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Cinco oportunidades para distribuir libros por el mundo

Solo los libros misioneros, por ejemplo, suman cuarenta millones de ejemplares distribuidos por adventistas todos los años en el planeta. Vea las posibilidades futuras.

Por Felipe Lemos 26 de abril de 2019

Desde el siglo XIX, la Iglesia Adventista ha utilizado la literatura para llevar mensajes de esperanza a lugares que muchas veces son inaccesibles para los ministros (Foto: Ministerio de Publicaciones).

La obra de distribuir libros en el mundo por medio de los colportores adventistas involucra a 45 mil personas en todo el planeta. De ellos, 20 mil son estudiantes y 25 mil son regulares. Los títulos entregados por ellos están disponibles en 345 idiomas diferentes. Aunque las publicaciones adventistas comenzaron en 1849, el primer colportor inició su ministerio en 1881.

El líder mundial de Publicaciones de la Iglesia Adventista, el pastor brasileño Almir Marroni, informa que, en los últimos cinco años, doscientas mil personas fueron bautizadas por algún tipo de influencia de libros. Según él, la distribución de libros fuera de Sudamérica es un desafío. Conversamos con Marroni y con el director asociado del departamento, Vilmar Hirle, durante el II Concilio Sudamericano de Publicaciones de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en América del Surpara entender cuáles son las cinco principales oportunidades para la entrega de literatura alrededor del globo.

  1. Imprimir libros en más idiomas

Hay muchos libros en las áreas de salud, educación y religión distribuidos por adventistas. Pero todavía existe la posibilidad de aumentar el tiraje en un número mayor de idiomas. Se estima que el 50% de la población mundial todavía no tiene un libro de la Iglesia Adventista en su idioma. Hirle comenta, por ejemplo, que la Iglesia en India imprime en 16 idiomas y que eso cubre solo una parte del país. Por allí el número de dialectos llega a mil.

  1. Estructurar una cadena más de distribución

Existe una excelente posibilidad abierta para crear canales de distribución más efectivos en varios países. La idea es establecer formas innovadoras y creativas para llegar hasta las personas que necesitan leer sobre el mensaje contenido en alguna de las publicaciones. En Portugal, por ejemplo, los adventistas (que son cerca de diez mil) distribuyen por año 250 mil libros. En países como Rumania y Ucrania, en gran parte de las congregaciones adventistas, hay un fuerte compromiso para distribuir libros.

  1. Enfrentar con creatividad la competencia con tantas publicaciones y otras plataformas

El libro impreso distribuido por los adventistas compite hoy con la facilidad de publicación de libros en general. Hoy, con pocos recursos, las personas logran hacer un libro y venderlo rápidamente. Además, está el desafío de hacer frente a los libros digitales y las publicaciones online, medios en constante crecimiento.

  1. Llevar los libros a países y regiones con restricciones

Aunque existen países con fuertes restricciones a abordajes por parte de los cristianos, los libros con mensajes religiosos pueden llegar a esos reductos cerrados. En algunos países, como China, pueden hasta circular, siempre que tengan un sello de autorización del gobierno local. Se calcula que en ese país ya están circulando alrededor de cuatrocientos mil ejemplares del libro misionero en el idioma local.

  1. Formar líderes para que sigan con la visión de libros que edifican vidas.

Líderes como Marroni e Hirle son un ejemplo de esto. Hirle, con 64 años de edad y 39 de colportaje, por ejemplo, comenzó esa actividad en el año 1977 para pagar sus estudios. De otra manera hubiera tenido que abandonar el segundo año de la facultad de Teología.  Contrariado, resolvió experimentar la actividad en Goiania, capital de Goiás. Hizo un pacto con Dios para llevar el mensaje a personas de esa forma y en un año llegó a ser líder. Poco tiempo después, llamó a otro joven para formar parte de su equipo de colportores. Hirle quería jóvenes de pocos recursos financieros.

El elegido no era necesariamente algún pobre sino alguien muy dispuesto a servir. Se trataba de Almir Marroni, quien en su primera experiencia como colportor no tuvo resultados hasta la mitad del día. Después de una oración en un terreno baldío comenzó una nueva realidad. Hoy los dos son líderes que crearon una “escuela” de colportaje misionero para motivar a otros.

 

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