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Emanuele Salles

Emanuele Salles

Imagen & semejanza

Belleza y vestimenta analizados según los critérios de la Santa Biblia en un lenguaje más informal.

¿Bonito o feo? Su preferencia depende de su experiencia

Foto: Shutterstock

Si esta expresión le hace recordar un dicho popular con esencia poética, sepa que fue promovida por la ciencia a una realidad. Una encuesta realizada por las universidades Harvard y Wellesley analizó las preferencias de 35 mil personas y llegó a la conclusión que cada persona tiene un “tipo”. El estudio, que fue publicado en la revista Current Biology, reveló en lenguaje popular que la belleza realmente depende de quien mira.

Los investigadores comprobaron que la atracción física y la opinión sobre lo que es bonito o feo pueden estar más relacionadas con las experiencias de vida de cada persona que con genes o cualquier otra cosa. El estudio sugirió que hay algunos aspectos universales, como la simetría del rostro, que la mayoría de las personas encuentra atrayente. Pero esas preferencias estéticas representan apenas cerca de 50% de nuestra atracción por un rostro humano. La otra mitad varía para cada persona.

En un mundo que impone patrones, saber que no hay reglas estéticas que definan una persona como admirable o no, marca toda la diferencia. Al final, las preferencias de cada persona están basadas, en gran parte, en sus experiencias personales —como por ejemplo, su relación con las personas que fueron parte de su vida. Los científicos explican que el bagaje de vivencias de cada persona es tan sutil que no está relacionada solo con la elección de dónde ella estudió o factores socioeconómicos. “Ellas [las experiencias] son mucho más individuales, incluyendo nuestras experiencias únicas, altamente personales con amigos o colegas”, considera Laura Germine, una de las investigadoras.

Al saber eso, automáticamente deducimos que la preferencia de hermanos — que vivieron en la misma casa, frecuentaron los mismos lugares y se relacionaron con personas en común— debe ser semejante. Pero los científicos discrepan. Ellos observaron que las preferencias eran bien específicas para cada persona. O sea, el hecho de haber crecido en la misma familia y en circunstancias bien parecidas no es decisivo. “Lo que compone las preferencias de cada uno son sus experiencias individuales —con la familia, sí, pero también con amigos, vecinos, medios de comunicación y consigo mismo. En este aspecto, las música que usted escucha y los libros que lee son mucho más importantes para su gusto que la casa en la cual crece”, fue la conclusión.

La admiración está relacionada con las experiencias de cada uno. No hay regla ni patrón. Esto explica por qué mi idea de lo que es bonito o interesante es diferente de la suya. Elena de White nos lleva a reflexionar que “cada ser humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador: la individualidad […]. Cada cual tiene una individualidad separada y diferente de todas las demás. […] Nadie puede sumergir su individualidad en la de otro. […] Es el plan de Dios que haya unidad en la diversidad. Nadie puede ser criterio para otro” (Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 438). Somos diferentes, pensamos diferente y vemos el mundo y las personas de forma diferente. No busque encuadrarse en el patrón de alguien. Esta tentativa puede doler. Usted nunca va a tener unanimidad en las opiniones; siempre unos van a amarlo y otros van a odiarlo… y por los mismos motivos.

Que su espejo sea únicamente Dios, que estima su individualidad y que lo motiva a ser la mejor versión de sí mismo y no una copia de otros.

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