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Rafael Rossi

Rafael Rossi

Al día, de acuerdo a nuestro tiempo

Hechos diarios desde un punto vista teológico.

Perdone y libérese

La noticia que leí por la mañana es parte del canal de chismes y tiene poca relevancia, pero me dio pie para escribir esta columna. Una presentadora de TV fue a un programa de un colega  de emisora y actuó fríamente porque él mostró algunas fotos antiguas de la presentadora desnuda.

Vivir sintiéndose culpable o herido es uno de los mayores dramas de toda la humanidad.  Es como vivir con un peso atado al cuello que molesta todo el tiempo. Hay personas que están atormentadas y no saben cómo librarse de esa situación. Lidiar bien con el perdón es una necesidad para los seres humanos. ¡Pero es difícil! Parece que muchas heridas abiertas se resisten a la cicatrización.

Hay una salida para ese problema. Existen tres claves que encontré en la Biblia, que me ayudan a vivir una vida libre de culpas y sin remordimiento.

1.a clave: Despójese de su rencor y perdone. En la oración del Padre nuestro (Mateo 6:9-13), Jesús dice que yo seré perdonado de la misma manera en la que perdono (versículo 12). Por lo tanto, la norma de vida es: perdone. No importa lo que le hayan hecho, perdone.  Jesús mismo mostró el ejemplo cuando le pidió al Padre que perdonara a los que lo estaban condenando y matando.

En Efesios 4:31-32, Pablo nos invita a dejar “toda amargura, enojo, ira…”. Ofrecer el perdón es el camino bíblico aunque usted sea la parte ofendida; el consejo bíblico es ir hasta la parte ofensora y reconciliarse.  Esto no tiene sentido para nuestra naturaleza humana pecadora, ¡pero tiene sentido con la óptica del Señor!

Todo ciclo de odio debe quebrarse con hechos de amor.  Quien no soluciona el problema, lo agrava más.  Todos somos heridos y también herimos, a veces sin saberlo.  Recuerde que usted jamás miró a los ojos a una persona que no era importante para Dios.  Y esto es válido hasta cuando se mira en el espejo.  Cuando entendemos esto en la práctica, comenzamos a tratar a las personas de manera diferente.

2.a clave: Libérese de la conciencia culpable. Dios no minimiza el pecado. Él perdona.  Y muchas veces permanecemos ligados al sentimiento de culpa de algo que sucedió en el pasado. ¿Cómo puedo liberarme de esto?

Existen dos maneras de lidiar con la culpa: (1) Huir: este fue el modo al que recurrió Judas. Se martirizó; una autocondenación: o (2) confesarle todo a Dios: este fue el modo utilizado por Pedro, pues le contó todo a Dios. Después de haber negado a Jesús, se encontró con él y le confesó que lo amaba. Confesó su arrepentimiento, buscó el perdón.

La conciencia culpable siempre se pone difusa y solamente encontrará alivio al confesarse. Confiese lo que hizo mal en el pasado. Cuando vaya a Dios, confiese. Si fuera a alguien, busque a esa persona y confiese.

3.a clave: Abandone el lamento y adore a Dios. el sufrimiento es un compañero inevitable. Todos pasamos por pérdidas: al nacer perdemos el calor del útero materno, el cordón umbilical que nos alimenta y entramos en una nueva travesía. Esa es la primera pérdida que pasamos, pero tarde o temprano enfrentamos otras.

Entienda que no está mal lamentarse: “Bienaventurados los que lloran…” (Mateo 5:4). Lo que está mal es lastimarse. Cuando algo nos lastima, nos aislamos (termino levantando un muro a mi alrededor) y, en vez de construir puentes, pongo barreras.

En 2 Samuel 12, se narra un evento de David que en aquella época tenía demasiado tiempo y muy poca disciplina. Betsabé se estaba bañando. Alguien le tocó la puerta y cambió por completo su futuro, y también el futuro del rey. Ella quedó embarazada de David mientras su marido estaba en la guerra. El rey mandó a sacar al marido de circulación para que esa situación no le complicara aún más la vida. Urías muere y Betsabé se convierte en esposa del rey. El niño nace, se enferma y muere, incluso con el ayuno del rey David.

¿Cómo trató David con esa culpa? En 2 Samuel 12:20, la Biblia nos dice que David, después de que el niño murió, se levantó, se bañó, abandonó sus ropas de luto y entró al santuario para adorar a Dios.

¿Mi consejo para este fin de año? ¡Pare de lastimarse y adore a Dios! Abandone el rencor, adore a Dios. La mejor terapia para un corazón roto es el diálogo sincero con Dios, las acciones positivas y la práctica del evangelio.

“Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros…” (2 Crónicas 20:20).

 

 

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