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Valdeci Júnior

Valdeci Júnior

Un cuestionario sobre Reavivamiento y Reforma

Foto: Shutterstock

¿El Reavivamiento ya se produjo en su iglesia? ¿En serio? ¿Y la Palabra de Dios se predica fielmente donde usted se congrega? ¿En su comunidad de creyentes el Espíritu de Dios está acompañando el mensaje de sus siervos, y la Palabra está siendo proclamada con poder? Mm… ¡Entonces vamos a ver!

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Como pecadores, ustedes en su congregación local, ¿sintieron un despertar en su consciencia?  “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). ¿Les iluminó los rincones íntimos del alma, y las cosas malas que estaban ocultas vinieron a la mente? ¿El corazón y el espíritu llegaron a ser poseídos de una profunda convicción? ¿Las personas se convencieron del pecado, de la justicia y del juicio venidero? ¿Los participantes comenzaron a tener la intuición de la justicia de Jehová y a sentir terror de aparecer, con su culpa e impureza, delante de Aquel que examina los corazones? ¿Usted vio a los adoradores angustiados exclamando: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24)? Cuando la cruz del Calvario, con el pleno sacrificio por los pecados humanos, fue revelada, vieron que nada, sino los méritos de Cristo, sería suficiente para aceptar el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, o sea, ¿tuvieron realmente la “remisión de los pecados pasados” (Romanos 3:25) por la sangre de Jesús?

Además, si usted quiere saber si ya hubo una reforma en su iglesia, continúe respondiendo. Bueno, si realmente creyeron, si fueron bautizados y si se levantaron para andar en novedad de vida como nuevas criaturas en Cristo Jesús, ¿los “reavivados” produjeron frutos dignos de arrepentimiento? ¿Dejaron de conformarse con los deseos anteriores, y por la fe en el Hijo de Dios y siguiendo sus pasos, comenzaron a reflejar el carácter y llegaron a ser puros así como él es puro? ¿Los miembros comenzaron a amar cosas que antes odiaban, y a odiar cosas que amaban? ¿Los orgullosos y presuntuosos se volvieron mansos y humildes de corazón? ¿Los vanidosos y arrogantes se hicieron serios y accesibles? ¿Los profanos se tornaron reverentes? ¿Los borrachos, sobrios? ¿Los fornicarios, puros? ¿Las modas vanas del mundo fueron puestas a un lado? ¿Los cristianos sustituyeron la búsqueda de “atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos” por la búsqueda del “interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:3-4)?

En fin, el proyecto de Reavivamiento y Reforma en su iglesia, ¿fue un despertar que resultó en profunda humildad, reflexión y examen de corazón y conducta? ¿Se caracterizó por los solemnes y fervorosos llamados al pecador y por la tierna simpatía para con la adquisición efectuada por la sangre de Cristo? ¿Los hombres y mujeres oraron y lucharon con Dios por la salvación de otras personas? ¿Los hermanos pasaron a considerarse dignos de sufrir y de ser probados por amor a Cristo? ¿Se hizo notoria una transformación en la vida de los que profesan el nombre de Jesús al punto de que la sociedad se beneficia por su influencia? O sea, si fueran juzgados por sus frutos, ¿los miembros de su iglesia dan la impresión correcta de que son verdaderamente bendecidos por Dios para la salvación de personas y para elevar a la humanidad?

Si usted tuvo facilidad para responder a esas treinta preguntas afirmativamente, por favor, invíteme a su iglesia. Sí, ¡quiero conocerla! Pero, si usted se sintió incómodo para dar a esas preguntas un sencillo “sí”, o podría hasta aceptar la invitación, pero con otra finalidad. Sin embargo, no basta llorar y lamentarse juntos, pues la indicación es directa: O sucedió en efecto el movimiento de Reavivamiento y Reforma, o la iglesia está sin vida y sin forma; equivocada y muerta. ¿Usted entiende como ya es hora de tomar estas reflexiones en serio? Queda bien claro: si el Reavivamiento y la Reforma no se pueden ver, es porque usted y yo fallamos en hacer nuestra parte para que eso suceda. Porque la voluntad que Dios tiene de concedernos el Espíritu Santo es mayor que el deseo que cualquier madre tiene de dar una buena dádiva a su hijo (Mateo 6:25-34; 7:7-11).[1]

¿Qué me dice usted?

[1] Este artículo es una paráfrasis de las páginas 15 y 16 del libro Reavivamiento Verdadero de Elena de White.

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