26; Colosenses 1:16) de forma que cuando llegue la hora, Dios cambiará las cosas, de la noche al día (Filipenses 1:6) [13]. Somos nosotros quienes debemos reconocer que carecemos de esa gloria de Dios (Romanos 3:23) y que la búsqueda de ella debe ser nuestra característica más importante, [14] si es que pretendemos tener conciencia de quiénes somos realmente y en qué tiempo estamos viviendo.

Lo mejor de todo es que Cristo, además de dar la receta de la solución para este problema (Apoc. 3:18), tiene y puede proporcionar todos los recursos recomendados (Filipenses 4:13 y 19). ¿Sabía que todo está a su alcance, en un solo lugar, y de forma prácticamente gratuita?

Es suficiente entender lo que Jesús quiso decir cuando habló de “oro refinado por el fuego”, “vestiduras blancas” y “colirio”. El oro puro representa la fe (1 Pedro 1:7), y la manera por la cual podemos adquirir fe es por la lectura de la Biblia (Romanos 10:17). Las vestiduras blancas simbolizan la justicia de Cristo y la obediencia a él (Gálatas 3:27; Zacarías 3:1-5; Apocalipsis 19:7-9), que solo puede ser aprendida a través de las enseñanzas bíblicas (2 Timoteo 3:16; Deuteronomio 6:6-9). Y el colirio significa el Espíritu Santo como antídoto para la ceguera espiritual que nos ayuda a ver la verdad y nos da discernimiento para comprender la Palabra de Dios (Efesios 1:17-19, Salmo 119:18; Jeremías 2:20,27; Juan 16:7-13; 18.37; 3:11; Apocalipsis 1:5; 19:11), que es verdad (Juan 17:17). [15]

Usted está viviendo en el último periodo de la historia de este mundo. Este momento es de una sensibilidad crítica que puede llegar a su colapso en cualquier momento. Ante eso, la vulnerabilidad del ser humano se hace mayor, lo que lo hace dependiente de afirmarse y sostenerse en algo mucho mayor y superior. Pero, justamente, a las personas de esta época se les hacen las mayores promesas de reavivamiento que el cielo puede ofrecer. El recurso que tenemos de acceso a ese plus de supervivencia consiste en el estudio, la devoción, la fe y la obediencia a la Palabra de Dios. [16] Es decir, su éxito en la preparación espiritual en este tiempo del fin depende de la confianza que tiene en la Biblia [17] como única regla de fe y práctica [18] y de la manera en que se dedica a ella. La búsqueda del reavivamiento espiritual está en este único libro sagrado verdaderamente capaz de conducirlo a la reforma redentora con la cual Cristo puede garantizarle la seguridad en este mundo y la victoria de la entrada en el cielo.

Referencias

[1] PASAMAR, Gonzalo. Formas tradicionales y formas modernas de la “historia del presente”. In Historia Social, nº 62. Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2008, págs. 147–169.

[2] HOLBROOK, Frank B. (Ed.). Estudos sobre Daniel: origem, unidade e relevância profética [Estudios sobre Daniel: origen, unidad y relevancia profética]. Engenheiro Coelho, SP: Unaspress, 2009.

[3] LARONDELLE, Hans K. O remanescente e as três mensagens angélicas [El remanente y el mensaje de los tres ángeles]. In DEDEREN, Raoul. ed. Tratado de teología. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, 2011, págs. 964-965.

[4] NEWTON, Sir Isaac. Observations upon the prophecies of Daniel and the Apocalypse of St. John: in two parts [Observaciones sobre las profecías de Daniel y Apocalipsis de San Juan: en dos partes]. Londres: Bartholomew-Close, 1733, págs. 214-215; 117-118.

[5] HORKHEIMER, M. y ADORNO, T. W. Dialéctica del iluminismo. Buenos Aires, Editorial Sur, 1971.

[6] HOBSBAWM, Eric J. A era das revoluções: 1798-1848 [la era de las revoluciones: 1798-1848]. 35º ed. Río de Janeiro: Paz & Terra, 2015.

[7] EAGLETON, Terry. Ideologia: uma introdução [Ideología: una introducción]. São Paulo: Unesp, 1997.

[8] La palabra “Laodicea” quiere decir “juzgamiento del pueblo”.

[9] SANTOS, André O. apud FINLEY, Mark. Reavivamento e reforma [Reavivamiento y reforma]. Lección de Escuela Sabática: Adultos | Maestro. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, Jul-Ago-Sept. 2013, pág. 9.

[10] FINLEY, Mark. Reavivamento e reforma [Reavivamiento y reforma]. Lección de Escuela Sabática: Adultos | Maestro. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, Jul-Ago-Set 2013, pág. 6.

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