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Emanuele Salles

Emanuele Salles

Imagen & semejanza

Belleza y vestimenta analizados según los critérios de la Santa Biblia en un lenguaje más informal.

¿Cristiano de apariencia o esencia? Los dos, por favor.

Crear el blog Bonita Adventista trajo a mi vida mucha emoción. Trabajar con el público femenino es divertido y un tanto cómico, ya que todas las lectoras desean, de una forma o de otra, decir lo que piensan. ¿Ya oyó por ahí que a la mujer le gusta hablar? Pues es así, a ellas también les gusta señalar. Los temas generan debates tan interesantes que atraen hasta a los hombres, que a su vez también tienen mucho que decir.

Cuando el asunto es la apariencia física y la conducta cristiana, me siento feliz al ver que mucha gente está dispuesta a cambiar hasta incluso de vestimenta por amor a Dios. Pero no todos consideran eso necesario. En medio de tantas demostraciones de pensamientos, algunos argumentos me llaman la atención: “Hasta parece que Dios se repara en lo que visto. Tiene tantas cosas más importantes en el mundo para preocuparse”, dicen algunos lectores. “De qué sirve vestirse igual a una santita y tener el corazón todo errado?, cuestionan algunas jóvenes. “Lo importante es tener el carácter cirstiano. Lo que yo visto no cambia mi fe ni quien soy”, comentan otros participantes.

¿Sabe lo que es interesante? Todas esas afirmaciones tienen un poco de verdad, pero su esencia es engañosa, pues no debemos dar a Dios lo “menos peor” (si puedo decir así). Él quiere de nosotros una posición bien definida. O usted es caliente o frío. No existe témino medio. Realmente no sirve de nada tener uma apariencia cristiana y por dentro estar lejos de Dios. Una cosa es cierta: es necesario un cambio completo, interno y externo. Las ropas no definen a la persona, pero revelan mucho de su alma. Es fácil practicar la hipocresía, pero es imposible ser puro por dentro y no transmitir esa condición por fuera.

A las personas les gusta publicar en las redes sociales y gritar al mundo que no no les importa lo que otros piensan sobre ellos. Muchos dicen que la apariencia no importa, mucho menos en el universo religioso, pues en definitiva, la Biblia dice que “el hombre ve la apariencia, pero el Señor ve el corazón” (1 Samuel 16:7). Entonces, ¿será que a él no le importa la apariencia y solo ve el interior? Espere… hay algo escrito antes de eso que le dá más sentido al pensamiento: “No mires su parecer, ni su gran estatura”. El mensaje de este texto es que no se puede menospreciar a alguien debido a su apariencia. Dios había pedido que Samuel buscara un nuevo rey para Israel, pero en la búsqueda no juzgara a nadie por su exterior. ¿Recuerdan quién fue elegido? David, el pastor de ovejas, el más joven de los hermanos. Si usted todavía cree que Dios ve solo el corazón, y nunca la apariencia, vea lo que dice: “Apartaos de toda especie de mal” (1ª Tesalonisenses 5:22).

Cierta vez, Márcio, un corintiano (equipo de fútbol brasileño) combinó de mirar con sus amigos un juego decisivo contra Palmeiras (equipo rival). El grupo se reunió en el patio mientras esperaba el comienzo del partido. Todos estaban entusiasmados hasta que Márcio llegó y los dejó asustados. Se había puesto una ropa verde y blanca. Sus amigos quedaron afectados. Ese era un momento importante para ellos, debían mostrar de todas las formas posibles de qué lado estaban. Márcio parecia un palmeirense, no un corintiano. Viendo la indignación de sus amigos, les dijo:
—Calma, amigos. Estos colores no cambian lo que siento por nuestro equipo.
—Marcio, un verdadero hincha jamás acepta parecerse, ni siguiera un poco, a su rival.

La imagen es muy importante cuando somos parte de un grupo especial. Como cristianos, somos tentados a parecernos con el equipo adversario, muchas veces creyendo que esa semejanza no afecta nuestra relación con el Padre ni nuestro ejemplo ante el mundo. Vista la camiseta de su equipo. Esto puede ser más literal de lo que usted imagina. Y no se engañe creyendo que Dios hace una selección de lo que es más importante a fin de no perder tiempo con cosas superluas. Para quien es omniciente y omnipotente no existe ese tipo de distinción. No diga: “Hasta parece que Dios se repara en lo que visto, tiene tantas cosas más importantes en el mundo para resolver”. TODO lo que es parte de la vida humana afecta el plan de la redención, por eso él considera de extremo valor dirigir su atención a cada detalle relacionado con nosotros.
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