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Valdeci Júnior

Valdeci Júnior

¿Cuál es su conexión principal?

En mi Smartphone, los libros que estoy leyendo se actualizan con cada anotación de lectura que hago, mi GPS requiere conexión directa con el satélite, el teléfono sintoniza constantemente con la operadora, los aplicativos están siempre subiendo y bajando informaciones de actualización y mi agenda está en sintonía constante con la agenda del servidor y de mi oficina.

Todo eso sin contar los nuevos Apps en los cuales siempre detengo mi vista. Las radios que escucho ya no son transmisiones de ondas electromagnéticas, sino señales digitales. El antiguo portafolios ejecutivo que llevaba ahora está todo dentro de este aparatito de tecnología móvil que cargo en mi bolsillo. Dependo de él para casi todo.

Es así como la generación actual vive conectada. Facebook, WhatsApp, Viber, Netflix, Instagram, Youtuve, Twitter, Menssenger y hasta los antiguos, pero todavía vigentes e-mails y SMS, todos necesitan ser controlados constantemente. Los que no son nativos digitales también tratan de acompañar la obsesión de la información instantánea, y si es posible, en tiempo real. ¡Todas las posibilidades están disponibles online! Y eso hace que cada vez más las personas no puedan vivir desconectadas. O sea, la conexión es parte de la vida. Hasta cuando duerme, el usuario deja su aparato conectado a la energía eléctrica para la recarga.

Recibí el siguiente mensaje: “una de las mayores utilidades de Twitter y de Facebook será probar en el último día que la falta de oración no fue por falta de tiempo”. Las redes sociales no existirían si no existieran las relaciones, aunque virtuales, así como la principal e indispensable razón de ser de una empresa es el dinero. De la misma forma, la sangre y la vida del reino de Dios se resume en una palabra: “relaciones”. Así como las finanzas están para el comercio, las relaciones están para la vida espiritual. ¿Qué sucedería si nos preocupáramos tanto con la comunión así como nos dedicamos tanto a la economía y a las conexiones?

Si fuera colocada una persona a su lado, las 24 horas del día, con un cronómetro en la mano, registrando todas las veces que usted controla su Iphone (o similar), recibiendo o generando contenido, ¿cuánto tiempo líquido registraría? ¿Y si la misma actividad se haría para intentar medir los minutos que dedica a la oración, estudio de la Biblia, alabanza y testimonio cada día?

Pare por un momento y reflexione: honestamente, ¿su conexión con el Cielo es más baja que su conexión con la Tierra? Si es afirmativa, entonces lamento informarle que usted nunca será arrebatado, pues no hay un Cielo allá encima que lo espera. Lo que sube y baja de informaciones entre su mente y la mente de Dios necesita ser en cantidad mucho mayor que el movimiento de informaciones entre usted y su servidor de datos.

¿Y si al pasar por su escritorio, usted se detuviera en más de un versículo de la Biblia? ¿Y si al sentarse en un banco para un pequeño tiempo de espera usted transmitiera un mensaje de esperanza a alguien? ¿Y si al sentir el deseo de expresar cualquier pensamiento o imagen mientras tiene un tiempito de pausa, usted elevara su pensamiento en oración? ¿Y si en vez de quedar tanto tiempo con el audífono usted estuviera con un canto de alabanza en el corazón? ¿Sabe lo que sucedería? La sensación que usted tiene de que su aparato de tecnología móvil está vivo sería substituida por la realidad de que su vida espiritual estaría realmente reavivada en Dios.

¿Qué tipo de vida quiere tener? Mientras no vayamos a la realidad espiritual de ser una generación “linkeada” constantemente con el Cielo, estaremos alejados del mismo lo suficiente para no entendernos, no lo recibiremos y no estaremos listos para estar allí. Sea tan inteligente como para mantener conexiones que le den garantías infinitas y eternas de plenitud real.

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