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Jorge Rampogna

Jorge Rampogna

Biblia360

“Pensando la vida desde el punto de vista de Aquel que todo lo ve”

“Yo tengo un sueño”

Martin Luther King Jr. pronuncia su discurso (Foto: Julian Wasser/Time Life Pictures/Getty Images)

“Yo tengo un sueño.” Este fue el título de uno de los discursos más famosos del siglo XX.  Lo pronunció Martin Luther King Jr., que el 28 de agosto de 1963, desde las escalinatas del Monumento a Lincoln en Washington, en los Estados Unidos, habló durante la Marcha por el trabajo y la libertad. El mayor sueño que tenía Martin L. King era el de ver un futuro en el cual la gente de tez negra y blanca pudiesen convivir armoniosamente y como iguales. Elocuentemente, este líder y activista por los derechos y la igualdad de los negros repitió en este discurso: “Yo tengo un sueño.”

Hace algunas semanas, el 28 de agosto de 2016, se cumplieron 53 años de ese discurso memorable, y me puse a pensar sobre este asunto.

¿Cómo un hombre con una visión, con un sueño, pudo motivar el cambio a una generación? ¿Qué tiene que ver esto conmigo? ¿Qué tiene que ver con nuestra generación?

Repito: esto me hizo pensar. Pensé en otro líder, un líder mucho mayor que Martin Luther King Jr., y mayor que cualquier otro gobernante de este mundo. Alguien que también tuvo “un sueño”. Sí, estoy hablando de Jesús, el gran líder, maestro y salvador del mundo. Él tuvo un sueño.

Hablando de este sueño a sus discípulos, en Juan capítulo 14, versículos 1 y hasta el 3, él dijo que su gran anhelo es que los seres humanos volvamos a casa. ¡Recuerda! “El vino a buscar y salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10), porque él no quiere “que nadie se pierda, sino que todos se arrepientan” (2 Pedro 3:9), y acepten el regalo de la vida eterna.

Repito: el gran sueño de Dios es que toda la humanidad pueda disfrutar del nuevo hogar en una Tierra Nueva que él mismo está preparando para nosotros.

Ahora bien, todos aquellos que quieran recibir el sueño de Dios en sus vidas deben aceptar primero la salvación. Eso es lo que dice Juan 3:16: “Dios envío a su hijo… para que el cree… tenga vida eterna”. El plan de Dios, sólo se hará realidad cuando todos tengan la oportunidad de decidir de qué lado estarán. Vida eterna o muerte eterna.

Jesús nos desafió a ser parte de su gran sueño de la comunicación de la salvación a todo cuando dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. (Mateo 28:19-20) Es así, tú y yo somos parte fundamental para cumplir el sueño de Jesús, de llevar de nuevo a casa a sus hijos. A nosotros, a ti a mí, Dios nos dio el privilegio de anunciar las buenas nuevas del sueño de eternidad.

El apóstol Pablo hace una pregunta retórica: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14). La respuesta es simple: tú y yo.

En resumen, el primer y gran sueño de Dios para nosotros es la eternidad. Ahora bien, dentro de ese gran sueño, él quiere que seamos parte de la terminación de la obra de comunicación del evangelio. Él quiere que todos sepan que deben estar listos para ir a casa. Porque Jesús sólo volverá cuando haya sido “…predicado este evangelio del reino a todo el mundo y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

Ahora honestamente hablando, a veces pienso que estamos lejos de cumplir esos sueños de Dios. Pienso que no estamos preparados para cumplir los desafíos de Dios. Siento que primero necesitamos levantarnos de nuestro “sueño”, (aquí hablo de sueño de cansancio, adormecimiento) – El libro de romanos dice: “… ya es hora de levantarnos del sueño porque nuestra salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos” (Rom.13:11). No podemos hablar, comunicar y despertar a un mundo al sueño de Dios si nosotros estamos dormidos.

Hay una cita poderosa de la escritora Elena de White que dice: “Tenemos un llamamiento que es tanto más elevado que los intereses comunes y egoístas, cuanto más altos son los cielos que la tierra… ¡Cuán magnífico sería si no hubiera ociosos entre todos los que se dedican a llevar a cabo el maravilloso plan de Dios para la salvación de las almas! Cuánto más se realizaría si cada uno dijera: “Soy responsable delante de Dios de estar bien despierto y de dejar que mis esfuerzos hablen en favor de la verdad que profeso creer. Debo ser un obrero práctico y no uno que sueña despierto” (Medical Ministry, páginas 292, 293 [1904]).

Lamentablemente, cada vez es más fácil ver “zombis” espirituales sin propósito dentro de la iglesia. Personas sin una pasión, una visión o un sueño para sus vidas. Personas que perdieron de vista sus sueños y los de Dios. Es como que nuestra sociedad nos invade. Somos cada vez más individualistas y más reticentes a esforzarnos. Nos cuesta luchar y sufrir por nuestros sueños. Parece que la sociedad contagia y nos volvimos cristianos apáticos, cansados, distraídos e inconstantes.

Sin embargo, el sueño, LOS SUEÑOS de Dios, siguen vigentes. Él está llamando a los soñadores y apasionados que atrevan a salir de la comodidad y digan: “Yo serviré” al Señor (Josué 25:14). Él está llamando valientes que trabajen duro, sin medir el esfuerzo, para cumplir y vivir los sueños divinos. En esta época, más que en ningún otro momento del mundo, tenemos herramientas maravillosas y oportunidades únicas para cumplir los propósitos de Dios. Sólo falta decidirnos y hacer lo que tenemos que hacer, porque los sueños de Dios siempre son mayores que los sueños de cualquier ser humano.

Volviendo a Martin Luther King Jr., él tuvo un sueño, trabajó, lucho y murió por ese sueño y así marcó una diferencia en la sociedad américa y en el mundo. ¿Y tú? ¿Tienes un sueño también? ¿Tu sueño está aliñado con los sueños de Dios?

Yo tengo un sueño, y es que el sueño de Dios se cumpla en breve.

Quiero ir a casa. Quiero contarle al mundo que mi Jesús pronto me vendrá a buscar. Yo tengo un sueño, quiero darle un abrazo a mi Salvador.

Repito la pregunta: ¿Y tú?

¿Qué estás, perdón, qué estamos haciendo para que el sueño de Dios se cumpla? Piensa en esto.

 

Jorge  Rampogna

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