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Prejuicio contra personas con VIH debe ser vencido, dice médica

En una entrevista, la doctora Marina Malacarne resalta la necesidad de combatir el prejuicio.

1 de marzo de 2018

Por Vanessa Arba

El VIH infecta las células de defensa humana, oprimiendo el combate del organismo a infecciones (Foto: Shutterstock).

Para la concientización y el combate de todo tipo de preconcepto, la ONU estableció la fecha del 1 de marzo como el Día Mundial de Cero Discriminación. Tiene como premisas el respeto a la diversidad y a la defensa de los derechos humanos, el marco objetiva una sociedad guiada por la tolerancia, la compasión y la paz.

De manera específica, la UNAIDS (programa de las Naciones Unidas para combatir el VIH y el SIDA) usa la fecha para hacer campañas de desmitificación y concientización al respecto del síndrome que, desde que fue descubierto, carga con un fuerte estigma.

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Apoyados en el principio bíblico del amor y el respeto al prójimo, los adventistas del séptimo día también están comprometidos con la causa. Conforme a lo enunciado oficialmente por la Iglesia, “La respuesta cristiana al SIDA ha de ser personal, compasiva, servicial y redentora. Así como Jesús se preocupaba por los enfermos de lepra —la enfermedad contagiosa más temida en sus días— en la actualidad sus seguidores han de preocuparse por quienes padecen el SIDA” (Declaraciones, Orientaciones y otros documentos, pág. 100).

Es cierto que mucho del preconcepto se debe a la falta de conocimiento sobre la enfermedad y sus formas de contagio. Para contribuir en ese sentido, la Agencia Adventista Sudamericana de Noticias (ASN) conversó con la médica infectóloga Marina Malacarne sobre el asunto. A continuación, la entrevista.

¿Qué es el virus VIH y cómo es su acción en el organismo?

El VIH es un retrovirus que infecta a los seres humanos (únicos vectores y huéspedes), por eso se llama Virus de la Inmunodeficiencia Humana. Infecta a los linfocitos, que son nuestras células de defensa, más específicamente a los linfocitos TCD4. Es considerado un parásito de esas células por cambiar su material genético. A partir del momento en que hace el cambio, infecta al cuerpo de una manera irreversible. Esto evoluciona con una caída importante de las defensas y la reducción de la inmunidad, lo que oprime el combate de las infecciones que serían fácilmente extintas en circunstancias normales de inmunidad.

Usted afirmó que la infección es irreversible. ¿Eso significa que no hay cura?

No hay cura. Tenemos medicamentos antiretrovirales que combaten la multiplicación viral en el organismo. Hoy hay “drogas” muy eficaces, que pueden incluso hacer que el virus sea indetectable, es decir, que no circulará en la sangre. Pero que nuestro cuerpo posee “santuarios de VIH”; lugares donde puede quedar adormecido, por ejemplo: el sistema nervioso central y la Placa de Peyer (conglomerado de células de defensa del intestino). La medicación impide que el virus allí incubado se replique, pero no significa que la persona esté curada.

¿Ser portador del VIH es lo mismo que tener SIDA?

No. Son dos cosas distintas. El SIDA es un síndrome (conjunto de señales y síntomas que caracterizan una enfermedad). Para diagnosticar una persona con SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), es necesario que, primero, ella sea infectada por el VIH, después, tener una cantidad importantísima de los linfocitos T CD4. En un ser humano con el sistema inmunológico normal, el CD4 gira en torno a los 800 a 1200; para constatar el SIDA, esos niveles tienen que estar por debajo de los 200. Con esa caída, comienzan a aparecer enfermedades oportunistas, y son ellas las que caracterizan al síndrome.

¿Todavía se usa la nomenclatura “sidoso”?

No. Cayó por tierra por ser una nomenclatura estigmatizante. Al inicio, el SIDA fue una enfermedad muy difícil. Hasta hoy las personas sufren más con el diagnóstico que con la propia enfermedad. Hoy, el término mundialmente adoptado es “persona que vive con VIH”.

¿A qué se refiere la nomenclatura “seropositivos”?

Se refiere a la persona que tiene una serología (examen) positiva para el VIH, pero no necesariamente tiene SIDA.

¿Puede el VIH, por sí solo, causar otras enfermedades que no sean el SIDA?

Sí. Algunas enfermedades son atribuidas a la propia infección por el virus, como la insuficiencia renal, inmunosenescencia (envejecimiento más veloz) y alteraciones en los niveles de consciencia y cognición. Y hay una fase antes del SIDA (cuando el CD4 está entre los 350 y 200) en la que la persona no tiene enfermedades oportunistas, pero comienza a presentar infecciones repetidas, por ejemplo, en vez de tener una neumonía por año, lo que es “normal”, ella tiene tres.

¿Cómo identificar la infección por el VIH?

El SIDA tiene tres fases. Existe el VIH agudo, que es cuando el paciente tiene el primer contacto con el virus. En muchas personas esto puede pasar desapercibido, como un dolor en el cuerpo, fiebre, y ser confundido con una gripe. Esta fase puede durar de uno a tres meses. Después de esta etapa, viene el estado de latencia, que es un periodo en que no hay ningún tipo de síntoma, o solo es posible detectar el virus a través de exámenes clínicos. Es un periodo muy variable, comúnmente alrededor de cinco a siete años, pero puede durar más o menos. Y la última fase es el SIDA propiamente dicho, en que el paciente comienza a presentar señales del síndrome, y retornar a sus niveles normales de inmunidad es muy difícil.

¿Qué debe hacer una persona que sospecha de la infección por el VIH?

Primeramente, debe buscar un servicio de la Dirección de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual, (DSyETS). Hoy en día, casi todas las ciudades disponen de esos centros de orientación que hacen la prueba de detección. Si da positiva, se hace un nuevo test con una metodología más avanzada. Ese segundo examen es necesario porque en la medicina existen los “falsos positivos”; los exámenes tienen un margen de error mínimo, pero que necesitan ser confirmados por otra metodología. Si una persona que no es profesional hace un examen por cuenta propia, con tests de farmacia, puede tener una interpretación equivocada y un susto innecesario. Además de eso, si la infección se confirma, la persona puede esconder el hecho cuando, en realidad, debería ser orientada y acompañada en el tratamiento. Entonces, el consejo de los infectólogos, es que la persona busque un centro de referencia.

Para una persona que vive con VIH, ¿es posible llevar una vida normal?

Mientras que la persona tome los medicamentos regularmente y, desde el punto de vista infeccioso, esté todo controlado, puede tener una vida normal. Pero es importante que no abandone el tratamiento. La medicación para el VIH es como para cualquier otra enfermedad crónica, es decir, el seropositivo tendrá que tomarla por el resto de su vida.

Considerando mitos y verdades, ¿cuáles son las formas de transmisión del VIH?

Se transmite por la relación sexual, también de madre a hijo y por el uso de agujas compartidas, como ser las jeringas y drogas inyectables (cuando hay contacto con la sangre del infectado).

Muchas personas temen que el beso pueda transmitir el virus; eso es muy raro y solo ocurre si ambas personas tuvieran lesiones en la boca y haya intercambio de sangre, pero jamás se da por el simple contacto con la saliva.

En salones de belleza, aconsejamos que la persona use sus propios ítems para evitar no solo el VIH, sino diversos tipos de problemas, como hongos y hepatitis.

Hace muchos años, muchas personas fueron infectadas por el VIH por transfusión sanguínea; hoy hay un control riguroso y esta dejó de ser una preocupación.

También es común decir que el compartir utensilios domésticos (como vasos, jabones, toallas, inodoro, etc.) transmiten el virus, y eso no es verdad. Usar la misma piscina también es una posibilidad descartada.

¿Usted cree que el preconcepto en torno al SIDA tiene base?

¡De ningún modo! Fue debido a la forma como el VIH surgió (en grupos de riesgo) que fue muy estigmatizado. Hoy sabemos que no existen grupos, sino comportamientos de riesgo, como una vida de promiscuidad y uso de drogas inyectables. ¡Estoy en contra de ese preconcepto! Creo que necesitamos de campañas para cambiar la visión de la sociedad en relación al seropositivo, y también informar sobre las formas de transmisión. También creo que las familias deben estar preparadas para lidiar y apoyar el tratamiento. Por último, es necesario solucionar la falta de profesionales capacitados para dar apoyo a pacientes con VIH, así como también es necesario dar la debida importancia a ese profesional.

Marina da Rós Malacarne es médica infectóloga. (Foto: archivo personal)

Sobre comportamientos de riesgo, la Iglesia Adventista aclara:

“Durante muchos años hemos luchado contra el tráfico y el consumo de drogas, y lo seguimos haciendo. Apoyamos una educación sexual que incluya el concepto de que la sexualidad humana es un don de Dios. La Biblia circunscribe claramente las relaciones sexuales al vínculo matrimonial monógamo y proscribe las relaciones sexuales promiscuas, limitando así el consecuente incremento de la exposición al VIH” (Ibíd.).

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