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Rafael Rossi

Rafael Rossi

Al día, de acuerdo a nuestro tiempo

Hechos diarios desde un punto vista teológico.

La crisis política en Brasil y la Iglesia

Puedo ser interpretado como parcial en mis consideraciones, pero entiendo que en el momento en que estamos vemos que la política brasileña sufre con desajustes, la economía está en decadencia, el desempleo aumenta, las opiniones se polarizan, hay nombramientos dudosos, embate entre el ejecutivo, legislativo y el judicial, trascienden escuchas telefónicas, los informativos tratan todo el tiempo sobre previsiones de más caos o hasta de conclusión del proceso de impedimento en curso contra la presidente de Brasil. Frente a esto, es necesaria una lectura con una mirada reflexiva de la Iglesia bajo la perspectiva de la Biblia.

Hoy, cuando entré en el taxi, rumbo al aeropuerto, el conductor en seguida me preguntó: ¿Qué opina de todo lo que está sucediendo en Brasil? Comencé a hablar y el viaje fue poco para concluir el asunto. Las personas no saben dónde asegurarse. La prensa que da las noticias también está acusada de fabricar informaciones, de ser tendenciosa. Otros afirman categóricamente que estamos ante un golpe. Pero, por otro lado, lo que hoy es golpe para la situación ya fue solución cuando ellos eran la oposición.

La complejidad del momento es muy delicada de tratar. Hay mucha emoción y pasión en derredor de los temas políticos y sociales de Brasil. Esa realidad no era novedad en los tiempos bíblicos. Ocurrieron en el pasado crisis como las que estamos viviendo en los reinos de Israel y Judá, que en verdad eran un solo pueblo, pero que se dividieron al punto de tener cada uno su rey por la crisis que enfrentaron. Aun con dos gobernantes, los problemas no fueron resueltos y cada tentativa de unificar la nación parecía complicar todavía más la situación. El caos acompañó al pueblo por la insistencia en abandonar la voluntad de Dios y seguir sus propias convicciones.

¿Y nosotros, los cristianos?

Que Dios y sus principios están fuera del modo de operar de la política en general, nadie lo duda. Ahora, ¿qué podemos hacer nosotros, los cristianos?

Cuando Jesús mencionó sobre ser la sal de la tierra y la luz del mundo, entiendo que él se refirió a toda y cualquier situación. Los cristianos deben hacer la diferencia donde están y es este el momento que según entiendo la Iglesia necesita hacer la diferencia en la sociedad.

No estoy diciendo que la Iglesia debe tomar partido e involucrarse políticamente en las discusiones, pero hay algunas acciones importantes que incluyen a cada persona para lograr hacer la diferencia y ser lo que Cristo espera que seamos. Dentro de cada esfera de acción, la iglesia debe aprovechar la inestabilidad para ofrecer estabilidad, el camino de la no perspectiva futura para la esperanza es nuestra bandera.

Hay una solución segura cuando se ponen en práctica los principios revelados en la Biblia y eso requiere que, en primer lugar, sean reafirmados los principios de libertad religiosa y de expresión. Los cristianos deben llamar a las personas a promover activamente esos principios de libertad y estar libres para defender la política y también un campo que debe tener espacio para Dios.

Con esto quiero reafirmar la separación entre Estado y religión, donde el Estado permanece neutro y no hostil hacia las religiones, reconociendo que estas contribuyen positivamente en la sociedad, garantizando los términos de la Ley, la libertad religiosa de todos y la protección del acto religioso, dándole espacio para que la iglesia manifieste su punto de vista.

Como ciudadanos, los cristianos no pueden apartarse de las cuestiones que involucran la vida de las personas, pero por otro lado, tampoco deben comprometer la religión o las bases de la fe con causas políticas. Es una relación limitada, pero existente.

Los cristianos deben instar a los gobernantes que estén atentos y proporcionen un ambiente positivo a la vida de las personas. También deben animar a los que supervisan los procesos constitucionales y legislativos para ofrecer protección a las personas y que no se beneficie un grupo en particular en detrimento de otros.

En cada región o situación, existen formas concretas de involucrarse en la defensa de una sociedad más justa y así garantizar que tal defensa sea sensible tanto al contexto como a la situación. Visitar las autoridades políticas y colocar a la Iglesia como colaboradora de proyectos sociales que influenciarán la vida de las personas, que estén dentro de los principios de la Iglesia, también es una causa legítima.

Una sociedad más justa se hace con la participación de todos y la Iglesia Adventista del Séptimo Día entiende su papel en esa construcción proveyendo educación y orientaciones sobre vida saludable y familia que son fundamentales para un país equilibrado y próspero. Esos conceptos deben ser presentados a las personas y aquí está una tarea importante más que depende de cada uno.

Cada cristiano debe orar también por sus gobernantes. En Romanos 13:1, la Biblia dice que ninguna autoridad se establece sin que Dios lo permita. Las crisis son siempre oportunidades de reevaluar los rumbos que están en curso. Por eso, como cristianos, debemos luchar por una sociedad mejor, pero sin el uso de la violencia. ¡Siempre!

La presencia de los cristianos en la construcción de la sociedad debe ser siempre diferente de la perspectiva adoptada. Por ejemplo, en la época de Jesús, también había problemas. La solución está en una naturaleza transformada. “No por las decisiones de los tribunales o los consejos o asambleas legislativas, ni por el patrocinio de los grandes del mundo, ha de establecerse el reino de Cristo, sino por la implantación de la naturaleza de Cristo en la humanidad por medio de la obra del Espíritu Santo. (El deseado de todas las gentes, p. 471).

El consejo bíblico es siempre oportuno: “Creed en el Señor vuestro Dios y estaréis seguros […]” (2 Crónicas 20:20). Solo en el reino eterno y perfecto, preparado para los fieles, todo será justo. La invitación del Señor es para todos.

 

 

 

 

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Comentarios

  • Álvaro Mardones

    Hola:

    Cito los siguientes párrafos del artículo:

    “Con esto quiero reafirmar la separación entre Estado y religión, donde el Estado permanece neutro y no hostil hacia las religiones, reconociendo que estas contribuyen positivamente en la sociedad, garantizando los términos de la Ley, la libertad religiosa de todos y la protección del acto religioso, dándole espacio para que la iglesia manifieste su punto de vista.”
    “Hay una solución segura cuando se ponen en práctica los principios revelados en la Biblia y eso requiere que, en primer lugar, sean reafirmados los principios de libertad religiosa y de expresión. Los cristianos deben llamar a las personas a promover activamente esos principios de libertad y estar libres para defender la política y también un campo que debe tener espacio para Dios.”

    Estos textos claramente mencionan una manifestación política, no partidista, -pero si política en tanto política pública- en materia de libertad religiosa y de expresión. Incluso la Libertad de expresión consiste también en tener una opinión, en consecuencia no veo coherencia entre los textos anteriores y el siguiente párrafo del mismo artículo:

    “No estoy diciendo que la Iglesia debe tomar partido e involucrarse políticamente en las discusiones, pero hay algunas acciones importantes que incluyen a cada persona para lograr hacer la diferencia y ser lo que Cristo espera que seamos.”

    La Iglesia Adventista debe tener una postura política pública clara frente a las crisis sociales, amparada en los sólidos principios bíblicos como faro que iluminen a los miembros de sociedades democráticas en crisis.

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