Noticias – Adventistas

Karyne Correia

Karyne Correia

Salud Mental

Cuidados para tener una vida mentalmente saludable.

El poder indescriptible de la oración

Haga una búsqueda rápida en Google sobre artículos científicos acerca de la relación entre la espiritualidad y la salud, y encontrará diversos artículos tratando este asunto, tanto en lo que dice con respecto a la salud física como en lo que se refiere a la salud mental. Un estudio brasileño, publicado en el 2003, tuvo como objetivo examinar la influencia del bienestar espiritual en la salud mental de estudiantes universitarios.  De acuerdo con el resultado obtenido por los investigadores, las personas con un bienestar espiritual bajo y moderado presentaron el doble de chances de poseer trastornos psiquiátricos menores.

Los trastornos psiquiátricos menores son una clase de trastornos que afectan la salud mental, en la cual encontramos la depresión, la distimia, la ansiedad generalizada, disturbios de somatización, entre otros.  De acuerdo con los autores del estudio, aunque no sea posible determinar con exactitud la forma en que la espiritualidad interactúa con la salud, otras investigaciones sugieren que la realización de actividades espirituales (como la oración, por ejemplo) está relacionada a emociones positivas (como la esperanza, el perdón, la autoestima y el amor), y estas emociones son importantes para la salud mental, en lo que afirma con respecto a mecanismos psiconeuroinmunológicos y psicofisiológicos.

Yo creo en el poder de la oración

 Tal vez la ciencia nunca logre entender completamente cómo las prácticas espirituales, entre ellas la oración, pueden favorecer la salud mental, además de ofrecer otros beneficios a la calidad de vida. Incluso, creo que hay algo especial en la oración, un poder indescriptible. Creo que hay algo especial reservado a aquel que abre su corazón delante de Dios, y comparte con él  lo que está en lo profundo de su ser.

Tengo muchas razones para esto. Podría pasar horas escribiendo sobre cómo la oración fue esencial para que cosas maravillosas  ocurriesen en mi vida durante los últimos años.

Mi graduación, así como la maestría, fueron respuestas de Dios a la oración. La elección del joven con quien me casaría fue una respuesta divina a una de las oraciones más sinceras que ya hice en mi vida (algo semejante al relato bíblico de Génesis 24). Quedar embarazada fue un milagro en respuesta a muchas horas de rodillas en el suelo (tal como Ana – I Samuel 1:10). Las clínicas en las que trabajé y la resolución de asuntos burocráticos profesionales fueron siempre guiados por respuestas de Dios a mis oraciones.  Hasta el corazón de una persona que chocó nuestro auto fue ablandado por Dios para que accione su seguro a nuestro favor pocas horas después de una oración que hice de madrugada.

Hablar sobre la oración es algo que hace que mis ojos brillen, llenos de lágrimas, pues hace diez años Dios me enseñó a vivir dependiendo de la oración y del poder que él pone a disposición  en mi vida cuando oro. Sí, yo creo en el poder de la oración, y sé cuánto bien me hace, me llena de esperanza, me aparta de toda ansiedad, y me hace vivir mejor.

10 Días de Oración 

En el 2015, durante la jornada de 10 Días de Oración, tuve una experiencia con Dios diferente a las que acostumbro tener cuando oro. Yo estaba arrodillada, orando de madrugada, cuando el Espíritu Santo me dijo lo que debía pedir, en aquella oración; que Dios me diera compasión por una persona específica. No entendí muy bien, pero obedecí e incluí aquel pedido en mi oración. Aquella no era una persona cualquiera. Era alguien con quien yo había tenido problemas en el pasado. En aquella época, los impulsos de mi naturaleza pecaminosa de intentar resolver las cosas a mi propio modo fueron contenidos por la idea de que, en el futuro, las circunstancias cambiarían, y aquella persona habría de pagar naturalmente las consecuencias de sus actos, sin que yo precisara actuar por venganza.

Pasaron varios años y entonces, yo me encontré arrodillada allí, haciéndole a Dios un pedido  que al principio no pude comprender. Cerca de una hora después, recibí una noticia. Aquello que en el pasado yo imaginaba que ocurriría de hecho estaba ocurriendo. Las circunstancias cambiaron, y ahora no era más yo quien sufría, sino ella, que de alguna forma estaba lidiando con las consecuencias que yo había previsto. Entonces, pude entender el por qué de aquella oración. Mi mente, deformada por el pecado,  naturalmente sería impulsada a pensar cosas del tipo “bien hecho”, “la justicia demora, pero no falla”, y en alguna medida aquella noticia me generaría cierto grado de satisfacción. Sin embargo, los sentimientos que experimenté ante aquella noticia fueron pena y gratitud.  Pena por la condición en la que aquel ser humano se encontraba. Gratitud a Dios porque, en su infinita misericordia, preparó mi mente para lidiar  con aquella situación de una forma verdaderamente cristiana.

Muchas veces hablamos de la oración como si fuese algo unilateral, un momento en el que nosotros hablamos y Dios escucha. Pero he aprendido que la oración es un momento en el que necesitamos no solo hablar, sino también hacer silencio para escuchar a Dios. Mientras oramos, Dios trabaja en nuestra mente, transforma nuestro corazón, nos da no solo salud mental, sino salud total, inclusive espiritual. Estamos delante de una nueva jornada de 10 Días de Oración. Para cada uno de esos 10 días, existen propósitos específicos de oración sobre los cuales Dios desea realizar grandes cosas en su vida. Lo invito a participar de las bendiciones que están reservadas a los que  se unan en oración durante esos días.

Para concluir, existen dos versículos bíblicos que han inspirado mi vida de oración en los últimos años. Quiero compartirlos con usted, para que también lo inspiren, y que se aplican tanto a su salud  como a su alma. “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4). “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30:21).

Noticias Relacionadas


Comentarios

WordPress Image Lightbox Plugin