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Fabiana Bertotti

Fabiana Bertotti

En la Vida Práctica

Periodista y escritora, quién escribe en este espacio sobre el comportamiento humano.

Vida con expectativa

Mientras escucho en la radio del auto sobre el aumento de la expectativa de vida de la población mundial, pienso en cómo sería una vida de expectativa real. Es que el tiempo se escapa de nuestras manos mientras nuestra mente se distrae con tantas atenciones. Hubo un tiempo en que el propio tiempo valía menos, pues no eran tantas las implicaciones. Hoy, cuando vale más, parece que le damos menos valor, aunque el discurso sea lo contrario.

No es una reflexión boba, no es una comprobación. Hablo por mí. Cuando miro mi agenda llena de compromisos, sin ningún día libre para simplemente vivir, me siento esclava de un sistema que me impone un ritmo, que de hecho, no es el que quiero seguir. Y después de todo, ¿qué es vivir? ¿Trabajar y estar conectado? Esta es una discusión más amplia, y todavía la haré aquí, pero quería que usted considerara hoy una cosa más simple.

Hace algunos años estuve en Malawi y desde entonces estoy reflexionando con esta cosa del tiempo, del valor del tiempo, del tiempo de valor. Allá las personas viven menos, debido al SIDA y la pobreza la expectativa de vida gira en torno a los 40 años. Prácticamente la mitad de lo que se vive en Brasil. El trabajo está destinado al alimento de hoy, o como máximo, al de mañana. Los planes no existen, pues nadie está seguro de su sobrevivencia. Es todo muy a la espera de las circunstancias, a lo raso, en la superficie. El tiempo es algo que se aprovecha ahora, en el momento, sin grandes expectativas. Parece hasta triste, pero no es exactamente así cuando usted está allá y se depara con sonrisas, con gente que le da atención con danzas y cantos alegres y los colores de la naturaleza exuberante. Esas personas disfrutan su familia, porque mañana pueden no tenerla más. De ahí cruzo el océano y llego a un país supuestamente rico, donde se vive más y no faltan los recursos. Donde el SIDA no es un fantasma que asombra y las vacunas controlan buena parte de los males sociales, y ¡qué diferencia veo!

No es un elogio a nuestra sociedad, es justamente lo opuesto. Nos transformamos en meros consumidores de todo lo que tiene alguna etiqueta famosa y cara; vivimos en un mundito virtual donde lo que importa es el perfil perfecto que se trata de mostrar y no la realidad y profundidad de las relaciones reales y tangibles. Niños y niñas que crecen en shoppings y frente a las pantallas, hombres y mujeres que se aíslan y suplen necesidades emocionales despejando en el Facebook lo que una buena conversación podría resolver.

Y sigo escuchando las noticias de la expectativa de vida, pensando en Malawi y en su vida sin expectativa. Igual a la nuestra aquí. Vivimos más en cantidad de años, pero si usted sumara todo lo que vive de real, ¿será que sería más que el pueblo de Malawi? Creo que no.

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