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Rodrigo Silva

Rodrigo Silva

Evidencia de Dios

Una búsqueda de la verdad en las páginas de la historia.

Cuando las piedras claman

Foto: Google.

La Arqueología  es un ramo de la ciencia que busca recuperar el ambiente histórico y la cultura de los pueblos antiguos por medio de excavaciones y del estudio de documentos dejados por dichos pueblos. En términos académicos, es importante diferenciar la arqueología histórica de la paleontología, que lidia más directamente con formas antediluvianas, a saber, los fósiles.

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En lo que se refiere al conocimiento científico de las primeras civilizaciones que vinieron después de Noé, la arqueología siempre contribuyó en el encuentro y divulgación de archivos, documentos, artefactos y objetos comunes que arrojaran luz sobre la vida comercial, religiosa y social de pueblos  hasta entonces desconocidos o apenas mencionados en algún pasaje de la Biblia o en autores clásicos de Grecia y Roma.

En cuanto a las Sagradas Escrituras, es notorio entre muchos especialistas que las excavaciones en el Cercano Oriente en general han confirmado el marco histórico que esta presenta.

Con relación a la teología subyacente del texto, es importante mencionar que a la arqueología no le compete pronunciarse al respecto. Escapa a la jurisdicción de cualquier ciencia emitir un juicio sobre las verdades que demandan una actitud de fe.

Por lo que se refiere a la Biblia, será imposible que la arqueología “pruebe”, en términos del método científico, que Dios existe, que creó el mundo, que habrá un juicio final, etc. su papel se limita a la verificación de la autenticidad de hechos narrados en la Biblia; lo que contribuye a la expectativa de que, si la historia descrita es real, el mensaje religioso que la permea, también lo será. Por otro lado, presentará elementos que desmienten el relato escrito por los profetas, entonces, automáticamente se pondrá en duda la confiabilidad de la doctrina transmitida.

Contribución de las excavaciones

Es importante tener en cuenta que el Génesis es la piedra principal de toda la cosmovisión del cristianismo, así como también del judaísmo y del islamismo, religiones que, juntas, engloban a casi la mitad de la población mundial. Hablando específicamente de la teología cristiana, especialistas en el Nuevo Testamento dicen que la doctrina de Cristo está edificada sobre la revelación del Antiguo Testamento, que a su vez, descansa enteramente sobre el relato del Génesis. Si la historia del Edén no aconteció, entonces la humanidad no cometió el llamado “pecado original” y no tendría de qué ser salvada. Es decir, la creencia en la muerte expiatoria de Cristo pierde completamente su significado.

Entonces, la pregunta  que la teología dirige al arqueólogo es: ¿Las excavaciones pueden contribuir de alguna forma para confirmar, aceptar y aclarar el relato bíblico? La respuesta es: sí; aunque se reconoce que aún no se han descubierto ni el 20% del gran tesoro arqueológico que permanece oculto bajo el suelo de países como Egipto, Israel, Líbano, Irak y otros.

Aunque no sea posible confirmar cada incidente descrito en la Biblia, se puede afirmar que los hallazgos arqueológicos han contribuido grandemente para la confirmación de la historia contada por los escritores canónicos. Gracias a esto, algunos escépticos llegan a reconocer su error y, en algunos casos, se convierten en defensores de la fe. Este fue el caso de Austin Miles, autor del best seller anti bíblico “Don’t call me a brother” (“No me llames hermano”) que, al percibir tales evidencias, cambió su postura y hoy es un férreo defensor de la historicidad de la Biblia.

Pero, en suma, ¿cuál sería el papel de la arqueología en el estudio y la predicación de la Biblia? Wayne Jackson sistematizó en cinco puntos las contribuciones de la arqueología para los cristianos. Él dijo: “La ciencia de la arqueología ha sido una gran benefactora de los estudiantes de la Biblia. Ella ha: (1) Ayudado en la identificación de lugares y en el establecimiento de fechas. (2) Contribuido para el mejor conocimiento de antiguas costumbres e idiomas oscuros. (3) Arrojado luz sobre el significado de numerosas palabras bíblicas. (4) Aumentado nuestro conocimiento sobre ciertos puntos doctrinarios del Nuevo Testamento. (5) Silenciado progresivamente a ciertos críticos que no aceptan la inspiración de la Palabra de Dios”. Biblical Studies in the Light of Archaeology (Montgomery, AL: Apologetics Press, 1982), p. 4-5.

Nínive fue la capital de Asiria que inspiró el terror en todo el antiguo Medio Oriente por más de 15 siglos. La Biblia la llamó “ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarte del pillaje” (Nahúm 3:1). Fue contra ella que Jonás, cierta vez predicó, y que felizmente resultó en  la conversión del pueblo y del rey de aquel entonces. Muchos dudaban de la existencia de Nínive, que fue descubierta en las excavaciones arqueológicas de Austen H. Layard realizadas entre 1845 a 1857.

Cuando Nínive estaba en su apogeo, y, por tanto, en su periodo de mayor violencia, otro profeta de Dios declaró: “Y extenderá su mano sobre el norte, y destruirá a Asiria, y convertirá a Nínive en asolamiento y en sequedal como un desierto. Rebaños de ganado harán en ella majada, todas las bestias del campo; el pelícano también y el erizo dormirán en sus dinteles; su voz cantará en las ventanas; habrá desolación en las puertas, porque su enmaderamiento de cedro será descubierto” (Sofonías 2:13-14). Hoy en día, los visitantes apenas ven una elevación del terreno que marca el lugar desolado de la antigua Nínive. Además de eso, allí pastan rebaños de ovejas hasta hoy, conforme a lo que fue predicho.

  1. C. Torrey era profesor de la prestigiosa Universidad de Yale, en los Estados Unidos. En una de sus entrevistas, anunció la publicación de un estudio que desmentiría por completo el libro de Ezequiel y el contexto histórico que lo circundaba. El título de la obra, Pseudo-Ezekiel and the Original Prophecy (El falso Ezequiel y la profecía original), ya presentaba una buena idea de su contenido minimalista.

Muchos corrieron a adquirir el best seller, pues Torrey ya era conocido por publicar otros libros polémicos sobre la Biblia.  Él y sus seguidores y habían puesto en duda el sitio de Nabucodonosor a Jerusalén, desacreditando, inclusive, la existencia de un “cautiverio babilónico” y un regreso de los judíos bajo el gobierno de Ciro.

Antes de Torrey, otros escépticos procedentes del Racionalismo y del Iluminismo alemán habían puesto en duda la existencia de la propia ciudad de Babilonia. A pesar de que historiadores extrabíblicos como Beroso y Herodoto la mencionan en sus escritos, la cultura racionalista del siglo XVIII parecía tener una fascinación en usar la falta de su descubrimiento como argumento para negar pasajes de la Biblia que hablaban de la gran ciudad. Se necesitó esperar más de un siglo hasta que en 1898, el arquitecto y arqueólogo alemán Robert Koldewey desenterrase la ciudad bajo la colina de Hillah y probase no solamente su existencia, sino su gigantesco tamaño en relación a las proporciones de la época.

En el caso de Torrey, sin embargo, bastaron ocho años después de la publicación de su libro, para que se verificase la falta de propiedad de lo que él decía (¡a pesar de ser profesor en Yale!). Un equipo británico estaba excavando la impresionante elevación de Tell edh-Duweir, situada entre Hebrón y Ascalón, cuando se dieron cuenta que se trataba de la antigua ciudad de Laquis, mencionada más de veinte veces en el Antiguo Testamento (ejemplos: Josué 10:3, 5, 31-35; 12:11; 15:39; 2 Reyes 14:19; 18:14, 17; 2 Crónicas 11:9; 25:27; 32:9; Nehemías 11:30; Isaías 36:2; Jeremías 34:7 etc.). Su existencia ya había sido establecida desde el hallazgo de evidencia histórica en los relieves de conquista del palacio de Senaquerib, en Nínive; pero su ubicación todavía era una incógnita.

La fortaleza encontrada en Tell edh-Duweir indicaba claramente que, además del ataque asirio de Senaquerib en el 701 aC., la ciudad también sufrió, junto a otras ciudades de Judea, un masivo ataque secuencial ocurrido en los días de Nabucodonosor, lo que aumentaba la posibilidad de que los babilonios realmente hubieran saqueado la región, conforme al relato bíblico. La evidencia se encontraba tanto allí como en otras ciudades excavadas en la región, como Eglón, Beth-shemesh, En Gadi, Gibeah y Arad.

Para los que buscan defender la integridad bíblica, episodios como el del descubrimiento de Nínive muestran como la arqueología bíblica muchas veces tuvo el papel de silenciar a críticos que de vez en cuando se presentan tratando de poner en jaque la confianza en las Escrituras. No sabemos qué nuevas evidencias la providencia divina permitirá que sean encontradas. Pero muchos continuarán buscando.

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