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Odailson Fonseca

Odailson Fonseca

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Innovación joven bajo una perspectiva inteligente

Secret

Cuánto más busco actualizarme en el océano de la Web más me siento un pez fuera de la red. Acabo de saber que existe un aplicativo tan virtual como sociológicamente discutible. Desde mayo hasta aquí, el WhatsApp, Instagram y SnapChat recibieron otro desafío gigante en el octógono virtual. Quien se hipnotizó en una conversación gratuita, o disfrutó poniendo corazones a la imagen de un amigo, o hasta envió a su grupo fotos que desaparecieron segundos después, ahora ya puede hablar lo que quiera -y de quien quiera- sin ser descubierto.

SECRET es la nueva onda (espero que pasajera) coronando de anonimato a los jóvenes más tímidos en el escenario de las redes sociales. Allí usted escribe, posta figuras, sindicaliza ideas y hace lo que le parece bien, sin que nadie lo controle, ¡en absoluto! ¿Cuál es el problema de eso? Estamos presenciando el tipo más nuevo de amenaza moral: el ciberbulling de emboscada. O sea, muy rápidamente, y a la velocidad de terabytes por segundo, esta aparente nueva tecnología de comunicación se pervirtió en un antro enigmático de agresores morales incapaces de revelar su identidad. Como un bando de chismosos detrás del matorral.

Me gusta y apoyo la información, defiendo las oportunidades de la comunicación y vibro con la vanguardia de la evangelización por medios de masa innovadores, sin embargo, la cuestión aquí es más profunda, revelando peligros abismales de quien flota en Internet más de lo que navega. Ningún joven tiene el derecho de perjudicar la autoestima de nadie. Eso es torpe y vil. Pero, la cobardía de la difamación gana todavía más fuerza bajo la máscara de lo oculto. Es solo apagar la luz en una cena de un comedor universitario y usted presenciará sorpresas reveladoras dentro del ambiente.

La verdad es que nuestra juventud nunca fue tan valorizada por la información y tampoco tan aturdida por tentaciones en su comportamiento. ¿Quiere ver? Escena 1: Un muchacho se encierra en su cuarto para soltarse en chats de conversaciones frívolas con el nickname “Saradón 13”. Escena 2: la adolescente ilusionada envía una foto en bombachita rosa a su enamorado de turno que le juró reserva absoluta. Escena 3: El grupo de “populares” de la escuela virtualiza en la red el armado de un bicho con la cara de la joven nerd. Escena 4: Una fiestita para pocos se desmoraliza con la llegada de incontables no invitados por un post en Face. Escena 5: Adolescente de 13 años se encuentra muerta en la sala de casa después de ahorcarse, por ser víctima de una difamación virtual que pone en dudas su virginidad.

¿Entiende el peligro? Yo mismo inventé las escenas del 1 al 4 del párrafo anterior. Solo que la quinta sucedió días atrás en el Estado de Florida, en Estados Unidos, con la pequeña Rebecca Sidwick, ¡infelizmente! Por lo tanto, nos queda la munición postrera en este campo de batalla digital: concientización, prudencia, acompañamiento y diálogo. Defiendo con “uñas y dientes” la libertad de expresión, pero seré un eterno e impetuoso opositor de la banalización de la moral ajena. El respeto mutuo es la marca del joven cristiano y jamás mejoraremos el mundo desechando el amor al prójimo

#Queda un consejo para mostrarnos que somos por lo que Dios es (sin dejarnos arrastrar por la generalización de esta negligencia. Las personas sienten, sufren y anhelan algo más. A nuestra juventud le compete actuar con valor en las fuertes correntadas de innovación cristiana, participando de una navegación virtual oportuna en un compromiso sin precedentes por la esperanza real.

Y que este gigante del bien se despierte más aun en nuestra generación. ¿Usted viene?

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